Amigas, la transición a la maternidad puede ser muy emocionante y maravillosa, ¡y sin embargo también es compleja! Una de las cosas difíciles como mamá primeriza (o con cada nuevo bebé también) es la forma en la que esta nueva etapa afecta nuestras relaciones con amigas que no son mamás de hijos pequeños. Por lo general estas amigas se alegran mucho con nosotras y les encanta pasar tiempo con nuestros bebés e hijos mayores, pero la verdad es que nuestra relación se ha modificado hasta cierto punto, al menos por un tiempo... Nos gustaría poder conversar bien sobre el tema, sin embargo es un tiempo de tantas emociones como nueva mamá que puede ser muy difícil comunicar claramente lo que sentimos, lo que necesitamos y lo que deseamos.
Por tanto, a veces las mamás decimos cosas que no se entienden realmente de la forma que quisimos. Y otras veces, se entendió exactamente lo que dijimos pero si la otra persona nunca lo ha vivido es difícil que lo crea. Como ejemplo se me ocurrieron doce frases, así que pensé, ¿por qué no tener a una representando a cada mes del primer año después de nacer el bebé? No que estén limitadas al primer año en cuanto a su uso común ni tampoco es que estén en orden o tengan que ser doce necesariamente, pero cualquier oportunidad de practicar nuestro conocimiento del calentario es buena, ¿o no? (¿Se notó mucho que educo a mis hijos en casa? 😉) Entonces, aunque puede que esta lista sea muy generalizada al basarme en mi propia experiencia, aquí tienen algunas frases comunes que decimos las mamás y sus explicaciones más probables, para nuestras amigas:
Enero: "¡Disculpe el desorden!" - Bueno, en realidad limpié y ordené toda la casa (al menos las parte visibles) justo antes de que tú llegaras: esto incluyó quitar todas las marcas pegoteadas de pasta de dientes del lavamanos, pasar un trapo y desinfectar varias manchas de residuos no identificados del piso del baño y sus alrededores, comprobar que había papel de baño y una toalla de mano decente (no había ninguna de las dos cosas así que tuve que ir a buscarlas), mover un montón de papeles y materiales de arte que estaban en la mesa del comedor, doblar y guardar tres canastos de ropa limpia (o quizás simplemente poner los canastos de ropa en mi habitación porque "ojos que no ven, corazón que no siente" ¿verdad?), supervisar a unos loquitos niños-monos mientras guardaban centenares de juguetes y libros, aspirar aproximadamente un millón de migas y otras sustancias relacionadas con la comida esparcidas por el living-comedor, lavar la loza (los dos lavaplatos estaban llenos ¡y eso en menos de 24 horas!)... junto con otras 10 tareas varias que surgieron en el último minuto... ¡Y todo esto lo logré hacer en un total de 30 minutos! (Si tu reacción a esta última parte fue: "Bueno, podrías haber comenzado más temprano con ordenar para no tener que apresurarte tanto y logar hacer más cosas...", voy a suponer que no tienes hijos pequeños porque al menos en mi casa las cosas no se mantienen limpias y organizadas durante más de una hora, ¡excepto cuando los niños están durmiendo!) Por lo tanto, cuando digo: "disculpa el desorden", lo que realmente quiero decir es: "¡Esto es lo mejor que puedo hacer ahora y realmente espero que no te moleste! " Y sí, sé que técnicamente podría dejar mi casa tal cual cuando vengas a visitarme, pero por lo general 1) me daría mucha vergüenza, 2) el espacio para hablar tranquilamente sería limitado y lleno de distracciones, y 3) ¡tener visitas es mi mayor motivación para limpiar! 👍💪 Porque te seré sincera: es difícil estar entusiasmada con limpiar y ordenar cuando sé que todo habrá sido en vano en cuestión de minutos ... (Ahora, en mi defensa, esto no siempre es el caso: a veces mi casa está bastante ordenada y relativamente limpia por períodos más largos de tiempo. Me gusta mantenerla así y los niños realmente disfrutan de ayudarme con eso. Pero hay semanas buenas y semanas no tan buenas en ese sentido, especialmente en los primeros meses con un recién nacido...)
Febrero: "¡No sería una molestia tener la reunión en mi casa!" - Después de ver lo complicado que es ordenar la casa con niños, puede que te preguntes cómo esta declaración podría ser verdad. Bueno, lo es, ¡en serio! En primer lugar, porque como ya dije en el punto anterior, esperar visitas entrega el ánimo necesario para limpiar, lo cual de otro modo parecería ser un gasto de energía. Segundo, porque realmente deseo ser parte de esa reunión, y muchas veces es difícil salir a otra parte con los niños o encontrar a alguien que pueda verlos mientras yo salga. En tercer lugar, porque es bueno para los niños que cambiemos nuestra dinámica normal en casa (a veces incluso son más tranquilos y se llevan mejor cuando tenemos visitas). Y cuarto y último, ¡porque necesito tener una conversación con otros adultos! Da igual si se trata de trabajo o ministerio o una simple junta social, ¡realmente no me importa! Así que por favor no digas: "No la molestemos... Está demasiado ocupada con los niños," sin preguntarme primero, porque es probable que me encantaría estar involucrada. A veces sólo quiero sentarme (o estar de pie con un bebé en brazos) con otros adultos para conversar sobre otra cosa que no sea los buenos modales en la mesa o los superhéroes o los fluidos corporales... Lo cual nos lleva directamente a:
Marzo: "Tener que limpiar _____ [nombre de un líquido corporal] ya ni siquiera me afecta." - ¡Es cierto! Me he vuelto inmune al poder de producir asco de la baba, la leche materna, los mocos, el pipí, la caca, la sangre, los vómitos ... ¡Incluso puedo conversar sobre cualquiera de las sustancias anteriores mientras almuerzo! Así que, si alguna vez he tenido ese tipo de conversación contigo mientras comíamos algo, ¡te pido disculpas de verdad por la falta de decoro! No lo hice a propósito para molestarte ni para mostrar cuán blindado está mi estómago, sino que simplemente es parte de la vida normal para mí ahora y aveces se me olvida cómo era tener límites entre las secreciones corporales y las conversaciones sociales! 😉
Abril: "Gracias, pero aún no me siento como mí misma..." - Ésta ha sido mi respuesta típica a los comentarios post-parto como: "¡Te ves muy bien!" o "¡No se nota que recién tuviste un bebé!" Aprecio realmente los cumplidos y entendiendo de dónde vienen, ya que en los últimos años también les he dicho cosas similares a mis amigas después de que nacieran sus bebés... Y al responder que no me siento muy bien, no estoy fingiendo modestia. Realmente no me siento como yo: estoy tratando con algunas molestias que no esperaba tener (en este post anterior resalto algunas), se siente raro ya no tener un bebé dentro de mí, todavía estoy luchando para perder el peso que subí en el embarazo incluso varios meses (o años) después de dar a luz... Yo sé que estas cosas no son el fin del mundo, sé que tengo que ser paciente conmigo misma, sé que traer un bebé al mundo es algo enorme y que todo no va a volver a su lugar de inmediato, pero aún así es frustrante a veces. Y de vez en cuando, cuando escucho: "¡Pero si te ves bien!", me suena como: "Nadie espera que realmente vuelvas a estar en forma...nunca... ¡No te preocupes!", lo cual me desalienta más de lo que me anima. Y yo sé que no es la intención ni se quiso comunicar de esa forma, solo que estoy filtrando cada comentario (incluso los buenos) a través de mis oídos de mamá cansada, que nos lleva a:
Mayo: "Estoy bastante bien, aunque he estado algo agotada últimamente..." - Al decir "últimamente" me refiero a los últimos 8 años en mi caso... Sí, mis hijos suelen dormir toda la noche (bueno, excepto cuando tienen pesadillas o están enfermos, sonámbulos, con los dientes, con frío, con calor...). Pero, aún cuando duermen bien, no me voy a dormir de inmediato cuando se acuestan, porque ese es el rato cuando mi esposo y yo finalmente podemos tener una conversación real o ver una película o acurrucarnos o cenar algo especial o simplemente revisar correos o las redes sociales en silencio bendito... Y cuando sí nos acostamos, tardo en poder quedarme dormida porque sin querer empiezo a pensar en mi lista de quehaceres para el día siguiente, o me despierto un par de veces en la noche porque uno de los niños tose o habla mientras duerme, o necesito asegurarme de que no estén pasando frío ni calor, o simplemente estoy despierta porque es difícil apagar la mente de mamá... 🤔 Pero es la etapa de la vida en la cual estoy en este momento y está bien. ¡Estoy acostumbrada a esto! Sí, yo era una de esas personas que necesitaba dormir 8 o 9 horas cada noche, pero luego fui mamá y ya no lo necesito. Si, sería excelente poder dormir más, pero no es realista en este momento, y eso está bien. Sé que es difícil de visualizar el dormir sólo 6 horas en total (¡ni siquiera seguidas!) de forma cotidiana y aún poder funcionar en las muchas tareas que hay que realizar durante el día... Pero en serio te digo que hace una década yo era la que decía: "¡¡Yo NUNCA podría funcionar de esa manera!!" cuando veía a mis amigas que eran mamás nuevas. Y sin embargo, ¡aquí estoy! Y aunque sí estoy cansada muchos días, no soy una víctima ni mi intención es de ser negativa al comunicar esto. Así es mi vida en este momento, pero realmente estoy bastante bien la mayor parte del tiempo por lo general. (¡Sólo ignoren mis ojeras y mi ropa puesta al revés!)
Junio: "Lo siento por no estar muy comunicativa últimamente... ¡La vida ha estado un poco loca!" - Sí, realmente así es. No que sea una locura mala, pero locura ocupada, hasta tal punto de no poder visualizar conversar tranquilamente por teléfono. Hablar por mensajes es un poco más fácil en teoría, porque puedo escribir en cualquier momento del día y de a poco ir armando un mensaje cuando pueda. Sin embargo, incluso eso se puede complicar porque 1) aveces estoy demasiado cansada como para escribir algo coherente, y 2) me preocupa que respondas súper rápidamente a mi mensaje haciéndome preguntas o contándome algo al cual debería responder y que después no tenga tiempo de responderte por mucho rato, aunque tú ya veas que me llegó el mensaje y que lo leí, así que puede que pienses que estoy evitando contestarte o algo así... Tal vez no pensarías eso para nada, pero uno de los aspectos negativos de la fatiga perpectua es la hiper-sensibilidad en algunas áreas y la tendencia de asumir cosas... 😒😁 Y, sin embargo:
Julio: "No, ¡no estoy demasiado ocupada como para hablar!" - Probablemente yo no te llame mucho, a menos que sea absolutamente necesario para algo, porque como ya dije parece complicado mantener una conversación en estas condiciones y si nos interrumpen voy a sentir que estoy haciéndote perder el tiempo... Sin embargo, si tú me llamas y contesto y digo que puedo hablar, significa simplemente eso: ¡puedo hablar! Esto no quiere decir que no estoy haciendo nada; de hecho, podría estar cocinando mientras lavo ropa mientras le doy almuerzo al bebé mientras corrijo tareas de escuela mientras detengo una pelea entre hermanos mientras mentalmente añado cosas a la lista de la compra... ¡Pero aún así puedo hablar! Porque aunque antes de ser madre no era buena en absoluto haciendo múltiples cosas al mismo tiempo, ¡ya soy experta! 💪 (Bueno, quizás no "experta" todavía, ¡pero definitivamente he mejorado mucho en mis capacidades "multi-tarea"!) Ahora, si me llamas por teléfono y digo: "No estoy haciendo nada en este momento", probablemente signifique que sólo estoy amamantando al bebé o tratando de responder algunos correos electrónicos, ya que en realidad "no hacer nada" es una imposibilidad física ahora mismo. Sin embargo, si contesto que estoy demasiado ocupada o simplemente no contesto el teléfono cuando llames, no asumas que te estoy ignorando. Lo más probable es que estoy completamente abrumada física-, mental- o emocionalmente y realmente NO PUEDA contestar o formular frases coherentes. (Bueno, también puede ser que si no contesto sea porque mi celular se esté cargando en la otra habitación en modo silencio, ya que si sonara fuerte podría despertar a algún pequeño de su siesta, y en ese caso quizás yo no me di cuenta cuando sonó...)
Agosto: "Me da envidia que puedas hacer eso." - Esto podría aplicarse a cualquier cosa desde: salir en una aventura a alguna parte exótica, tener una cita espontánea con tu pareja, dormir hasta tarde, ir de compras sola, tomarte un baño largo y calentito cuando se te antoje...😩😜 Ahora, al decir que 'tengo envidia' no estoy diciendo: "Ay de mí, la pobre víctima!" Yo sé que elegí esta vida, que esta etapa actual es normal y estoy contenta en ella (¡la mayor parte del tiempo!). No estoy deseando que desaparezcan mis hijos o mis responsabilidades, solo que algunos días me gustaría poder ser espontánea o relajarme en un lugar tranquilo sin escuchar canciones de Disney (¡nunca pensé que diría eso un día!). Sin embargo, en un futuro no muy lejano mis hijos habrán crecido, tendré más libertad de hacer otras cosas y mi casa volverá a ser más tranquila, y en ese día sé que echaré de menos este ruido. Así que estoy tratando de disfrutar esta etapa (como compartí hace un par de años en esta otra entrada). Y espero que tú disfrutes de tu libertad ahora, porque seguramente algún día te tocará también... 😁
Septiembre: "¡Tiempo de chicas! ¡Realmente no tengo preferencia de dónde vayamos!" - ¡Esto es 100% honesto! Oye, si puedo pasar un poco de tiempo contigo, mi amiga, sin los niños y fuera de la casa porque mi marido u otra persona los está cuidando, ¡estaría feliz de ir a cualquier parte! En serio, podríamos sentarnos a hablar en un estacionamiento ¡y aún así sería maravilloso! Porque la definición de entretención y relajación cambian después de tener hijos... 😂
Octubre: "Se hace más fácil cuando se tiene más hijos..." - Sé que no parece tener sentido lógico, especialmente si no tienes hijos o si eres mamá primeriza, ¡pero es verdad! Las transiciones más fáciles para nosotros fueron de dos a tres hijos y de tres a cuatro hijos. Sí, hay nuevos niveles de caos con más niños (por ejemplo, que realmente nunca se termine la ropa sucia y que se necesite tener los ojos independientes de un camaleón en los parques y otros lugares públicos 😉). Pero en otro sentido todo es más manejable: se tienen establecidos algunos sistemas (o quizás se decide que da igual el sistema y simplemente se sigue la corriente) y se ve cómo las cosas que producían inseguridades con el primer bebé terminaron resolviéndose bien, por lo que uno no se asusta tanto con el siguiente bebé... Veámoslo de esta manera: el año #1 de la vida del primer hijo es también el año #1 como mamá. Pero para cuando llegue el segundo hijo (o tercero o cuarto), ya se está en el año #2, #3, #4, etc, de la maternidad, ¡y eso implica tener una cantidad importante de experiencia en su haber (o en su babero, si prefiere, jajaja)! No significa que a partir de entonces todo será fácil y resuelto, pero es mucho menor el temor y el estrés por lo desconocido, ¡y mayor la diversión! Así que, ¡ya sabes! 👶👶👶👶
Noviembre: "Ser mamá es lo mejor!" - A pesar de estar cansada, de tener el cuerpo cambiado y vivir en medio del caos (al menos parcial), ¡ser madre es increíble! ¿Eso quiere decir que creo que las que no son mamás no pueden tener una vida plena? ¡No, claro que no me refiero a eso! Pero siento la necesidad de expresar esta alegría, llena de maravilla y amor, porque de lo contrario me temo que sería posible que vieras sólo la locura, las manchas de leche, las ojeras, la falta de una vida social (que no sea con personitas en miniatura, por supuesto) y concluyas que no vale la pena, que de alguna manera las contras pesan más que los pros. Por eso necesito comunicarte que a pesar de lo que se vea, lo negativo se desvanece en comparación con esta increíble bendición llamada Maternidad. De verdad, honestamente, sinceramente. ¡Al menos así lo cree esta mamá cansada!😴☺️
Diciembre: "Me gustaría que pudiéramos pasar más tiempo juntas!" - Es la verdad... Aunque las semanas o meses o años pasan y parece que no logramos encontrar una forma de pasar tiempo de calidad como amigas como antes, me gustaría que pudiéramos. Pero sé que si nuestra amistad es profunda, vamos a poder tener esos ratos de nuevo en algún punto. Y estoy segura que para entonces apreciaremos más que nunca esos momentos de pasar tiempo juntas, sabiendo ya lo rápido que cambian las etapas de vida. Pero por ahora, aprovecharé las oportunidades de tener una conversación contigo como sea, aunque incluya estar cubierta de baba y rodeadas de ruidos constantes... ¡Porque nuestra amistad significa mucho para mí! Así que, gracias por ser paciente, gracias por querer entender, gracias por ser mi amiga durante este año de transiciones y más allá... ¡Y yo haré lo mismo por ti si en algún momento tú también te encuentras en esta etapa de la vida! ❤️
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Saturday, July 16, 2016
Wednesday, March 11, 2015
10 cosas que nunca me contaron sobre el embarazo, parto y más allá
Advertencia:
Si tienes un estómago sensible o consideras que lo que tiene que ver con
embarazos y partos es demasiada información, mejor que no leas esta entrada. ¡Ya
quedan advertidos!
¡Mi marido y yo
estamos esperando nuestro 4º bebé!
Ahora, para algunos, puede que eso parezca ser una prueba de que los
tres embarazos previos fueron súper fáciles y entretenidos si quiero pasar por todo
eso de nuevo. Y honestamente, en el transcurso de los años, muchas mujeres me han
dicho que “les encantó todo” en cuanto a sus embarazos, tener a un recién
nacido, etc. Quizás sea la verdad en sus casos o quizás dijeran “todo” pero
quisieron decir “casi todo” o quizás tuvieran un poco de amnesia selectiva y se
les había olvidado las partes negativas, lo cual creo que nos pasa a todos en diversas
situaciones. Pero yo por lo menos
admitiré abiertamente que hay cosas del embarazo y posparto que NO son un
camino de rosas, al menos en mi experiencia personal (por cierto, pasar por un
camino de rosas con niños no es siempre un camino de rosas tampoco, jajaja). Entonces, ¿valió la pena pasar por cada
embarazo, parto y más allá? SÍ,
definitivamente, ¡sin ninguna duda! Y estoy
segura de que este 4º embarazo también será así. Igual que muchas otras cosas en la vida, las
experiencias más dulces se suelen apreciar más por el camino duro por el cual
tuvimos que caminar (o arrastrarnos) para llegar a esa meta.
Confesión: el título de esta entrada no es del todo
cierto, ya que estoy segura que sí me habían contado por lo menos varias
de estas cosas con anterioridad, pero honestamente creo que mi mente no las
había aceptado como legítimas así que no estaba preparada para que me afectaran
de la forma que me llegaron a afectar. Así
que, quizás te puedas identificar con alguna de éstas por tu propia experiencia,
o quizás pienses ingenuamente (como yo pensaba antes) que no suceden de verdad,
o quizás simplemente tienes curiosidad… Pero de cualquier forma, sea cual sea
tu situación, ¡espero que por lo menos sea una lectura entretenida! Así que, allá vamos:
- Náuseas Matutinas (o en cualquier momento del día): Claro que había oído hablar de ellas, ¿quién no? Dicen que: “La mitad de las mujeres embarazadas sufren de náuseas durante el primer trimestre de su embarazo.” Pero realmente pensaba que eran algo exagerado o tal vez casi inventado y que con un poco de psicología no me afectarían. ¡Buen chiste! Durante casi el primer trimestre completo de cada embarazo (incluyendo este) me he sentido mal. Ahora, la mayoría del tiempo he podido evitar devolver y he procurado comer lo más equilibrado posible, al saber que el bebé necesita cualquier alimento que sea capaz de tragar. Pero lo único que he querido durante esas primeras semanas de cada embarazo era vivir en un mundo compuesto única y exclusivamente por galletas saladas, una botella de Sprite y una cama. Bueno, y un balde también, por si necesitara devolver… Pero por el lado positivo, las náuseas siempre han sido una buena señal de que todo va bien en el embarazo. :)
- Súper-Olfato: La habilidad asombrosa durante el embarazo de reconocer cualquier olor a una distancia de hasta un kilómetro, aún estando resfriada. Bueno, seguramente no haya prueba científica de que sea tan preciso este talento, pero así me he sentido yo al menos. En cualquier otro momento de la vida podría ser un súper-poder divertido, pero con la situación de nauseas durante el primer trimestre…no tanto. (Historia verídica: la forma que descubrí esta habilidad en mi primer embarazo fue que un día caminando a comprar de repente supe que había un gato cerca porque podía olerlo, y al caminar una cuadra más vi al gato en un árbol sobre mi cabeza. ¡Y esto considerando que yo antes de estar embarazada tenía muy mal sentido de olfato! Súper rara esa sensación.)
- Entuertos (Contracciones Posparto): Claro que esperaba sufrir dolores de parto y estaba preparada para eso (tan preparada como se puede estar, obviamente), ¡pero no tenía idea de que había dolores tipo contracciones que podían seguir por horas e incluso días después de que naciera el bebé! Después de mi primer parto, apenas los noté, pero después del segundo, dije: “Ufff, ¿¿por qué sigo con contracciones súper fuertes??” Y la enfermera me contó que empeoran con cada nacimiento. (Decidí en ese momento que dos hijos eran suficientes, pero después con esa amnesia selectiva… jajaja.) Y aquella enfermera tenía razón: un par de horas después de mi tercer parto, mi reacción fue algo así como: “¡¡¡Ayyyyy, Señor…!!! ¡¡¡Denme algo ahora mismo YA!!!” Y siguió así de fuerte por las siguientes 48 horas, durante las cuales me tuvieron que seguir dando medicamentos para el dolor. Así que, obviamente ya estoy intentando prepararme psicológicamente para lo que se vendrá en 7 meses cuando nazca el 4º. ;)
- Hemorroides: ¿¿¿En serio??? Sí… empujar durante el parto es un trabajo muy, muy duro. Ohhhhhh. Bueno, suficiente información en este punto…
- Intestinos lentíiiiisimos: Después del primer parto, mis interiores tomaron mucho tiempo en volver a situarse y funcionar con normalidad. Así que por unos días todo operaba de forma súuuuuper lenta y generalmente hacía que un largo viaje al baño coincidiera justo con el despertar de un bebé hambriento y muy quisquilloso, el cual gritaba desesperadamente en los brazos de su papá… Lo cual obviamente producía una situación de mucha diversión y una experiencia relajante para todos los involucrados (¡alerta de sarcasmo!). Por el lado positivo, al menos en mi experiencia, con cada parto la recuperación intestinal se ha hecho más rápida, ¡así que hay esperanza!
- Olores corporales posparto: Como expliqué antes, durante el embarazo yo era capaz de oler cualquier cosa a mi alrededor, pero después de tener a mi tercera bebé, ¡era yo quien olía! Y de hecho olía muy, muy mal. Pero no por mucho tiempo, ya que rápidamente me di cuenta (lo del Super-Olfato dura al menos unos meses después de dar a luz también), así que cambié urgentemente de marca de desodorante. En serio, no sé si era por los cambios hormonales o por otra causa, pero yo nunca había olido tan mal en toda mi vida, ni siquiera durante mis años de jugar a baloncesto/básquetbol. Después de resolver el problema me dieron ganas de tirar toda mi ropa a la basura, solo por temor de que el detergente no iba a poder quitar el mal olor (jajaja).
- Nueva Mamá Olvidadiza: Además de tener cerebro de mamá en términos generales, lo cual pareciera ser que nunca desaparece cuando una es madre (por ejemplo: “¿Para qué entré en la cocina? ¿¿Qué quería hacer??”), después de dar a luz tuve otro tipo de olvido por unas semanas. Yo me preguntaba algo como: “¿¿Por qué está llorando así mi bebé??”, pero se me olvidaba tomar en cuenta explicaciones obvias que yo misma les hubiese podido señalar a otras mamás con recién nacidos (ej. tiene cólicos producidos por algo específico que comió la mamá, está incómodo por aún no haber eructado, etc.). Este tipo de olvido lo he visto en muchas otras madres también, incluso algunas que son mujeres profesionales con carreras en la medicina. Supongo que es el Cerebro de Mamá Nueva con Falta de Sueño. Lo cual me lleva al siguiente punto:
- Vuelos nocturnos: Me sorprende muchísimo que una persona que siempre “necesitaba” dormir nueve horas cada noche, pueda llegar al punto de repente de poder funcionar con sólo 2 o 3 o 4 horas dormidas (claro que con siestas cortas cuando se pueda durante el día también), ¡y vivir en esa dinámica por varias semanas o meses! Y después cada nuevo ajuste de horarios (durmiendo 5 horas, 6 horas, hasta las 7 horas seguidas, ¡imagínate eso!), es justo el sueño necesario para seguir adelante en cada etapa. ¡Pienso que es increíble que Dios haya creado nuestros cuerpos para poder adaptarse a ese estado sin dormir y seguir funcionando (bueno, hasta cierto punto)!
- Papá Reluciente: Ya, pasando al lado totalmente positivo de estas “sorpresas”. Siempre he amado muchísimo a mi hombre, pero ¡qué forma de enamorarme aún más al verle tomar en sus brazos por primera vez a cada uno de nuestros recién nacidos, con su cara llena de alegría y amor, y muchas veces de lágrimas! Ver a mi amor ser Papá es una de las cosas más dulces en todo el universo...
- Amor a primera vista: Me parece absolutamente increíble cuánto se puede amar a alguien que acabas de conocer. Sentir las patadas del bebé en mi interior fue una experiencia tan especial, única y maravillosa como me lo había imaginado. Pero realmente NO me imaginé lo increíble y absolutamente impresionante que sería tener en brazos a mi bebé por primera vez. Y en cada parto, ha sido ese mismo nivel de maravilla y asombro. Son momentos que no tienen precio, son absolutamente preciosos, inolvidables e incomparables con ninguna otra sensación en el mundo... E inmediatamente después de cada parto, ¡nos hemos preguntado cómo nuestra familia pudo haberse sentido completa sin la alegría que trae este nuevo regalito de Dios!
Obviamente, esta
lista no es exhaustiva para nada, pero 10 parecía ser un buen número. La única
razón por la cual contiene más puntos negativos que positivos es porque sólo
estoy señalando las cosas que me sorprendieron (¡los sentimientos y recuerdos positivos
que acompañaron el estar embarazada y tener un recién nacido fueron de
esperar!).
Realmente no te
puedes preparar completamente para lo que significa ser Mamá, sino que es un
proceso por el cual vas creciendo y aprendiendo. Algunas amigas me han dicho cosas como:
“Dormir es muy importante para mí, por tanto no podría ser mamá,” o “Realmente
necesito mi espacio, y por eso no quiero tener hijos.” Ese tipo de comentarios
realmente me entristece. Por un lado, les entiendo (obviamente puedo
identificarme con necesitar-querer espacio y poder dormir), pero por el otro
lado lo que ganas al ser mamá en amor, alegría, aprendizaje y crecimiento pesa
infinitamente más que todo lo que puedas estar ‘perdiendo’… No porque siempre
sea entretenido y fácil (muchas veces es justo lo contrario), ¡pero siempre,
siempre vale la pena al 1.000%! Y realmente
se sigue ganando más y más cada día al ver a nuestros peques crecer e interactuar
con el mundo a su alrededor… La
maternidad es una experiencia que en muchas formas no se puede describir bien,
faltan palabras para hacerle justicia…
Así que, ¡¡ánimo a
todas las nuevas mamás y a aquellas que algún día las serán!!
Tuesday, May 27, 2014
presten atención, niños
Computadores/ordenadores,
celulares/móviles, i-pads, tablets, etc.: dispositivos electrónicos que nos
permiten comunicarnos instantáneamente con gente en cualquier parte del mundo,
mientras logramos ignorar o al menos no dar toda nuestra atención genuina a las
personas que están físicamente con nosotros.
Observa que dije “nos permiten”. Es decir, no es que la tecnología nos obligue a ser antisociales o mal educados, pero es muy fácil entregarse y cruzar esa línea. Lo ridículo es que nos quejamos de que nuestros hijos (o los niños en general de hoy en día) no hacen caso, no prestan atención, tal vez tengan con TDAH porque están constantemente distraídos, pero no es que estemos mostrándoles un gran ejemplo sobre el valor de estar presentes en el momento, entregando toda nuestra atención a lo que esté sucediendo a nuestro alrededor y respondiendo enfocadamente en aquellos con los que estemos interactuando en nuestro entorno físico. Hipócritas. O tal vez sea sólo yo la que a veces le da un mal ejemplo de esto a mis hijos.
Hace casi un año, escribí acerca de desconectarme de la tecnología y mi reto fue hacerlo durante un mes completo, lo cual estuvo genial. Pero eso ya pasó y ahora tengo una buena excusa del por qué con frecuencia estoy en esta posición que parece ser hipócrita: soy capaz de leer y mirar cosas en las redes sociales y aún así escuchar lo que mis niños están haciendo y contándome. Bueno, al menos la mayor parte del tiempo logro hacer ambas cosas bien... a menos que me meta mucho en lo que estoy leyendo o viendo. Pero de verdad, incluso cuando logro hacer ambas cosas bien (estar conectada en las redes sociales y prestarle atención a mis hijos), ¿cómo lo sabrán mis hijos? ¿Cómo puedo explicarles que aunque yo a veces les responda mientras reviso cosas en mi computador sin mirarles, cuando llegue el momento y yo les pida a ellos que me respondan sobre algo tienen que dejar de hacer lo que estén haciendo (hablar, ver una película, jugar) y darme toda su atención, mirarme a los ojos para asegurar que estén escuchando y que me entiendan? Eso es un doble estándar enorme.
Una solución sería decir que ellos no tienen que dejar de hacer lo que están haciendo para mirarme y responder. Es decir, yo no lo hago siempre así que, ¿por qué tienen que hacerlo ellos? Pero supongo que eso podría conllevar a una crianza de niños maleducados que no muestran cortesía a sus compañeros en interacciones sociales, y mucho menos respeto por las figuras de autoridad. Y probablemente tampoco ayudaría a aumentar su período de atención, especialmente en cosas que tal vez no parezcan tan emocionantes ni interesantes, pero que son realmente necesarios.
Observa que dije “nos permiten”. Es decir, no es que la tecnología nos obligue a ser antisociales o mal educados, pero es muy fácil entregarse y cruzar esa línea. Lo ridículo es que nos quejamos de que nuestros hijos (o los niños en general de hoy en día) no hacen caso, no prestan atención, tal vez tengan con TDAH porque están constantemente distraídos, pero no es que estemos mostrándoles un gran ejemplo sobre el valor de estar presentes en el momento, entregando toda nuestra atención a lo que esté sucediendo a nuestro alrededor y respondiendo enfocadamente en aquellos con los que estemos interactuando en nuestro entorno físico. Hipócritas. O tal vez sea sólo yo la que a veces le da un mal ejemplo de esto a mis hijos.
Hace casi un año, escribí acerca de desconectarme de la tecnología y mi reto fue hacerlo durante un mes completo, lo cual estuvo genial. Pero eso ya pasó y ahora tengo una buena excusa del por qué con frecuencia estoy en esta posición que parece ser hipócrita: soy capaz de leer y mirar cosas en las redes sociales y aún así escuchar lo que mis niños están haciendo y contándome. Bueno, al menos la mayor parte del tiempo logro hacer ambas cosas bien... a menos que me meta mucho en lo que estoy leyendo o viendo. Pero de verdad, incluso cuando logro hacer ambas cosas bien (estar conectada en las redes sociales y prestarle atención a mis hijos), ¿cómo lo sabrán mis hijos? ¿Cómo puedo explicarles que aunque yo a veces les responda mientras reviso cosas en mi computador sin mirarles, cuando llegue el momento y yo les pida a ellos que me respondan sobre algo tienen que dejar de hacer lo que estén haciendo (hablar, ver una película, jugar) y darme toda su atención, mirarme a los ojos para asegurar que estén escuchando y que me entiendan? Eso es un doble estándar enorme.
Una solución sería decir que ellos no tienen que dejar de hacer lo que están haciendo para mirarme y responder. Es decir, yo no lo hago siempre así que, ¿por qué tienen que hacerlo ellos? Pero supongo que eso podría conllevar a una crianza de niños maleducados que no muestran cortesía a sus compañeros en interacciones sociales, y mucho menos respeto por las figuras de autoridad. Y probablemente tampoco ayudaría a aumentar su período de atención, especialmente en cosas que tal vez no parezcan tan emocionantes ni interesantes, pero que son realmente necesarios.
Otra
opción sería simplemente dejar
a un lado el dispositivo tecnológico cada vez que mis hijos me hablen o necesiten
que interactúe o intervenga en una situación. Pero eso es lo que he estado tratando de hacer estos últimos meses y no me ha
resultado de manera constante. A veces sí que lo hago
bien. Otras veces
estoy tan metida en lo que estoy haciendo en el Internet que
tardo un rato en dejarlo totalmente y
prestar atención. Otras veces, me frustro con ellos por haberme interrumpido.
Y otras veces, a pesar de dejar
inmediatamente la tecnología y no estar frustrada con ellos, sigo pensando en
lo que leí o vi en
las redes sociales por un buen tiempo después, en lugar de prestarle
toda mi atención a lo que mis
hijos me están mostrando, contando o preguntando.
Así que, creo que es obvio que ninguna de esas dos opciones es muy buena, al menos en mi caso. Pero como de verdad no quiero seguir con este sistema hipócrita que he estado usando, la única solución real que veo es limitar mi tiempo en las redes sociales y correos electrónicos para momentos en los que mis niños estén completamente ocupados en algo que no requiera mi intervención o atención o arbitraje, cuya situación más realista será cuando estén durmiendo. Al mismo tiempo reconozco que puede haber ocasiones en las que realmente necesito responder a algo urgentemente en el Internet, pero en esos casos poco frecuentes supongo que simplemente podría avisarles a los niños que estaré en el computador contestando algo muy importante durante 15 minutos (o el tiempo necesario) y de esa forma tanto ellos como yo podremos ver que estoy poniendo un plazo de tiempo y que ésta es la excepción y no la regla.
Algo que no estoy diciendo con esto es que yo debería estar pasando cada momento que estén despiertos con ellos, involucrada de forma activa en lo que estén haciendo. Creo que ellos necesitan su espacio y tiempo creativo para estar con sus hermanos o simplemente cada uno en su propia actividad, y también creo que es importante que ellos vean que yo también necesito mi espacio y tengo otras cosas que hacer. Pero hay una diferencia entre no estar involucrada pero seguir siendo capaz de responder, donde pueden ver claramente la tarea que en ese momento tiene mi atención y el por qué es necesario (por ejemplo: “lo siento, no puedo ir ahora porque estoy limpiando, haciendo ejercicio, cocinando, etc., pero haré algo con ustedes en un rato cuando termine.”) y por el otro lado sólo estando parcialmente involucrada y ‘atenta’, no realmente prestando atención y sin que puedan ver el por qué estoy tan ocupada, sólo ven que este dispositivo electrónico a veces recibe más atención concentrada de mí de lo que reciben ellos.
Por lo tanto, ya tomé la decisión: se limita la conexión a las redes sociales a tiempos en los que no tenga que estar supervisando a mis hijos, ¡con efecto inmediato! Tal vez incluso lo llevaré al punto de aplicarlo no sólo cuando esté con mis hijos, sino también a los ratos que estoy con mi marido, o con otros miembros de la familia extendida o amigos... Quizás yo sea la única que no revise su celular o computador durante esas interacciones, pero bueno, ¡alguien tiene que ser la rara que empieza las nuevas modas y además podría llegar a ser algo divertido! ;)
Bueno, estoy pensando que con este cambio seguramente mi nivel de estrés se reducirá, mi capacidad de atención incrementará, lograré hacer más cosas en la casa, y aún en el caso de que ninguno de esos suceda, por lo menos estaré poniendo un mejor ejemplo para mis niños con el comportamiento que deberían tener ellos también. Y seguro que igual encontraré ratos en otros momentos del día para conectarme y estar al tanto de las vidas de muchos en las redes sociales (jejeje).
Así que, ¿hay alguna otra mamá (o es más, cualquier otra persona, ¡sea o no sea madre!) que quiera unirse a este desafío de mantenerse fuera del mundo virtual cuando hayan personas a nuestro alrededor con las que deberíamos estar realmente y totalmente conectando en este momento? Cuantos más se animen, ¡mejor!
Sunday, April 13, 2014
¡deja que el niño pelee!
¿Qué? Qué título más absurdo, ¿no? Tal vez
el punto sea algo como: “Bueno, los niños siempre son niños... Mi hijo va a
querer pelear de todos modos, ¡así que tendré que aguantarlo!”
No, en realidad, ese no era mi punto para nada. Me refería a que mi marido y yo deseamos que nuestro hijo sea un luchador. ¿Qué? ¿¿¿Quieres que sea violento??? Ehhh, no. En absoluto, para nada. Y la verdad es que no me gusta nada el boxeo ni otros deportes violentos como ese (sin ofender a quienes los disfrutan... ¡simplemente no son lo mío!). Pero sí quiero que mi hijo sea un héroe, un protector, un defensor de los inocentes. Quiero que tenga el deseo y la fuerza de carácter para hacer frente a la injusticia y decir: “¡NO! No voy a permitir que hagas esto, ¡porque lo que estás haciendo está mal!”
Realmente creo que, por lo general, la sociedad de hoy está quitándoles a los niños ese deseo de proteger. Al decirles siempre que no peleen, al pedirles que dejen de jugar a inventarse historias que impliquen fingir con espadas, pistolas, dar patadas, golpear, etc., creo que estamos diciéndoles indirectamente que sus deseos de ser fuertes, de ser valientes, de detener físicamente a los “malos”, de ser el héroe de la historia… que esos deseos están mal. Les estamos diciendo que es malo querer eso, es malo tener la necesidad de sentirse fuerte y valiente. Y con eso, estamos haciéndoles algo terrible a nuestros niños: Estamos disminuyendo la importancia de (o incluso eliminando totalmente) este instinto de lucha que es muy esencial para su hombría en crecimiento.
Por eso, lo que yo veo es que, como a muchos niños no se les anima (o aveces ni se le permite desarrollarse) en esta área, muchas veces pasa una de dos cosas: 1) el deseo de luchar se apaga, lo cual es una gran pérdida para los que están alrededor de ese muchacho cuando crezca y ya no tenga ningún deseo de conquistar ningún desafío ni de proteger y proveer para su propia familia. O por el otro lado, 2) decide que como tiene el deseo de luchar y le han dicho que luchar es malo, por deducción él es una persona mala (usando matemáticas básicas resuelven esa ecuación estos niños). Y en este segundo caso, vemos a niños que se convierten en jóvenes que usan la violencia por el simple hecho de querer ser violentos, porque se les ha dicho que hacer eso está mal y como de todos modos ya eran malos, ¿qué más da?
Bueno, entonces ¿cuál es la solución? ¿Permito que mi niño vaya a pelear como quiera, donde quera, cuando quiera, con quien quiera, ya que él tiene la necesidad de luchar? Bueno, obviamente no, porque eso no sería animarle a ser un protector ni un héroe. Al igual que en cualquier otra área de la vida, tiene que ser guiado a usar sus deseos para el bien.
Por lo tanto, lo que trato de hacer es que cuando mi hijo está en medio de un juego de lucha (jugando solo, con otra persona, actuando una historia, etc.), le pregunto contra quién está luchando y por qué. Le pregunto a quién está protegiendo, a quién está tratando de rescatar. A veces, ya conozco las respuestas, porque escuché la explicación cuando empezó el juego. Y otras veces percibo que está peleando sólo por pelear, así que le recuerdo nuestras reglas de juego (que son más que nada: no se puede jugar así si la otra persona no quiere, siempre hay que tener cuidado con la bebé, y la lucha se acaba cuando mamá o papá dice que se terminó). Así que, al preguntarle sobre su enemigo y sobre sus metas en esta batalla, estoy tratando de reforzar la idea de que es bueno luchar cuando es en defensa de alguien inocente o alguien que no puede luchar por sí mismo. Está bien y es necesario luchar por lo que es correcto. Incluso aveces, está mal no luchar, cuando la causa sea muy importante.
A medida que crece mi niño y comienza a tomar más de sus propias decisiones, espero que este espíritu y deseo de luchar siga estando presente. No tanto en el sentido físico (bueno, supongo que si él de mayor quiere ser un profesional de ‘kick-boxing’, será decisión suya ¡aunque yo no sea muy fan de eso!), pero me refiero más a luchas mentales, espirituales y emocionales. Espero que pelee contra las ganas de rendirse sólo porque algo sea difícil, espero que sea capaz de seguir luchando a través de cualquier enfermedad o dolor que cruce su camino, espero que si algún día se casa y comienza una familia que tenga el deseo de luchar por su matrimonio y por sus hijos, y espero que él sea un protector y un héroe que logre conquistar en cada área de responsabilidades que Dios le dé en su vida.
Requiere una clase especial de valor y fuerza hoy en día el ser un buen hombre, un buen hermano, un buen estudiante, un buen trabajador, un buen jefe, un buen marido, un buen padre. Mi hijo tiene un gran ejemplo de un hombre fuerte y valiente en mi marido. Así que voy a seguir animándole a ser como su Papá, y como pareja seguiremos señalándole a nuestro hijo ejemplos de otros hombres valientes, dignos de imitar. Y estoy segura de que algún día si se casa, ¡su esposa nos dará las gracias por haber criado a un hombre luchador y protector! (jejeje)
(Nota: La idea detrás de esta entrada no excluye a las niñas de luchar por la justicia ni de ser fuertes y valientes, ¡porque por supuesto que deben hacer esas cosas ellas también! Y tampoco insinúo que las niñas no quieren ser protectoras también... Obviamente estas pequeñas-mamás tienen un instinto de protección muy especial que se ve claramente cuando perciben que uno de “los suyos” está en peligro de daño o de burlas, etc. ¡Pero creo que todos estamos de acuerdo en que hay una diferencia entre esas ganas protectoras maternas y el deseo de ser heroico, conquistar al enemigo, luchar contra los malos, el cual es tan innato y que principalmente se ve en los pequeños hombrecitos!)
No, en realidad, ese no era mi punto para nada. Me refería a que mi marido y yo deseamos que nuestro hijo sea un luchador. ¿Qué? ¿¿¿Quieres que sea violento??? Ehhh, no. En absoluto, para nada. Y la verdad es que no me gusta nada el boxeo ni otros deportes violentos como ese (sin ofender a quienes los disfrutan... ¡simplemente no son lo mío!). Pero sí quiero que mi hijo sea un héroe, un protector, un defensor de los inocentes. Quiero que tenga el deseo y la fuerza de carácter para hacer frente a la injusticia y decir: “¡NO! No voy a permitir que hagas esto, ¡porque lo que estás haciendo está mal!”
Realmente creo que, por lo general, la sociedad de hoy está quitándoles a los niños ese deseo de proteger. Al decirles siempre que no peleen, al pedirles que dejen de jugar a inventarse historias que impliquen fingir con espadas, pistolas, dar patadas, golpear, etc., creo que estamos diciéndoles indirectamente que sus deseos de ser fuertes, de ser valientes, de detener físicamente a los “malos”, de ser el héroe de la historia… que esos deseos están mal. Les estamos diciendo que es malo querer eso, es malo tener la necesidad de sentirse fuerte y valiente. Y con eso, estamos haciéndoles algo terrible a nuestros niños: Estamos disminuyendo la importancia de (o incluso eliminando totalmente) este instinto de lucha que es muy esencial para su hombría en crecimiento.
Por eso, lo que yo veo es que, como a muchos niños no se les anima (o aveces ni se le permite desarrollarse) en esta área, muchas veces pasa una de dos cosas: 1) el deseo de luchar se apaga, lo cual es una gran pérdida para los que están alrededor de ese muchacho cuando crezca y ya no tenga ningún deseo de conquistar ningún desafío ni de proteger y proveer para su propia familia. O por el otro lado, 2) decide que como tiene el deseo de luchar y le han dicho que luchar es malo, por deducción él es una persona mala (usando matemáticas básicas resuelven esa ecuación estos niños). Y en este segundo caso, vemos a niños que se convierten en jóvenes que usan la violencia por el simple hecho de querer ser violentos, porque se les ha dicho que hacer eso está mal y como de todos modos ya eran malos, ¿qué más da?
Bueno, entonces ¿cuál es la solución? ¿Permito que mi niño vaya a pelear como quiera, donde quera, cuando quiera, con quien quiera, ya que él tiene la necesidad de luchar? Bueno, obviamente no, porque eso no sería animarle a ser un protector ni un héroe. Al igual que en cualquier otra área de la vida, tiene que ser guiado a usar sus deseos para el bien.
Por lo tanto, lo que trato de hacer es que cuando mi hijo está en medio de un juego de lucha (jugando solo, con otra persona, actuando una historia, etc.), le pregunto contra quién está luchando y por qué. Le pregunto a quién está protegiendo, a quién está tratando de rescatar. A veces, ya conozco las respuestas, porque escuché la explicación cuando empezó el juego. Y otras veces percibo que está peleando sólo por pelear, así que le recuerdo nuestras reglas de juego (que son más que nada: no se puede jugar así si la otra persona no quiere, siempre hay que tener cuidado con la bebé, y la lucha se acaba cuando mamá o papá dice que se terminó). Así que, al preguntarle sobre su enemigo y sobre sus metas en esta batalla, estoy tratando de reforzar la idea de que es bueno luchar cuando es en defensa de alguien inocente o alguien que no puede luchar por sí mismo. Está bien y es necesario luchar por lo que es correcto. Incluso aveces, está mal no luchar, cuando la causa sea muy importante.
A medida que crece mi niño y comienza a tomar más de sus propias decisiones, espero que este espíritu y deseo de luchar siga estando presente. No tanto en el sentido físico (bueno, supongo que si él de mayor quiere ser un profesional de ‘kick-boxing’, será decisión suya ¡aunque yo no sea muy fan de eso!), pero me refiero más a luchas mentales, espirituales y emocionales. Espero que pelee contra las ganas de rendirse sólo porque algo sea difícil, espero que sea capaz de seguir luchando a través de cualquier enfermedad o dolor que cruce su camino, espero que si algún día se casa y comienza una familia que tenga el deseo de luchar por su matrimonio y por sus hijos, y espero que él sea un protector y un héroe que logre conquistar en cada área de responsabilidades que Dios le dé en su vida.
Requiere una clase especial de valor y fuerza hoy en día el ser un buen hombre, un buen hermano, un buen estudiante, un buen trabajador, un buen jefe, un buen marido, un buen padre. Mi hijo tiene un gran ejemplo de un hombre fuerte y valiente en mi marido. Así que voy a seguir animándole a ser como su Papá, y como pareja seguiremos señalándole a nuestro hijo ejemplos de otros hombres valientes, dignos de imitar. Y estoy segura de que algún día si se casa, ¡su esposa nos dará las gracias por haber criado a un hombre luchador y protector! (jejeje)
(Nota: La idea detrás de esta entrada no excluye a las niñas de luchar por la justicia ni de ser fuertes y valientes, ¡porque por supuesto que deben hacer esas cosas ellas también! Y tampoco insinúo que las niñas no quieren ser protectoras también... Obviamente estas pequeñas-mamás tienen un instinto de protección muy especial que se ve claramente cuando perciben que uno de “los suyos” está en peligro de daño o de burlas, etc. ¡Pero creo que todos estamos de acuerdo en que hay una diferencia entre esas ganas protectoras maternas y el deseo de ser heroico, conquistar al enemigo, luchar contra los malos, el cual es tan innato y que principalmente se ve en los pequeños hombrecitos!)
Sunday, April 6, 2014
“¡… y sobreviví!” (así veo)
Voy a descargar un poco de frustración:
Estoy realmente cansada de escuchar las defensas de ciertos métodos (especialmente en relación con las decisiones de crianza de los hijos) que terminan con “¡... y yo sobreviví!” o “¡... y soy una persona exitosa y feliz!” Aveces esas declaraciones de defensa son acerca de métodos y decisiones con los que estoy de acuerdo, mientras que otras veces no comparto ese punto de vista. Pero no voy a entrar ahora en cuáles son mis opiniones específicas sobre la crianza de los niños. Tengo opiniones y convicciones fuertes, pero no son el punto ahora mismo.
El punto es que realmente creo que estos argumentos son demasiado superficiales y simplistas, pero los escucho y leo a menudo:
• “A mi me castigaban físicamente cuando era niño… / o por lo contrario / mis padres nunca me castigaron físicamente de pequeño... ¡y estoy muy bien!”
• “A mí me vacunaron de pequeño… / o / mis padres optaron por no vacunarme... y sobreviví.”
• “Nunca fui al doctor cuando me enfermaba de niño… / o / me llevaban al doctor por cualquier dolencia... ¡y ahora tengo buena salud!”
• “Fui educado en casa… / o / fui a la escuela pública… / o / fui a la escuela privada... ¡y triunfé en la universidad y ahora me va súper bien en el trabajo!”
• Etc., etc., etc.
Tu realidad ahora mismo como persona feliz, exitosa, y con buena salud no es necesariamente una prueba de que los métodos utilizados y las decisiones tomadas para ti o por ti eran buenos. Honestamente, ha habido muchas personas a lo largo de los siglos que han vivido experiencias de esclavitud, tortura, abuso, abandono, e incluso decisiones raras por parte de sus padres o ellos mismos... y que luego han podido superar eso y estar bien. Muchos incluso dicen haber salido más fuertes por lo que vivieron. Pero eso no quiere decir que los campos de concentración (obviamente como ejemplo muy extremo) serían una buena forma de elegir fortalecer el carácter de nuestros niños, por mucha gente que haya sobrevivido e incluso llegado a prosperar después de haber vivido esas situaciones horrendas.
Tuve un profesor rarísimo en 2º y 3º de primaria (básico) que paseaba por la clase mientras estábamos escribiendo en nuestros libros de texto, y de repente nos golpeaba con tiza en la cabeza. Sin razón alguna. Muchas veces no estaba siquiera corrigiendo malas conductas, simplemente era algo que le gustaba hacer (y de todas formas no es que golpear a un niño con tiza fuera un método de disciplina aceptable, bajo ninguna circunstancia). Y eso fue sólo una de las muchas cosas extrañas y repulsivas que hacía de repente ese profesor. Él fue mi profesor principal durante dos años y sobreviví. No tengo cicatrices permanentes causadas por esas experiencias, aunque sí en su momento les conté todo a mis padres, que obviamente les llevó a hablar directamente con él y asegurarse de que las cosas raras e inapropiadas se detuvieran. Pero ¿adivinen qué? A pesar de que sobreviví y estoy bien ahora, no voy a estar buscando a un profesor de ese tipo para mis hijos ni tampoco implementaré ese tipo métodos en nuestra educación en casa.
Realmente creo que tenemos que diferenciar entre el buen desarrollo que se produce debido a ciertas experiencias, decisiones, métodos, etc., y el buen desarrollo que puede ocurrir a pesar de ellos. Por ejemplo, José les dijo a sus hermanos: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien.” Él no dijo: “¡Gracias por vuestro abuso y abandono y odio hacia mí!” Lo que sí hizo fue reconocer que Dios es más grande y más bueno que el peor mal que jamás habrá y que al final del día, Dios puede usar todo para nuestro bien.
En las decisiones que tomamos, especialmente en lo que tiene que ver con nuestros hijos, consideremos honestamente si nuestras experiencias (o las de nuestros padres o de cualquier otra persona que hemos escuchado) han sido una ayuda o un obstáculo para el crecimiento, el aprendizaje, el desarrollo, etc. Y como ya se ha dicho, no dudo de que muchas experiencias que fueron impedimentos al principio podrían haber llevado finalmente al buen crecimiento debido al proceso de superar el obstáculo o la dificultad (física, emocional, social, etc.). Pero creo que el mundo ya tiene bastantes obstáculos, mensajes contradictorios, injusticias y confusión de por sí, sin nosotros, los padres contribuir a ellos por tomar decisiones y hacer cosas de cierta manera con nuestros hijos simplemente porque alguien que conocemos lo hizo así y está muy bien.
Como padres y madres, realmente tenemos que analizar el por qué detrás de nuestras decisiones. Recordemos de nuevo nuestra propia infancia y reconsideremos las cosas un poco más. Preguntémosles a personas que admiramos e investiguemos profundamente el por qué de sus respuestas, en lugar de mirar sólo en la superficie. Examinemos bien lo que la Biblia nos dice sobre el tema en particular (si es que dice algo específico), siempre teniendo en cuenta el resto de la Palabra y no sólo versículos aislados fuera de contexto. Leamos los resultados de estudios de investigación corrientes para ver cuál es la opinión científica es sobre el tema, al mismo tiempo teniendo en cuenta que nuevos estudios están constantemente modificando la opinión científica del día, y que incluso los expertos siempre comienzan con sus propias ideologías y teorías (porque seamos realistas: nadie es 100% objetivo, ¡no importa cuán buenos son sus intenciones!).
Pero sobre todo, oremos mucho sobre cada decisión importante que tomamos para nuestros hijos: pidiéndole a Dios que quite cualquier cosa que esté obstruyendo nuestra vista, que corrija cualquier opinión que hayamos formado en base a malas experiencias o confusión o desinformación, y que nos llene de sabiduría, porque cada niño es único y el mundo que nos rodea está cambiando todos los días. Lo que funcionó hace 20 años conmigo puede o no puede funcionar ahora con mi hijo y mis dos hijas en sus entornos actuales, pero no quiero dejarme llevar por lo que es la tendencia actual sólo porque los demás lo están haciendo. ¡Mis hijos no son experimentos científicos! Seamos lo suficientemente sabios como para no aceptar ciegamente la experiencia personal de otra persona como la respuesta, pero también seamos lo suficientemente humildes como para permitir que nuestras propias opiniones y convicciones “más que decididas” puedan cambiar si fuera necesario.
Tal vez después de toda la investigación, el análisis, el pensar, el orar y el considerar, lleguemos a las mismas conclusiones con las que empezamos toda la búsqueda. Pero espero que así por lo menos se llegue a esas conclusiones porque realmente creemos y estamos convencidos de que son las mejores maneras de ayudar a nuestros niños a crecer y desarrollarse bien, y no sólo porque nosotros viv
Saturday, March 15, 2014
mitos del por qué educo a mis hijos en casa
Bueno, para aclarar: estoy educándoles en casa, pero no por algunas razones que
quizás pienses. Así que lo diré de esta
forma: éstas no son las razones por las que estoy haciendo educación en
casa:
Mito #1: No me gustan los profesores en general, o no creo que ellos estén capacitados para enseñar correctamente.
Verdad: Pasé por la escuela pública y tuve muchos buenos profesores e incluso algunos buenísimos (otros fueron malísimos y se notaba que no les gustaba su trabajo, pero fueron la minoría en mi experiencia personal). Y, de hecho, ¡la mayoría de los miembros de mi familia extendida y muchos de mis amigos son profesores! Tengo mucho respeto por ellos y siento que su trabajo y esfuerzo no se valora como se debería, ya que yo no puedo imaginarme tener la responsabilidad de enseñarles a apenas 10 niños durante una media hora, ¡así que admiro mucho que puedan enseñarles a clases enormes por horas!
Mito #2: Yo odiaba la escuela.
Verdad: En realidad, me gustó y disfruté de la escuela la mayoría del tiempo. Siempre me ha encantado leer y aprender, disfrutaba al hablar con muchos de mis profesores, y tuve varias buenas amistades en la escuela (aunque por lo general no se nos permitía hablar en clase, jugábamos a básquetbol y hacíamos otras actividades juntos después de clase, y así socializábamos y desarrollábamos más las amistades). Pero, por un par de años en los que estuvimos con transiciones familiares, mi madre nos educó a mis hermanos y a mí en casa. Y a pesar de que me haya gustado la escuela pública, debo admitir que esos años de educación en casa fueron mis años favoritos de la escuela. La cercanía que tuvimos como familia era genial y me encantó sentirme entendida por mi profesora (jejeje).
Mito #3: Queremos apartar a nuestra familia del resto del mundo y proteger a nuestros niños de la realidad que nos rodea.
Verdad: Nosotros estamos (y seguiremos) exponiendo a nuestros hijos a los problemas y las bendiciones de la sociedad al llevarlos con nosotros a diferentes lugares, señalándoles cosas que vemos, explicando lo que se pueda a un nivel que puedan entender, dejando que hagan preguntas... Ellos también son parte de la sociedad y nuestro deseo es que quieran ser personas que animen a los demás y ayuden a lograr cambios donde se necesiten. Además, al no estar en una escuela tradicional, nuestros hijos realmente tendrán más oportunidades de conocer a personas de diferentes edades, estatus sociales, nacionalidades, etc., al andar con nosotros fuera de la casa durante la semana y así podrán socializar con mucha más gente y ampliar su visión del mundo. Somos conscientes de que depende de nosotros crear oportunidades para que ellos pasen tiempo con otros niños de su edad y desarrollen amistades, y debemos hacer que sea una prioridad. Pero entre primos, otras familias de la iglesia, vecinos, jugar en los parques con otros niños, y buscar clases y actividades extracurriculares en las que estén interesados nuestros hijos, la socialización viene naturalmente.
Mito #4: Yo me considero una súper-mamá y una gran profesora, ¡así que por supuesto que educo en casa!
Verdad: Lucho a diario con esto de tratar de mantener la casa más o menos bajo control, criar a los niños, preparar y asegurar que hagan sus estudios, y todo lo demás que debo hacer... Estoy constantemente dudando de mí misma, si estoy haciendo las cosas bien, muchas veces frustrada y decepcionada cuando sé que no he hecho lo que debí haber hecho, y muy emocionada (a veces precipitadamente) cuando las cosas parecen estar funcionando bien. Pero mi realidad es diferente a la de muchas otras mamás: puedo estar en casa todo el día y tengo un marido que me apoya muchísimo que no sólo quiere estar involucrado y ayudando en todo lo que pueda, sino que también su horario de trabajo le permite la flexibilidad de ayudarme aveces en horarios cuando sé que muchos otros maridos no podrían por sus trabajos. Además, como matrimonio cada vez que lo vemos necesario volvemos a analizar las estrategias de enseñanza para nuestros hijos y nuestra visión de crianza en general, lo que realmente me ayuda a eliminar el estrés y volver a centrarme en lo que es realmente importante (¡y no perder la cabeza!). Sería muy difícil para mí, por no decir imposible, tomar una responsabilidad tan enorme como la educación en casa sin el apoyo de mi esposo y nuestra relación de trabajo en equipo en lo que tiene que ver con nuestros hijos y la vida en general.
Por el otro lado, sí estoy haciendo educación en casa porque:
Mito #1: No me gustan los profesores en general, o no creo que ellos estén capacitados para enseñar correctamente.
Verdad: Pasé por la escuela pública y tuve muchos buenos profesores e incluso algunos buenísimos (otros fueron malísimos y se notaba que no les gustaba su trabajo, pero fueron la minoría en mi experiencia personal). Y, de hecho, ¡la mayoría de los miembros de mi familia extendida y muchos de mis amigos son profesores! Tengo mucho respeto por ellos y siento que su trabajo y esfuerzo no se valora como se debería, ya que yo no puedo imaginarme tener la responsabilidad de enseñarles a apenas 10 niños durante una media hora, ¡así que admiro mucho que puedan enseñarles a clases enormes por horas!
Mito #2: Yo odiaba la escuela.
Verdad: En realidad, me gustó y disfruté de la escuela la mayoría del tiempo. Siempre me ha encantado leer y aprender, disfrutaba al hablar con muchos de mis profesores, y tuve varias buenas amistades en la escuela (aunque por lo general no se nos permitía hablar en clase, jugábamos a básquetbol y hacíamos otras actividades juntos después de clase, y así socializábamos y desarrollábamos más las amistades). Pero, por un par de años en los que estuvimos con transiciones familiares, mi madre nos educó a mis hermanos y a mí en casa. Y a pesar de que me haya gustado la escuela pública, debo admitir que esos años de educación en casa fueron mis años favoritos de la escuela. La cercanía que tuvimos como familia era genial y me encantó sentirme entendida por mi profesora (jejeje).
Mito #3: Queremos apartar a nuestra familia del resto del mundo y proteger a nuestros niños de la realidad que nos rodea.
Verdad: Nosotros estamos (y seguiremos) exponiendo a nuestros hijos a los problemas y las bendiciones de la sociedad al llevarlos con nosotros a diferentes lugares, señalándoles cosas que vemos, explicando lo que se pueda a un nivel que puedan entender, dejando que hagan preguntas... Ellos también son parte de la sociedad y nuestro deseo es que quieran ser personas que animen a los demás y ayuden a lograr cambios donde se necesiten. Además, al no estar en una escuela tradicional, nuestros hijos realmente tendrán más oportunidades de conocer a personas de diferentes edades, estatus sociales, nacionalidades, etc., al andar con nosotros fuera de la casa durante la semana y así podrán socializar con mucha más gente y ampliar su visión del mundo. Somos conscientes de que depende de nosotros crear oportunidades para que ellos pasen tiempo con otros niños de su edad y desarrollen amistades, y debemos hacer que sea una prioridad. Pero entre primos, otras familias de la iglesia, vecinos, jugar en los parques con otros niños, y buscar clases y actividades extracurriculares en las que estén interesados nuestros hijos, la socialización viene naturalmente.
Mito #4: Yo me considero una súper-mamá y una gran profesora, ¡así que por supuesto que educo en casa!
Verdad: Lucho a diario con esto de tratar de mantener la casa más o menos bajo control, criar a los niños, preparar y asegurar que hagan sus estudios, y todo lo demás que debo hacer... Estoy constantemente dudando de mí misma, si estoy haciendo las cosas bien, muchas veces frustrada y decepcionada cuando sé que no he hecho lo que debí haber hecho, y muy emocionada (a veces precipitadamente) cuando las cosas parecen estar funcionando bien. Pero mi realidad es diferente a la de muchas otras mamás: puedo estar en casa todo el día y tengo un marido que me apoya muchísimo que no sólo quiere estar involucrado y ayudando en todo lo que pueda, sino que también su horario de trabajo le permite la flexibilidad de ayudarme aveces en horarios cuando sé que muchos otros maridos no podrían por sus trabajos. Además, como matrimonio cada vez que lo vemos necesario volvemos a analizar las estrategias de enseñanza para nuestros hijos y nuestra visión de crianza en general, lo que realmente me ayuda a eliminar el estrés y volver a centrarme en lo que es realmente importante (¡y no perder la cabeza!). Sería muy difícil para mí, por no decir imposible, tomar una responsabilidad tan enorme como la educación en casa sin el apoyo de mi esposo y nuestra relación de trabajo en equipo en lo que tiene que ver con nuestros hijos y la vida en general.
Por el otro lado, sí estoy haciendo educación en casa porque:
- A diferencia de mi experiencia personal, mi esposo odiaba la escuela, para él era como una cárcel. Estoy segura de que eso se debe en parte al sistema educacional aquí en Chile (más horas en la escuela que donde yo estudié, clases y materias muy estáticas...) y en parte se debe a su estilo de aprendizaje: él tiene la necesidad de aprender cosas haciéndolas y viendo el valor práctico que tienen, no sólo que le digan cómo se hace y que tiene que memorizar fórmulas. Por esto, como pareja creemos que la educación en casa es la mejor opción para los estilos de aprendizaje de nuestros hijos, al menos por ahora: nuestro hijo mayor aprende de forma cinética como su padre y definitivamente retiene mejor la información con actividades prácticas y atención personalizada, y por ahora sus hermanas pequeñas están aprendiendo muy bien de esa forma también.
- Permite que nuestros hijos pasen más tiempo con su papá. Como mi marido tiene trabajo ministerial la mayoría de las tardes-noches y los fines de semana, si los niños estuvieran en una escuela pública casi nunca lo verían.
- Nos permite enfocarnos bien en aprendizaje bilingüe y multicultural y al mismo tiempo tener la flexibilidad y libertad de visitar diferentes lugares como familia en cualquier momento del día, de la semana o del año, lo cual sería muy difícil de hacer a este nivel si los niños tuviesen el horario escolar tradicional de aquí.
- Finalmente, como matrimonio consideramos que es nuestra responsabilidad educar a nuestros hijos, no necesariamente en las asignaturas escolares, pero definitivamente en la formación del carácter. Ellos necesitan que estemos animándolos constantemente por sus comportamientos positivos y corrigiendo su desobediencia, y nuestro deseo es continuar enseñándoles sobre el amor y la verdad de Dios, no sólo a través de palabras ocasionales o con un libro en la mano, sino también prácticamente a través de experiencias de la vida y las situaciones cotidianas. Teniendo en cuenta las horas al día que estarían en una escuela tradicional, luego actividades después de la escuela y para finalizar más tarea en casa, creemos que no quedaría mucho tiempo de calidad ni energía para cultivar esas áreas más profundas de la vida de nuestros hijos y realmente abordar sus preguntas, luchas y percepciones de forma diaria.
Soy más que sólo una mamá que educa en casa. No quiero que me pongan automáticamente en una categoría o me simplifiquen por eso. Y tampoco quiero que otros piensen que me considero superior o que voy a menospreciar a aquellas que no escogen educar en casa o que realmente no pueden hacerlo por razones de trabajo. Pero en este punto de la vida éste es mi trabajo principal y toma la mayor parte de mi tiempo y energía, por lo que obviamente pienso mucho acerca de la educación en casa y me gusta compartir sobre eso, igual que muchos otros comparten sobre los altibajos de sus trabajos más “normales” también.
Pero más que todo eso, soy muy bendecida de que esta opción sea legal y posible para nosotros como familia aquí en Chile. Estoy muy agradecida por la oportunidad y el privilegio de pasar todo el día con mis hijos y ser su profesora principal (aunque aveces sea muy agotador física-, mental- y emocionalmente), ¡y al mismo tiempo yo misma estoy aprendiendo y siendo transformada a través de esta experiencia también!
Wednesday, January 1, 2014
¿confías en mí?
—Hijo, ¡preparémonos
para salir! —le digo a mi niño de cuatro años.
—¿A dónde
vamos? —responde, con cara de preocupación.
—¿Sabes qué, mi
niño? Sólo confía en mí y empieza a vestirte, ¿vale?
Comienza a
moverse lentamente, considerando si prepararse o no para esta salida a quién-sabe-dónde.
—Mamá, ¿vamos
al parque?
—Hijo…
—No vamos de
compras, ¿cierto?
—Mi niño…
—No iremos caminando, ¿verdad? ¿Podemos ir en el auto? ¿También vendrán Papá y
mis hermanas?
A estas alturas
su preocupación con los detalles ya lo ha detenido completamente y se le ha
olvidado por completo que tenía que prepararse.
—Hijo, ¿qué te
pedí que hicieras? —le recuerdo.
—Que me
preparara, que me vistiera —contesta mi pequeño.
—¿Confías en mí?
—Sí.
—Ya, entonces
confía en que te llevaré a algún lugar bueno y seguramente donde te divertirás,
y no te preocupes por los detalles ahora mismo. Sólo obedece y haz lo que te pido, ¿de
acuerdo?
— Sí, Mamá
—responde, aunque veo en su cara que aún no está seguro de esto de prepararse
para ir a un destino desconocido.
No es la primera
vez que hemos tenido este tipo de conversación, sobre ir a alguna parte o sobre
recoger sus juguetes o sobre cuál es el plan para el día… Aveces sí que le doy detalles de lo que
haremos y otras veces no le molesta el no saber. Pero con el nivel de energía que tiene hoy, sé
que si le cuento ahora a qué parque iremos, la emoción no le permitirá
enfocarse bien en vestirse y prepararse para salir.
¡Ay! ¿Por qué no puede confiar en mí, sabiendo que
el destino de la salida y los detalles serán buenos, que yo sé qué le gusta y
qué no, qué necesita y qué no, que sólo quiero bien para él?
Al reflexionar
sobre la frustración de convencer a un niño de cuatro años de que su madre
tiene buenas intenciones y que se puede fiar de mí, escucho otra voz:
—Hija, sígueme.
—¿A dónde, Dios?
—No tienes que
conocer el destino ahora mismo, solo toma el siguiente paso de obediencia en
esta situación específica.
—Pero no puedo
ver lo que hay más adelante por este camino…
Aún no he considerado cuidadosamente todos los pros y los contras, y
como todos sabemos ¡eso es lo que hay que hacer para tomar una decisión responsable! Tengo que analizar bien las cosas para
asegurarme de que por este camino lograremos los resultados que necesitamos.
—Kris, ¿qué te
he pedido que hagas con tus hijos?
—Bueno, veamos:
que los ame, que les enseñe en las formas que yo pueda según los talentos que
me has dado, que los corrija y discipline en amor y constancia, que me divierta
con ellos cada día…
—Vale, entonces…
—Claro, pero
tantas veces no estoy al 100% segura de los métodos específicos que usamos, si
estamos haciendo las cosas bien, si los niños están aprendiendo y
desarrollándose de la forma que deberían…
—Si el método
elegido es o no el perfecto para tus hijos no es la raíz de tu problema ahora
mismo.
—Pues ¿cuál es el
problema?
—Falta de
confianza en Mí.
—¿¿Qué?? ¡No!
¡Confío completamente en Ti, con mi vida y la de mi familia, y eso te lo
digo muy amenudo!
—Sí, lo dices
mucho, pero si de verdad lo crees, pues demuéstralo con tu vida, dejando tus
preocupaciones en Mis manos cada momento del día en lugar de intentar encontrar
la fórmula perfecta de crianza para tus hijos y el sistema de enseñanza infalible. Deja
de estresarte con resolver todos los detalles del futuro y usa esa energía para
amarles hoy de la mejor forma que puedas, tanto si ellos reaccionan de la forma
que deberían como si no, y aunque no logres cumplir todo lo que tengas en tu
“lista” para el día. Déjame los
resultados a Mí.
—Quiero poder
confiar en Ti a ese nivel, de verdad que lo quiero… ¡Pero no sé cómo vivir cada
día sin tener un plan, sin considerar las opciones y las consecuencias, sin
tener metas y estrategias de cómo alcanzarlas!
—Hija mía,
ninguna de esas cosas es mala de por si.
Yo te he creado como una pensadora.
Pero…
—¿Pero qué, Señor?
—Si esos
pensamientos y planes hacen que te estreses y desesperes, entonces no estás
realmente confiando en Mí ni dejando en Mis manos los resultados. Al igual que tu hijo de cuatro años, no te
enfoques tanto en los detalles de lo que se viene que te distraigas del
siguiente paso de obediencia que te pedí que tomaras. Confía en que tengo planes buenos para ti y
tu familia.
Así que, aquí
está mi resolución personal para este año nuevo:
“Confía de todo corazón en el Señor
y no en tu propia inteligencia.
Ten presente al Señor en todo lo que hagas,
y él te llevará por el camino recto.” (Proverbios 3:5-6, DHH)
y no en tu propia inteligencia.
Ten presente al Señor en todo lo que hagas,
y él te llevará por el camino recto.” (Proverbios 3:5-6, DHH)
[Esto lo escribí
en enero de 2013, antes de haber empezado este blog, así que quise compartirlo aquí para
este Año Nuevo.]
Saturday, June 29, 2013
pequeños sensores no se pierden ningún detalle
“Mamá, tu cara
parece la del Faraón cuando dice: ‘¡hagan volver a mis esclavos!’” me dijo mi
hijo de casi 5 años hace unas semanas a la hora de acostarse. Qué golpe más duro.
En mi defensa,
había sido un día bastante difícil: A mi bebé le estaban saliendo los primeros
dientes y estaba quisquillosa, los dos mayores habían estado castigados en sus
habitaciones no se cuántas veces por portarse mal, tratarse mal el uno al otro,
no hacerme caso, etc., y además yo tenía miles de cosas que debía haber hecho
ese día que no pude hacer debido al mal comportamiento de mis hijos. Total, que había sido un día frustrante,
agotador y decepcionante. Así que,
cuando ya era hora de acostarse y mi hijo me estaba desobedeciendo por enésima
vez, en mi defensa… no tengo defensa.
Quizás sea entendible que al final de ese día tuviera yo una cara de
enfado ‘como el faraón’ al ver otra falta de obediencia, pero entendible no es
igual a excusable.
Yo soy la
Mamá. Y aunque aveces no me siento
capaz, sí puedo controlar mis expresiones faciales, tono de voz y
palabras. Muchas veces es dificilísimo
hacerlo, pero eso no significa que sea imposible.
Por eso, en vez
de poner excusas en ese momento, le admití a mi hijo, “Hijito, no está bien que
Mamá te haya mirado así con una cara de enfadada. Lo siento muchísimo. Aunque
estabas desobedeciéndome, yo tengo que poner un buen ejemplo, hablándote de
buena forma y dándote consecuencias sin enfadarme hasta ese punto. ¿Sabes por qué Mamá y Papá te damos
consecuencias cuando desobedeces?”
“Porque me amáis
mucho.”
“Sí, Hijo, te
amamos muchísimo y queremos que puedas divertirte y aprender, y por eso prestar
atención y obedecer son cosas muy importantes y te ayudan a crecer bien. Pero Mamá necesita obedecerle a Dios también,
y Dios dice que las mamás y los papás necesitan ser pacientes y no severos, y
necesitamos daros consecuencias de formas buenas. Aveces tenemos que hablaros de manera seria y
firme para que entendáis que algo es muy importante, pero siempre debemos
hacerlo mostrándoos amor. Y aún cuando
desobedeces, seguimos queriéndote muchísimo y eso nunca cambiará. Así que, lo siento muchísimo por haber perdido
la paciencia y haberme enfadado tanto contigo que te puse mala cara. No debí haber hecho eso e intentaré ser mejor
ejemplo. ¿Me perdonas?”
“Sí, Mamá,” me
dijo, abrazándome.
Hay tantas cosas
con las que debo tener cuidado como madre:
- Mis expresiones faciales, tono y volumen de voz al corregir o disciplinar a mis hijos,
- Prestarles atención cuando intentan hablarme, lo cual involucra dejar de mirar el ordenado o el móvil, mirarles a los ojos y realmente escuchar,
- No contarles a otras personas sobre mis frustraciones con mis niños cuando estén presentes porque eso es hablar negativamente sobre ellos en lugar de tratar asuntos específicos con ellos,
- No discutir con mi marido delante de nuestros hijos sino que resolver nuestras diferencias cuando estemos a solas, ya que discusiones de los papás delante de los niños crea una confusión de autoridad, inseguridad y un entorno negativo para ellos,
- No intentar distraerles o engañarles a mis niños para que ‘obedezcan’ sino decirles siempre la verdad, explicarles claramente lo que tienen que hacer y cuáles serán las consecuencias reales (buenas y malas),
- No enfocar la mayoría de mi energía en cosas secundarias (que pueden incluir cosas en el ordenador, pasar tiempo con amigas, incluso limpiar la casa o hacer ejercicio…) pero dejar que mis hijos vean que ellos y su papá son mi primera prioridad y enfoque de energía y tiempo,
- Enfocarme en calidad y cantidad: a pesar de que se escucha con frecuencia que tener ‘tiempo de calidad es más importante que la cantidad de tiempo’, la verdad es que es muy difícil fabricar momentos de calidad con los niños a menos que haya una buena cantidad de tiempo también. ¿Cómo sabré lo que es calidad para mi hijo a menos que pase suficiente tiempo con él como para saber qué le gusta y no le gusta, entender sus formas de comunicarse, conocer sus necesidades específicas, establecer una relación de confianza donde él sabe que yo estoy disponible para lo que necesite…? Por el otro lado, es fácil pensar que como paso la mayoría del tiempo con mis hijos los 24h/día, esa cantidad equivale a calidad, y eso tampoco es cierto. Es fácil estar presente pero no estar disponible, oír pero no realmente escuchar, corregir o disciplinar cuando sea necesario pero no tomarse el tiempo de realmente jugar y disfrutar con ellos. Tienen que ser ambas cosas, calidad y cantidad, y los niños se dan cuenta cuando falta uno o el otro.
- Cuando me equivoco, es importante siempre presentar un ejemplo de arrepentimiento al reconocer lo que hice y lo mal que estuvo, pedir perdón y afirmar que me esforzaré por hacerlo mejor la próxima vez. Al mostrar este reconocimiento de culpa y deseo de cambiar, mis hijos lo ven, lo vuelven a comentar incluso días o semanas después, y también quieren imitarlo. Es muy importante que sepan que como su madre no cree ser perfecta, que no pondré excusas cuando me equivoco y que soy responsable por mis acciones y reacciones, igual que ellos.
Mi marido y yo tenemos el gran privilegio de criar
a tres hijos hermosos. Y ser una madre
que se queda en casa es uno de los trabajos con mayor poder de influencia, ya
que mis niños son como esponjas y no se pierden nada. Lo ven todo, escuchan todo, detectan
todo. Saben cuando estoy siendo
hipócrita, cuando ni yo cumplo lo que digo.
Es un trabajo agotador porque es constante, todo el día todos los
días. Pero al mismo tiempo es muy gratificante
y muy transformador. Yo aprendo tanto de
mis hijos como lo que ellos aprenden de mí (¡o quizás más!). Y espero que nunca más me digan que mi cara
se parece a la del faraón (jeje).
Wednesday, January 23, 2013
Dos meses más tarde... y sigo aprendiendo...
Enero 23, 2013
¡Hoy mi bebé
cumple dos meses! Como pasa el
tiempo… Esa madrugada, llegamos al
hospital y apenas 50 minutos después de ingresar, ¡nació mi hija! ¡Es que no
podía contener sus ganas de conocer el mundo! :-)
Dos meses tiene
ya mi tercera pequeña, y tanto ha pasado en estas semanas…
Este día también
marca otra cosa: el primer día completo que no amamanto a mi hija. Puede
que pienses: “¿¿Qué?? ¿Dejar de amamantar tan rápido? ¡Qué egoísta!”
Bueno, lo diré de
otra forma entonces: en las últimas 24 horas no le he permitido a mi bebé que se
frustrara intentando sacar nutrientes de mi cuerpo ya que en la última semana
no he producido suficiente para saciarla ni en una de sus múltiples tomas
diarias. Para los matemáticos:
cantidades de leche materna decrecientes durante 6 semanas + necesidades
crecientes de mi hija = Situación No Muy Buena.
Sí, he estado
comiendo bien y tomando mucha agua.
Sí, he probado
varios métodos que se sugieren para incrementar la producción de leche
materna.
No, no soy de las
mujeres que por razones genéticas simplemente no pueden producir, ya que ninguno
de mis dos hijos mayores probó fórmula hasta los seis meses, e incluso los seguí
amamantando por varios meses después de eso.
Por ende, en esta
ocasión mi frustración y desilusión es considerable. Soy gran partidaria de la lactancia materna
como forma de crear ese lazo especial y de fortalecer el sistema inmunológico
del bebé.
Entonces, ¿qué pasó?
Bueno, cuando mi
hija tenía apenas diez días, sus niveles de bilirrubina eran altos así que la
tuvimos que ingresar de nuevo en el hospital, pasando 24 horas bajo las luces
azules y otras 12 en observación para asegurarse de que los niveles no
volvieran a subir. Mejoró rápidamente y
durante su estancia pude ir cada 4 horas a darle pecho. Pero, ella estaba tan agotada por el
tratamiento que cada vez que iba no terminaba de comer bien, quedándose
profundamente dormida. No quise sacarme
la leche que sobraba ya que tenía la esperanza de que en la siguiente toma comería
mucho más. No quería que se acostumbrara
a tomar leche en biberón, para que después no le causara un rechazo al
amamantar.
Sin embargo,
cuando ya tenía a mi pequeña de regreso en casa y con niveles de hambre
normales, no pude seguir el ritmo de sus necesidades aunque estaba dándole a
demanda. Las tres semanas siguientes
tuvo citas con la pediatra, pero cada vez estaba por debajo de donde tenía que
estar con su peso. Por ser invierno y
con todos los resfríos y la gripe, era más preocupante su bajo peso. Por tanto, la pediatra dijo que tenía que
empezar a complementar su alimentación con fórmula. Yo estaba muy pero que muy desilusionada.
Bueno, hace un
mes, mi bebé se tomó tan rápida y desesperadamente ese primer biberón que
empecé a llorar. No podía creer que mi
pequeña había tenido tanta hambre, la pobrecita. Por unos días requería un biberón diario,
pero poco a poco en el transcurso del pasado mes, esa cantidad ha ido
incrementando a la medida que mi leche materna se ha ido cortando. Y en esta última semana, me hacía ilusiones
de que seguía recibiendo algo de mí, pero sé que ya no. Así que hoy día, terminamos con esa etapa
hermosa pero demasiado corta.
Algunas
lecciones de estos dos meses:
·
Fue revelador ver a tantos adultos y niños con enfermedades crónicas cuando
llevamos a la pequeña a Urgencias, familias que frecuentemente tienen que
quedarse en el hospital a veces por semanas.
Es fácil dar por hecho la buena salud que suele tener mi familia. A veces incluso me quejo del nivel de energía
de mis hijos, y sin embargo hay niños en otros lados que no tendrían fuerzas
para correr aunque quisieran…
·
Me doy cuenta de que es muy fácil juzgar, incluso sin conocer el por qué de
las decisiones de esas otras madres, por ejemplo en temas de alimentación de
sus hijos, disciplina, educación, etc. Y por supuesto que eso se aplica a otras
situaciones generales de la vida que no tengan que ver específicamente con ser
madre. Creo que “sé” el por qué, pero si
no he tomado el tiempo de realmente escuchar y entender su situación, es muy
posible que me equivoque gravemente.
Seguramente la mayoría sólo intenta hacer lo mejor que puede con la
información, los recursos, la energía y la salud que tiene. Me da vergüenza haber juzgado tan rápidamente
a tantos sin conocer ni la mitad de lo que están viviendo esas personas ni las
circunstancias que las llevaron (o incluso obligaron) a tomar tales decisiones.
·
Al principio, me daba vergüenza decirle a la gente que había empezado a
darle fórmula a mi pequeña, ya que había estado tan orgullosa de cómo pude
alimentar a mis dos hijos mayores. ¡Como
si el mérito fuera mío! Dios ha diseñado el cuerpo de las madres
de una forma tan increíble, y ahí estaba yo indirectamente aplaudiéndome a mí
misma por algo que es un regalo inmerecido. Lógicamente, como amamantar era una fuente de
orgullo personal para mí, cuando esta vez no resultó de la misma forma me
sentía como un fracaso. Pero ahora,
mirándolo como un regalo divino, Dios lo da en algunos casos y en otros no, por
razones que sólo Él entenderá completamente.
Y tengo paz en eso.
·
Por un tiempo, quise seguir luchando contra el hecho de que la lactancia
materna no estaba dando resultados esta vez.
Pero lo que realmente necesitaba hacer era estar agradecida por las
semanas que sí se pudo y también dar gracias porque mi bebé se adaptó sin
problemas a la fórmula. Sé que ese
cambio es difícil para muchos pequeños así que es una bendición que haya dado
tan buenos resultados con mi hija.
·
Y por último, ¡la verdad es que ha sido muy bueno dejar a otros (como mi
marido y mis padres) involucrarse en la alimentación de la pequeña! Pueden participar con frecuencia en algo que yo
viví sola cuando mis dos hijos mayores tenían pocos meses. Poder
compartir esta alegría ha sido un regalo para todos. :-)
Siento la
libertad de compartir estoy hoy porque ya no siento la vergüenza que tuve hace
unas semanas por no poder amamantar bien.
Y no sólo me siento libre porque “es normal que cosas así le pasen a
algunas mujeres”, aunque sí que me alivia saber que no soy la única y que mi
bebé seguirá recibiendo lo que necesita en la fórmula.
Pero la razón principal
por la que siento esa libertad es porque, tanto si había algo más que podría
haber hecho para que hoy siguiese amamantando como si no, no soy una madre
perfecta. Incluso algunos días, con las
decisiones que tomo o las cosas que digo, ni soy una buena madre. Pero lo que sí tengo es un Padre bueno y
perfecto. Y gracias a Él, mi identidad no
depende de mis logros como madre (¡menos mal!); antes que nada, mi identidad se
cimienta en el hecho de que soy hija de Dios. Y mi esperanza es que mi bebé (y sus hermanos
mayores) diga algún día: “¡Dios es tan maravilloso! ¡Y sé que mi Mamá ama mucho
a Dios porque Él la quiere a ella aún más!”
Seguramente había
más que quería escribir hoy, pero tengo en frente la distracción de una pequeña
risueña con dos meses recién cumplidos, la cual quiere “hablar” con su Mami y
seguramente me informará de que está lista para su biberón, así que debería
irme ya. :-)
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