Bueno, para aclarar: estoy educándoles en casa, pero no por algunas razones que
quizás pienses. Así que lo diré de esta
forma: éstas no son las razones por las que estoy haciendo educación en
casa:
Mito #1: No me gustan los profesores en general, o no creo que ellos estén capacitados para enseñar correctamente.
Verdad: Pasé por la escuela pública y tuve muchos buenos profesores e incluso algunos buenísimos (otros fueron malísimos y se notaba que no les gustaba su trabajo, pero fueron la minoría en mi experiencia personal). Y, de hecho, ¡la mayoría de los miembros de mi familia extendida y muchos de mis amigos son profesores! Tengo mucho respeto por ellos y siento que su trabajo y esfuerzo no se valora como se debería, ya que yo no puedo imaginarme tener la responsabilidad de enseñarles a apenas 10 niños durante una media hora, ¡así que admiro mucho que puedan enseñarles a clases enormes por horas!
Mito #2: Yo odiaba la escuela.
Verdad: En realidad, me gustó y disfruté de la escuela la mayoría del tiempo. Siempre me ha encantado leer y aprender, disfrutaba al hablar con muchos de mis profesores, y tuve varias buenas amistades en la escuela (aunque por lo general no se nos permitía hablar en clase, jugábamos a básquetbol y hacíamos otras actividades juntos después de clase, y así socializábamos y desarrollábamos más las amistades). Pero, por un par de años en los que estuvimos con transiciones familiares, mi madre nos educó a mis hermanos y a mí en casa. Y a pesar de que me haya gustado la escuela pública, debo admitir que esos años de educación en casa fueron mis años favoritos de la escuela. La cercanía que tuvimos como familia era genial y me encantó sentirme entendida por mi profesora (jejeje).
Mito #3: Queremos apartar a nuestra familia del resto del mundo y proteger a nuestros niños de la realidad que nos rodea.
Verdad: Nosotros estamos (y seguiremos) exponiendo a nuestros hijos a los problemas y las bendiciones de la sociedad al llevarlos con nosotros a diferentes lugares, señalándoles cosas que vemos, explicando lo que se pueda a un nivel que puedan entender, dejando que hagan preguntas... Ellos también son parte de la sociedad y nuestro deseo es que quieran ser personas que animen a los demás y ayuden a lograr cambios donde se necesiten. Además, al no estar en una escuela tradicional, nuestros hijos realmente tendrán más oportunidades de conocer a personas de diferentes edades, estatus sociales, nacionalidades, etc., al andar con nosotros fuera de la casa durante la semana y así podrán socializar con mucha más gente y ampliar su visión del mundo. Somos conscientes de que depende de nosotros crear oportunidades para que ellos pasen tiempo con otros niños de su edad y desarrollen amistades, y debemos hacer que sea una prioridad. Pero entre primos, otras familias de la iglesia, vecinos, jugar en los parques con otros niños, y buscar clases y actividades extracurriculares en las que estén interesados nuestros hijos, la socialización viene naturalmente.
Mito #4: Yo me considero una súper-mamá y una gran profesora, ¡así que por supuesto que educo en casa!
Verdad: Lucho a diario con esto de tratar de mantener la casa más o menos bajo control, criar a los niños, preparar y asegurar que hagan sus estudios, y todo lo demás que debo hacer... Estoy constantemente dudando de mí misma, si estoy haciendo las cosas bien, muchas veces frustrada y decepcionada cuando sé que no he hecho lo que debí haber hecho, y muy emocionada (a veces precipitadamente) cuando las cosas parecen estar funcionando bien. Pero mi realidad es diferente a la de muchas otras mamás: puedo estar en casa todo el día y tengo un marido que me apoya muchísimo que no sólo quiere estar involucrado y ayudando en todo lo que pueda, sino que también su horario de trabajo le permite la flexibilidad de ayudarme aveces en horarios cuando sé que muchos otros maridos no podrían por sus trabajos. Además, como matrimonio cada vez que lo vemos necesario volvemos a analizar las estrategias de enseñanza para nuestros hijos y nuestra visión de crianza en general, lo que realmente me ayuda a eliminar el estrés y volver a centrarme en lo que es realmente importante (¡y no perder la cabeza!). Sería muy difícil para mí, por no decir imposible, tomar una responsabilidad tan enorme como la educación en casa sin el apoyo de mi esposo y nuestra relación de trabajo en equipo en lo que tiene que ver con nuestros hijos y la vida en general.
Por el otro lado, sí estoy haciendo educación en casa porque:
Mito #1: No me gustan los profesores en general, o no creo que ellos estén capacitados para enseñar correctamente.
Verdad: Pasé por la escuela pública y tuve muchos buenos profesores e incluso algunos buenísimos (otros fueron malísimos y se notaba que no les gustaba su trabajo, pero fueron la minoría en mi experiencia personal). Y, de hecho, ¡la mayoría de los miembros de mi familia extendida y muchos de mis amigos son profesores! Tengo mucho respeto por ellos y siento que su trabajo y esfuerzo no se valora como se debería, ya que yo no puedo imaginarme tener la responsabilidad de enseñarles a apenas 10 niños durante una media hora, ¡así que admiro mucho que puedan enseñarles a clases enormes por horas!
Mito #2: Yo odiaba la escuela.
Verdad: En realidad, me gustó y disfruté de la escuela la mayoría del tiempo. Siempre me ha encantado leer y aprender, disfrutaba al hablar con muchos de mis profesores, y tuve varias buenas amistades en la escuela (aunque por lo general no se nos permitía hablar en clase, jugábamos a básquetbol y hacíamos otras actividades juntos después de clase, y así socializábamos y desarrollábamos más las amistades). Pero, por un par de años en los que estuvimos con transiciones familiares, mi madre nos educó a mis hermanos y a mí en casa. Y a pesar de que me haya gustado la escuela pública, debo admitir que esos años de educación en casa fueron mis años favoritos de la escuela. La cercanía que tuvimos como familia era genial y me encantó sentirme entendida por mi profesora (jejeje).
Mito #3: Queremos apartar a nuestra familia del resto del mundo y proteger a nuestros niños de la realidad que nos rodea.
Verdad: Nosotros estamos (y seguiremos) exponiendo a nuestros hijos a los problemas y las bendiciones de la sociedad al llevarlos con nosotros a diferentes lugares, señalándoles cosas que vemos, explicando lo que se pueda a un nivel que puedan entender, dejando que hagan preguntas... Ellos también son parte de la sociedad y nuestro deseo es que quieran ser personas que animen a los demás y ayuden a lograr cambios donde se necesiten. Además, al no estar en una escuela tradicional, nuestros hijos realmente tendrán más oportunidades de conocer a personas de diferentes edades, estatus sociales, nacionalidades, etc., al andar con nosotros fuera de la casa durante la semana y así podrán socializar con mucha más gente y ampliar su visión del mundo. Somos conscientes de que depende de nosotros crear oportunidades para que ellos pasen tiempo con otros niños de su edad y desarrollen amistades, y debemos hacer que sea una prioridad. Pero entre primos, otras familias de la iglesia, vecinos, jugar en los parques con otros niños, y buscar clases y actividades extracurriculares en las que estén interesados nuestros hijos, la socialización viene naturalmente.
Mito #4: Yo me considero una súper-mamá y una gran profesora, ¡así que por supuesto que educo en casa!
Verdad: Lucho a diario con esto de tratar de mantener la casa más o menos bajo control, criar a los niños, preparar y asegurar que hagan sus estudios, y todo lo demás que debo hacer... Estoy constantemente dudando de mí misma, si estoy haciendo las cosas bien, muchas veces frustrada y decepcionada cuando sé que no he hecho lo que debí haber hecho, y muy emocionada (a veces precipitadamente) cuando las cosas parecen estar funcionando bien. Pero mi realidad es diferente a la de muchas otras mamás: puedo estar en casa todo el día y tengo un marido que me apoya muchísimo que no sólo quiere estar involucrado y ayudando en todo lo que pueda, sino que también su horario de trabajo le permite la flexibilidad de ayudarme aveces en horarios cuando sé que muchos otros maridos no podrían por sus trabajos. Además, como matrimonio cada vez que lo vemos necesario volvemos a analizar las estrategias de enseñanza para nuestros hijos y nuestra visión de crianza en general, lo que realmente me ayuda a eliminar el estrés y volver a centrarme en lo que es realmente importante (¡y no perder la cabeza!). Sería muy difícil para mí, por no decir imposible, tomar una responsabilidad tan enorme como la educación en casa sin el apoyo de mi esposo y nuestra relación de trabajo en equipo en lo que tiene que ver con nuestros hijos y la vida en general.
Por el otro lado, sí estoy haciendo educación en casa porque:
- A diferencia de mi experiencia personal, mi esposo odiaba la escuela, para él era como una cárcel. Estoy segura de que eso se debe en parte al sistema educacional aquí en Chile (más horas en la escuela que donde yo estudié, clases y materias muy estáticas...) y en parte se debe a su estilo de aprendizaje: él tiene la necesidad de aprender cosas haciéndolas y viendo el valor práctico que tienen, no sólo que le digan cómo se hace y que tiene que memorizar fórmulas. Por esto, como pareja creemos que la educación en casa es la mejor opción para los estilos de aprendizaje de nuestros hijos, al menos por ahora: nuestro hijo mayor aprende de forma cinética como su padre y definitivamente retiene mejor la información con actividades prácticas y atención personalizada, y por ahora sus hermanas pequeñas están aprendiendo muy bien de esa forma también.
- Permite que nuestros hijos pasen más tiempo con su papá. Como mi marido tiene trabajo ministerial la mayoría de las tardes-noches y los fines de semana, si los niños estuvieran en una escuela pública casi nunca lo verían.
- Nos permite enfocarnos bien en aprendizaje bilingüe y multicultural y al mismo tiempo tener la flexibilidad y libertad de visitar diferentes lugares como familia en cualquier momento del día, de la semana o del año, lo cual sería muy difícil de hacer a este nivel si los niños tuviesen el horario escolar tradicional de aquí.
- Finalmente, como matrimonio consideramos que es nuestra responsabilidad educar a nuestros hijos, no necesariamente en las asignaturas escolares, pero definitivamente en la formación del carácter. Ellos necesitan que estemos animándolos constantemente por sus comportamientos positivos y corrigiendo su desobediencia, y nuestro deseo es continuar enseñándoles sobre el amor y la verdad de Dios, no sólo a través de palabras ocasionales o con un libro en la mano, sino también prácticamente a través de experiencias de la vida y las situaciones cotidianas. Teniendo en cuenta las horas al día que estarían en una escuela tradicional, luego actividades después de la escuela y para finalizar más tarea en casa, creemos que no quedaría mucho tiempo de calidad ni energía para cultivar esas áreas más profundas de la vida de nuestros hijos y realmente abordar sus preguntas, luchas y percepciones de forma diaria.
Soy más que sólo una mamá que educa en casa. No quiero que me pongan automáticamente en una categoría o me simplifiquen por eso. Y tampoco quiero que otros piensen que me considero superior o que voy a menospreciar a aquellas que no escogen educar en casa o que realmente no pueden hacerlo por razones de trabajo. Pero en este punto de la vida éste es mi trabajo principal y toma la mayor parte de mi tiempo y energía, por lo que obviamente pienso mucho acerca de la educación en casa y me gusta compartir sobre eso, igual que muchos otros comparten sobre los altibajos de sus trabajos más “normales” también.
Pero más que todo eso, soy muy bendecida de que esta opción sea legal y posible para nosotros como familia aquí en Chile. Estoy muy agradecida por la oportunidad y el privilegio de pasar todo el día con mis hijos y ser su profesora principal (aunque aveces sea muy agotador física-, mental- y emocionalmente), ¡y al mismo tiempo yo misma estoy aprendiendo y siendo transformada a través de esta experiencia también!