Hoy hay
celebración doble: ¡es el cumpleaños de mi marido y nuestro aniversario de
bodas también! Llevamos casados siete
años llenos, memorables, desafiantes, hermosos.
Para algunos, siete años no son nada, mientras que a otros les parece
muchísimo tiempo juntos.
No hay forma de
expresar completamente cuánto hace mi marido por mí, resaltar todas las maneras
que me demuestra su amor, me hace sentirme cuidada y especial. Éstas son sólo algunas de las cosas
que hace:
·
Un par de veces a la semana se levanta con los niños para que yo pueda dormir
hasta tarde;
·
Cocina el almuerzo, normalmente dos días a la semana;
·
Me ayuda a limpiar la casa sin que yo se lo pida, incluyendo limpiar los
baños, fregar los platos, poner ropa a lavar o doblarla…;
·
No me contradice delante de nuestros hijos sino que les dice que tienen que
hacerle caso y obedecer a su mamá (si cree que he hecho algo mal con ellos, procura
señalármelo en privado);
·
Me escucha cuando necesito hablar e intenta entender las cosas que son
importantes para mí o que me molestan;
·
Me anima en las cosas que hago cuando me siento desanimada;
·
Me da buenos consejos cuando ve que estoy agobiada, estresada o insegura
por alguna situación;
·
Se queda con los peques para que yo pueda salir de la casa para ir a
caminar o hacer otra cosa cuando necesito despejarme un poco;
·
Me muestra afecto físico y verbal en el transcurso del día con besos,
abrazos, palabras amables y bromas;
·
Incluso ha empezado a tomar el primer paso a la hora de resolver
diferencias de opinión o discusiones, salvando la distancia entre nosotros al
darme un abrazo y decirme que me ama (este acercamiento va en contra de su
deseo natural de alejarse y darnos espacio a los dos cuando hemos discutido,
pero como sabe que la cercanía es muy importante para mí en esos momentos de
tensión, se está esforzando mucho por ayudarme así).
Sí, ¡definitivamente
es un hombre estupendo! Puede que
algunas estéis pensando: “¡Me gustaría que mi marido/novio hiciera esas cosas
también! No logro hacer que me apoye o muestre amor de esas formas.” Bueno, yo tampoco puedo ‘hacer’ que mi marido
haga esas cosas. No funciona así. He aprendido con los años que cuanto más
intento empujarle a que haga lo que yo quiera, solo logro que se empeore la
situación. Pero al mismo tiempo, he
aprendido otra cosa: Cuando decido respetar a mi marido, aunque no ‘sienta’ que
se lo merezca en ese momento, él me trata con más amor. Estas son algunas de las formas que intento
mostrarle respeto:
- No llamo ni me junto con nadie cuando mi marido y yo tenemos un desacuerdo o una discusión. No meto a otra persona en medio de nuestros asuntos matrimoniales ni descargo me enfado criticándole detrás de su espalda. Resolvemos nuestras cosas como pareja y si decidimos que necesitamos ayuda de alguien, tiene que ser decisión de los dos y en el momento apropiado.
- Me esfuerzo por no interrumpirle ni contradecirle cuando estamos con otra gente. Si creo que se equivocó en lo que dijo o hizo, intento comunicárselo en privado y de forma constructiva, si es que es necesario decirlo.
- He aprendido la importancia de simplemente ‘estar’ con mi marido sin tener que hablar: viendo una película, un concierto o un programa en la tele, saliendo a caminar, estando sentados en un banco del parque… Veo que el mero hecho de estar juntos incluso sin conversar es algo que fortalece nuestra amistad y le da energía positiva a mi marido.
- Intento que mi apariencia física sea atractiva para él: la ropa que llevo, el maquillaje, hacer ejercicio, etc (ha sido difícil ser constante en esta área especialmente ahora con tres peques, pero lo sigo trabajando y él aprecia mucho mi esfuerzo por seguir mejorando en este aspecto.)
- Nunca digo ni insinúo que no está bienvenido en nuestra cama, que debería dormir en el sofá, que no se merece ni se ha ganado el ‘privilegio’ de estar conmigo de forma íntima. No le castigo separándome de él ni tampoco uso la intimidad como recompensa por haberse ‘portado bien’.
- Procuro usar más energía agradeciéndole por todo lo que hace por mí y animándole que señalando las cosas que aún no ha hecho y que le pedí que hiciera. Y cuando sí le tengo que decir que hace falta que haga algo específico, intento que mi tono no suene como que pretendo ser su madre.
- Escucho el consejo que él me da cuando estoy frustrada o desanimada, y le agradezco por siempre querer ayudarme. Y casi siempre me doy cuenta de que lo que me aconsejó hacer realmente fue la mejor opción en esa situación específica.
- Intento apoyarle y animarle en los sueños que tiene para el futuro, tanto de trabajo como de familia como de hobbies.
- Le digo con frecuencia que confío en que él nos cuidará bien a mí y a nuestros hijos y que sé que siempre buscará hacer lo mejor para nuestra familia. Le digo que estoy disponible cuando necesite hablar conmigo sobre alguna idea o decisión que haya que tomar, pero que al fin y al cabo, confío en él.
- Procuro ser rápida en reconocer cuando le he faltado el respeto con mi tono de voz, actitud o palabras, y pedirle perdón incluso si me sentía ‘en mi derecho’ por cómo me estaba tratando. Aunque no me haya gustado lo que dijo o hizo, no ayuda para nada a la situación si mi forma de contestar es faltándole el respeto.
Puede que algunas
piensen: “Pero si yo hiciera esas cosas, ¡él me pisotearía! ¡El respeto sólo se debe dar cuando se ha
ganado!” Pero yo he aprendido que, tal y
como yo necesito amor sin condiciones, solo por quien soy sin tener en cuenta
como desempeñe las cosas día a día, él tiene esta necesidad de ser
respetado. He aprendido que para mi
marido es súper importante que yo le respete por quién es, en lugar de
por lo que hace o no hace. Necesita ser
respetado por sus buenas intenciones hacia mí aún cuando el desempeño de esas
intenciones no llegue a mostrarme amor como yo quiero que me lo muestre. Ver este respeto como una ‘necesidad’ que
tiene mi marido ha cambiado la forma en la que lo trato y ha tenido un efecto
muy positivo en nuestro matrimonio. Al
mostrarle respeto, casi de forma automática él quiere mostrarme amor. (Les desafío a las mujeres a que les
pregunten a sus maridos o novios qué pasaría se les mostraran respeto de las
formas que mencioné arriba.)
Al mismo tiempo,
una de las cosas que más aprecio de mi marido es cuando decide mostrarme amor
incluso cuando le cuesta muchísimo. Ha
habido muchas veces que yo le he faltado el respeto, pero él sin embargo ha
decidido luchar contra su tendencia natural de alejarse de mí en esos momentos
y se acerca en amor en medio del conflicto.
Cuando me muestra amor de esa forma, sin que yo lo merezca en ese
momento, me dan más ganas de mostrarle respeto de las formas que sé que son
importantes para él.
My marido y yo
somos diferentes, los hombres y las mujeres somos diferentes, tenemos
necesidades diferentes, y eso es algo bueno. Es complicado e involucra aprender, fracasar,
intentar de nuevo, pasar por alto las ofensas o molestias pequeñas por el bien
del matrimonio… pero es muy bueno y vale la pena. Vale la pena dejar a un lado mis ‘derechos’ o
preferencias para intentar hacer las cosas de la forma que prefiere mi
marido. Y lo que es más interesante es
que esto es contagioso. Cuando uno de
nosotros decide poner en primer lugar las necesidades o los deseos de la otra
persona, casi siempre termina siendo recíproco.
Al final los dos estamos satisfechos, nos sentimos cuidados y apreciados
(creo que he leído eso en algún libro o algo así… jejeje).
Sin embargo, mi
marido y yo seguimos siendo humanos: nos equivocamos mucho y nos fallamos. Hay veces que nos hacemos mucho daño, no nos
sentimos entendidos, no percibimos ni el amor ni el respeto del otro. Especialmente en esos momentos, el amor y el
perdón de Dios nos dan justo lo que necesitamos. Dios me da la capacidad de seguir respetando
a mi marido cuando no me siento amada por él, y Dios le da a mi marido la
fuerza para seguir amándome cuando se siente que le he faltado gravemente el
respeto. Cristo murió por nuestros
fracasos y por eso nuestro matrimonio no tiene que morir ni quedarse estancado ni
perder su calor y emoción. Y como Dios
es nuestra fuente de fuerza, podemos crecer como pareja, aprender como amar y
respetarnos, y realmente disfrutar cada nuevo año juntos más que el anterior.
Por tanto, ¡te
deseo un muy feliz cumpleaños y feliz 7º aniversario, mi amor! Estar casada contigo es el privilegio más
grande que tengo. He aprendido tanto de
ti y me encanta simplemente estar a tu lado.
¡Gracias por ser mío, gracias por amarme, gracias por cuidarme de tantas
formas diferentes! Gracias por estar
dispuesto a crecer juntos a través de los momentos buenos, malos, difíciles y
divertidos. ¡Eres un hombre maravilloso
y te admiro muchísimo!
Con todo mi amor y respeto,
~tu fan #1
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