¿Alguna vez le has
dicho a alguien: “Tenemos que hacer algo juntos pronto”, o: “Hablemos de nuevo
la semana que viene”, y luego no hiciste el esfuerzo? ¿O algo como: “Ahora sí
que me voy a poner en forma”, o: “Voy a dejar de comerme las uñas (u otro
hábito nervioso)”, y después no pasó nada?
O: “Lo siento mucho, eso nunca volverá a ocurrir” y “Te prometo que voy
a hacerlo mejor la próxima vez”, pero luego igual volvió a pasar o no lo
hiciste mejor. O, lo peor: “Te amo
tanto”, sin hacer ninguna demostración posterior de amor real, aparte de esas
palabras.
Todo lo anterior es tan fácil de decir. La lista de frases parecidas podría continuar eternamente. La verdad es que no hay nada de malo en decir ninguna de esas frases específicas, pero todos sabemos que las palabras a veces pueden ser tan baratas, hasta llegar a no tener valor alguno. Lo creas o no, no estoy escribiendo esto porque me siento frustrada con otras personas que no cumplen con lo que dicen que van a hacer. No, esto es un auto-análisis total: yo misma he dicho muchas de las frases de arriba y luego no hice nada al respecto. Y las sigo diciendo. Y al final, eso hace que esas declaraciones o promesas sean tan insignificantes como “bla bla bla”.
Sí, sé que nadie es perfecto, y que aveces podemos tener muy buenas intenciones pero que por alguna razón súper legítima no podamos cumplir con lo dicho. Pero, al menos en mi caso, la mayoría de las veces es simplemente mucho más fácil decir que hacer. Es fácil tener la respuesta “correcta”, es fácil saber intelectualmente y emocionalmente lo que debo hacer, pero después no hacerlo. Pueden haber muchos motivos: pereza, egoísmo, orgullo, falsa humildad, prioridades equivocadas, incapacidad de decir ‘no’....
Pero el tema es muy simple: está mal decir que haré algo que no pienso ni debo hacer y está mal no cumplir con las cosas que digo que haré y que debería hacer. En ambos casos es ser hipócrita y engañosa.
¿Por qué menciono todo esto ahora? ¡Porque la semana que viene celebramos la Navidad! Y la realidad es que la primera Navidad representa todo lo opuesto a las palabras baratas. Dios dijo que amaba a las personas y que no quería que murieran separados de Él, ¡así que Él hizo algo al respecto! No se limitó a simplemente decir: “Qué terrible que tengan que pasar por dolor y luchas diarias”. Dios realmente se convirtió en un bebé humano, nació en medio del dolor y la pobreza, creció con luchas, amó a personas que lo odiaban y lo traicionaron, murió con muchísimo sufrimiento y dolor. Les dijo a sus seguidores que se sirvieran los unos a los otros, así que se puso de rodillas y les lavó los pies como lo haría un esclavo. Él les dijo que la verdadera demostración del amor es entregar la vida por los amigos, así que murió por ellos. Jesús habló con claridad, porque ES muy importante contar la verdad. Pero Él también vivió según esa verdad que contó verbalmente. Él practicó lo que predicó. No hubo engaño ni hipocresía en Jesús.
Así que, ésta es la verdad: yo sí necesito ponerme en forma. Y probablemente no debería decir tan a menudo cosas como: “Juntémonos pronto!” porque la realidad es que ahora mismo no tengo mucho tiempo libre, y eso está bien . Y sí necesito aprender de los errores del pasado y no seguir tropezándome con las mismas piedras. Y sí necesito crecer MUCHO en amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Y sobre todo tengo que dejar de solamente decir y empezar a hacer.
No puedo hacer este cambio de palabras baratas a acciones por mi propia cuenta. Pero, afortunadamente, ese Bebé que nació hace más de 2000 años no se quedó en el pesebre para siempre. Él creció en sabiduría, siempre dijo la verdad y actuó según ella, ¡y él vivió, murió y resucitó por medio el poder del Espíritu de Dios! Y lo más increíble es que este Jesús que siempre contó y vivió la verdad les prometió ese mismo Espíritu de poder a todos aquellos que creen en Él. Así que no, no puedo hacer estos cambios por mi cuenta. ¡Pero sí que puedo a través del poder del Espíritu de Dios mismo!
Por lo tanto, ¡a por el 2014, un nuevo año para decir y hacer! ¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos!
Todo lo anterior es tan fácil de decir. La lista de frases parecidas podría continuar eternamente. La verdad es que no hay nada de malo en decir ninguna de esas frases específicas, pero todos sabemos que las palabras a veces pueden ser tan baratas, hasta llegar a no tener valor alguno. Lo creas o no, no estoy escribiendo esto porque me siento frustrada con otras personas que no cumplen con lo que dicen que van a hacer. No, esto es un auto-análisis total: yo misma he dicho muchas de las frases de arriba y luego no hice nada al respecto. Y las sigo diciendo. Y al final, eso hace que esas declaraciones o promesas sean tan insignificantes como “bla bla bla”.
Sí, sé que nadie es perfecto, y que aveces podemos tener muy buenas intenciones pero que por alguna razón súper legítima no podamos cumplir con lo dicho. Pero, al menos en mi caso, la mayoría de las veces es simplemente mucho más fácil decir que hacer. Es fácil tener la respuesta “correcta”, es fácil saber intelectualmente y emocionalmente lo que debo hacer, pero después no hacerlo. Pueden haber muchos motivos: pereza, egoísmo, orgullo, falsa humildad, prioridades equivocadas, incapacidad de decir ‘no’....
Pero el tema es muy simple: está mal decir que haré algo que no pienso ni debo hacer y está mal no cumplir con las cosas que digo que haré y que debería hacer. En ambos casos es ser hipócrita y engañosa.
¿Por qué menciono todo esto ahora? ¡Porque la semana que viene celebramos la Navidad! Y la realidad es que la primera Navidad representa todo lo opuesto a las palabras baratas. Dios dijo que amaba a las personas y que no quería que murieran separados de Él, ¡así que Él hizo algo al respecto! No se limitó a simplemente decir: “Qué terrible que tengan que pasar por dolor y luchas diarias”. Dios realmente se convirtió en un bebé humano, nació en medio del dolor y la pobreza, creció con luchas, amó a personas que lo odiaban y lo traicionaron, murió con muchísimo sufrimiento y dolor. Les dijo a sus seguidores que se sirvieran los unos a los otros, así que se puso de rodillas y les lavó los pies como lo haría un esclavo. Él les dijo que la verdadera demostración del amor es entregar la vida por los amigos, así que murió por ellos. Jesús habló con claridad, porque ES muy importante contar la verdad. Pero Él también vivió según esa verdad que contó verbalmente. Él practicó lo que predicó. No hubo engaño ni hipocresía en Jesús.
Así que, ésta es la verdad: yo sí necesito ponerme en forma. Y probablemente no debería decir tan a menudo cosas como: “Juntémonos pronto!” porque la realidad es que ahora mismo no tengo mucho tiempo libre, y eso está bien . Y sí necesito aprender de los errores del pasado y no seguir tropezándome con las mismas piedras. Y sí necesito crecer MUCHO en amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Y sobre todo tengo que dejar de solamente decir y empezar a hacer.
No puedo hacer este cambio de palabras baratas a acciones por mi propia cuenta. Pero, afortunadamente, ese Bebé que nació hace más de 2000 años no se quedó en el pesebre para siempre. Él creció en sabiduría, siempre dijo la verdad y actuó según ella, ¡y él vivió, murió y resucitó por medio el poder del Espíritu de Dios! Y lo más increíble es que este Jesús que siempre contó y vivió la verdad les prometió ese mismo Espíritu de poder a todos aquellos que creen en Él. Así que no, no puedo hacer estos cambios por mi cuenta. ¡Pero sí que puedo a través del poder del Espíritu de Dios mismo!
Por lo tanto, ¡a por el 2014, un nuevo año para decir y hacer! ¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos!