Enero 23, 2013
¡Hoy mi bebé
cumple dos meses! Como pasa el
tiempo… Esa madrugada, llegamos al
hospital y apenas 50 minutos después de ingresar, ¡nació mi hija! ¡Es que no
podía contener sus ganas de conocer el mundo! :-)
Dos meses tiene
ya mi tercera pequeña, y tanto ha pasado en estas semanas…
Este día también
marca otra cosa: el primer día completo que no amamanto a mi hija. Puede
que pienses: “¿¿Qué?? ¿Dejar de amamantar tan rápido? ¡Qué egoísta!”
Bueno, lo diré de
otra forma entonces: en las últimas 24 horas no le he permitido a mi bebé que se
frustrara intentando sacar nutrientes de mi cuerpo ya que en la última semana
no he producido suficiente para saciarla ni en una de sus múltiples tomas
diarias. Para los matemáticos:
cantidades de leche materna decrecientes durante 6 semanas + necesidades
crecientes de mi hija = Situación No Muy Buena.
Sí, he estado
comiendo bien y tomando mucha agua.
Sí, he probado
varios métodos que se sugieren para incrementar la producción de leche
materna.
No, no soy de las
mujeres que por razones genéticas simplemente no pueden producir, ya que ninguno
de mis dos hijos mayores probó fórmula hasta los seis meses, e incluso los seguí
amamantando por varios meses después de eso.
Por ende, en esta
ocasión mi frustración y desilusión es considerable. Soy gran partidaria de la lactancia materna
como forma de crear ese lazo especial y de fortalecer el sistema inmunológico
del bebé.
Entonces, ¿qué pasó?
Bueno, cuando mi
hija tenía apenas diez días, sus niveles de bilirrubina eran altos así que la
tuvimos que ingresar de nuevo en el hospital, pasando 24 horas bajo las luces
azules y otras 12 en observación para asegurarse de que los niveles no
volvieran a subir. Mejoró rápidamente y
durante su estancia pude ir cada 4 horas a darle pecho. Pero, ella estaba tan agotada por el
tratamiento que cada vez que iba no terminaba de comer bien, quedándose
profundamente dormida. No quise sacarme
la leche que sobraba ya que tenía la esperanza de que en la siguiente toma comería
mucho más. No quería que se acostumbrara
a tomar leche en biberón, para que después no le causara un rechazo al
amamantar.
Sin embargo,
cuando ya tenía a mi pequeña de regreso en casa y con niveles de hambre
normales, no pude seguir el ritmo de sus necesidades aunque estaba dándole a
demanda. Las tres semanas siguientes
tuvo citas con la pediatra, pero cada vez estaba por debajo de donde tenía que
estar con su peso. Por ser invierno y
con todos los resfríos y la gripe, era más preocupante su bajo peso. Por tanto, la pediatra dijo que tenía que
empezar a complementar su alimentación con fórmula. Yo estaba muy pero que muy desilusionada.
Bueno, hace un
mes, mi bebé se tomó tan rápida y desesperadamente ese primer biberón que
empecé a llorar. No podía creer que mi
pequeña había tenido tanta hambre, la pobrecita. Por unos días requería un biberón diario,
pero poco a poco en el transcurso del pasado mes, esa cantidad ha ido
incrementando a la medida que mi leche materna se ha ido cortando. Y en esta última semana, me hacía ilusiones
de que seguía recibiendo algo de mí, pero sé que ya no. Así que hoy día, terminamos con esa etapa
hermosa pero demasiado corta.
Algunas
lecciones de estos dos meses:
·
Fue revelador ver a tantos adultos y niños con enfermedades crónicas cuando
llevamos a la pequeña a Urgencias, familias que frecuentemente tienen que
quedarse en el hospital a veces por semanas.
Es fácil dar por hecho la buena salud que suele tener mi familia. A veces incluso me quejo del nivel de energía
de mis hijos, y sin embargo hay niños en otros lados que no tendrían fuerzas
para correr aunque quisieran…
·
Me doy cuenta de que es muy fácil juzgar, incluso sin conocer el por qué de
las decisiones de esas otras madres, por ejemplo en temas de alimentación de
sus hijos, disciplina, educación, etc. Y por supuesto que eso se aplica a otras
situaciones generales de la vida que no tengan que ver específicamente con ser
madre. Creo que “sé” el por qué, pero si
no he tomado el tiempo de realmente escuchar y entender su situación, es muy
posible que me equivoque gravemente.
Seguramente la mayoría sólo intenta hacer lo mejor que puede con la
información, los recursos, la energía y la salud que tiene. Me da vergüenza haber juzgado tan rápidamente
a tantos sin conocer ni la mitad de lo que están viviendo esas personas ni las
circunstancias que las llevaron (o incluso obligaron) a tomar tales decisiones.
·
Al principio, me daba vergüenza decirle a la gente que había empezado a
darle fórmula a mi pequeña, ya que había estado tan orgullosa de cómo pude
alimentar a mis dos hijos mayores. ¡Como
si el mérito fuera mío! Dios ha diseñado el cuerpo de las madres
de una forma tan increíble, y ahí estaba yo indirectamente aplaudiéndome a mí
misma por algo que es un regalo inmerecido. Lógicamente, como amamantar era una fuente de
orgullo personal para mí, cuando esta vez no resultó de la misma forma me
sentía como un fracaso. Pero ahora,
mirándolo como un regalo divino, Dios lo da en algunos casos y en otros no, por
razones que sólo Él entenderá completamente.
Y tengo paz en eso.
·
Por un tiempo, quise seguir luchando contra el hecho de que la lactancia
materna no estaba dando resultados esta vez.
Pero lo que realmente necesitaba hacer era estar agradecida por las
semanas que sí se pudo y también dar gracias porque mi bebé se adaptó sin
problemas a la fórmula. Sé que ese
cambio es difícil para muchos pequeños así que es una bendición que haya dado
tan buenos resultados con mi hija.
·
Y por último, ¡la verdad es que ha sido muy bueno dejar a otros (como mi
marido y mis padres) involucrarse en la alimentación de la pequeña! Pueden participar con frecuencia en algo que yo
viví sola cuando mis dos hijos mayores tenían pocos meses. Poder
compartir esta alegría ha sido un regalo para todos. :-)
Siento la
libertad de compartir estoy hoy porque ya no siento la vergüenza que tuve hace
unas semanas por no poder amamantar bien.
Y no sólo me siento libre porque “es normal que cosas así le pasen a
algunas mujeres”, aunque sí que me alivia saber que no soy la única y que mi
bebé seguirá recibiendo lo que necesita en la fórmula.
Pero la razón principal
por la que siento esa libertad es porque, tanto si había algo más que podría
haber hecho para que hoy siguiese amamantando como si no, no soy una madre
perfecta. Incluso algunos días, con las
decisiones que tomo o las cosas que digo, ni soy una buena madre. Pero lo que sí tengo es un Padre bueno y
perfecto. Y gracias a Él, mi identidad no
depende de mis logros como madre (¡menos mal!); antes que nada, mi identidad se
cimienta en el hecho de que soy hija de Dios. Y mi esperanza es que mi bebé (y sus hermanos
mayores) diga algún día: “¡Dios es tan maravilloso! ¡Y sé que mi Mamá ama mucho
a Dios porque Él la quiere a ella aún más!”
Seguramente había
más que quería escribir hoy, pero tengo en frente la distracción de una pequeña
risueña con dos meses recién cumplidos, la cual quiere “hablar” con su Mami y
seguramente me informará de que está lista para su biberón, así que debería
irme ya. :-)