“Mamá, tu cara
parece la del Faraón cuando dice: ‘¡hagan volver a mis esclavos!’” me dijo mi
hijo de casi 5 años hace unas semanas a la hora de acostarse. Qué golpe más duro.
En mi defensa,
había sido un día bastante difícil: A mi bebé le estaban saliendo los primeros
dientes y estaba quisquillosa, los dos mayores habían estado castigados en sus
habitaciones no se cuántas veces por portarse mal, tratarse mal el uno al otro,
no hacerme caso, etc., y además yo tenía miles de cosas que debía haber hecho
ese día que no pude hacer debido al mal comportamiento de mis hijos. Total, que había sido un día frustrante,
agotador y decepcionante. Así que,
cuando ya era hora de acostarse y mi hijo me estaba desobedeciendo por enésima
vez, en mi defensa… no tengo defensa.
Quizás sea entendible que al final de ese día tuviera yo una cara de
enfado ‘como el faraón’ al ver otra falta de obediencia, pero entendible no es
igual a excusable.
Yo soy la
Mamá. Y aunque aveces no me siento
capaz, sí puedo controlar mis expresiones faciales, tono de voz y
palabras. Muchas veces es dificilísimo
hacerlo, pero eso no significa que sea imposible.
Por eso, en vez
de poner excusas en ese momento, le admití a mi hijo, “Hijito, no está bien que
Mamá te haya mirado así con una cara de enfadada. Lo siento muchísimo. Aunque
estabas desobedeciéndome, yo tengo que poner un buen ejemplo, hablándote de
buena forma y dándote consecuencias sin enfadarme hasta ese punto. ¿Sabes por qué Mamá y Papá te damos
consecuencias cuando desobedeces?”
“Porque me amáis
mucho.”
“Sí, Hijo, te
amamos muchísimo y queremos que puedas divertirte y aprender, y por eso prestar
atención y obedecer son cosas muy importantes y te ayudan a crecer bien. Pero Mamá necesita obedecerle a Dios también,
y Dios dice que las mamás y los papás necesitan ser pacientes y no severos, y
necesitamos daros consecuencias de formas buenas. Aveces tenemos que hablaros de manera seria y
firme para que entendáis que algo es muy importante, pero siempre debemos
hacerlo mostrándoos amor. Y aún cuando
desobedeces, seguimos queriéndote muchísimo y eso nunca cambiará. Así que, lo siento muchísimo por haber perdido
la paciencia y haberme enfadado tanto contigo que te puse mala cara. No debí haber hecho eso e intentaré ser mejor
ejemplo. ¿Me perdonas?”
“Sí, Mamá,” me
dijo, abrazándome.
Hay tantas cosas
con las que debo tener cuidado como madre:
- Mis expresiones faciales, tono y volumen de voz al corregir o disciplinar a mis hijos,
- Prestarles atención cuando intentan hablarme, lo cual involucra dejar de mirar el ordenado o el móvil, mirarles a los ojos y realmente escuchar,
- No contarles a otras personas sobre mis frustraciones con mis niños cuando estén presentes porque eso es hablar negativamente sobre ellos en lugar de tratar asuntos específicos con ellos,
- No discutir con mi marido delante de nuestros hijos sino que resolver nuestras diferencias cuando estemos a solas, ya que discusiones de los papás delante de los niños crea una confusión de autoridad, inseguridad y un entorno negativo para ellos,
- No intentar distraerles o engañarles a mis niños para que ‘obedezcan’ sino decirles siempre la verdad, explicarles claramente lo que tienen que hacer y cuáles serán las consecuencias reales (buenas y malas),
- No enfocar la mayoría de mi energía en cosas secundarias (que pueden incluir cosas en el ordenador, pasar tiempo con amigas, incluso limpiar la casa o hacer ejercicio…) pero dejar que mis hijos vean que ellos y su papá son mi primera prioridad y enfoque de energía y tiempo,
- Enfocarme en calidad y cantidad: a pesar de que se escucha con frecuencia que tener ‘tiempo de calidad es más importante que la cantidad de tiempo’, la verdad es que es muy difícil fabricar momentos de calidad con los niños a menos que haya una buena cantidad de tiempo también. ¿Cómo sabré lo que es calidad para mi hijo a menos que pase suficiente tiempo con él como para saber qué le gusta y no le gusta, entender sus formas de comunicarse, conocer sus necesidades específicas, establecer una relación de confianza donde él sabe que yo estoy disponible para lo que necesite…? Por el otro lado, es fácil pensar que como paso la mayoría del tiempo con mis hijos los 24h/día, esa cantidad equivale a calidad, y eso tampoco es cierto. Es fácil estar presente pero no estar disponible, oír pero no realmente escuchar, corregir o disciplinar cuando sea necesario pero no tomarse el tiempo de realmente jugar y disfrutar con ellos. Tienen que ser ambas cosas, calidad y cantidad, y los niños se dan cuenta cuando falta uno o el otro.
- Cuando me equivoco, es importante siempre presentar un ejemplo de arrepentimiento al reconocer lo que hice y lo mal que estuvo, pedir perdón y afirmar que me esforzaré por hacerlo mejor la próxima vez. Al mostrar este reconocimiento de culpa y deseo de cambiar, mis hijos lo ven, lo vuelven a comentar incluso días o semanas después, y también quieren imitarlo. Es muy importante que sepan que como su madre no cree ser perfecta, que no pondré excusas cuando me equivoco y que soy responsable por mis acciones y reacciones, igual que ellos.
Mi marido y yo tenemos el gran privilegio de criar
a tres hijos hermosos. Y ser una madre
que se queda en casa es uno de los trabajos con mayor poder de influencia, ya
que mis niños son como esponjas y no se pierden nada. Lo ven todo, escuchan todo, detectan
todo. Saben cuando estoy siendo
hipócrita, cuando ni yo cumplo lo que digo.
Es un trabajo agotador porque es constante, todo el día todos los
días. Pero al mismo tiempo es muy gratificante
y muy transformador. Yo aprendo tanto de
mis hijos como lo que ellos aprenden de mí (¡o quizás más!). Y espero que nunca más me digan que mi cara
se parece a la del faraón (jeje).