Sunday, April 13, 2014

¡deja que el niño pelee!



¿Qué? Qué título más absurdo, ¿no? Tal vez el punto sea algo como: “Bueno, los niños siempre son niños... Mi hijo va a querer pelear de todos modos, ¡así que tendré que aguantarlo!”

No, en realidad, ese no era mi punto para nada.  Me refería a que mi marido y yo deseamos que nuestro hijo sea un luchador.  ¿Qué? ¿¿¿Quieres que sea violento???  Ehhh, no.  En absoluto, para nada.  Y la verdad es que no me gusta nada el boxeo ni otros deportes violentos como ese (sin ofender a quienes los disfrutan... ¡simplemente no son lo mío!).  Pero sí quiero que mi hijo sea un héroe, un protector, un defensor de los inocentes.  Quiero que tenga el deseo y la fuerza de carácter para hacer frente a la injusticia y decir: “¡NO! No voy a permitir que hagas esto, ¡porque lo que estás haciendo está mal!”

Realmente creo que, por lo general, la sociedad de hoy está quitándoles a los niños ese deseo de proteger.  Al decirles siempre que no peleen, al pedirles que dejen de jugar a inventarse historias que impliquen fingir con espadas, pistolas, dar patadas, golpear, etc., creo que estamos diciéndoles indirectamente que sus deseos de ser fuertes, de ser valientes, de detener físicamente a los “malos”, de ser el héroe de la historia… que esos deseos están mal.  Les estamos diciendo que es malo querer eso, es malo tener la necesidad de sentirse fuerte y valiente.  Y con eso, estamos haciéndoles algo terrible a nuestros niños: Estamos disminuyendo la importancia de (o incluso eliminando totalmente) este instinto de lucha que es muy esencial para su hombría en crecimiento.

Por eso, lo que yo veo es que, como a muchos niños no se les anima (o aveces ni se le permite desarrollarse) en esta área, muchas veces pasa una de dos cosas: 1) el deseo de luchar se apaga, lo cual es una gran pérdida para los que están alrededor de ese muchacho cuando crezca y ya no tenga ningún deseo de conquistar ningún desafío ni de proteger y proveer para su propia familia.  O por el otro lado, 2) decide que como tiene el deseo de luchar y le han dicho que luchar es malo, por deducción él es una persona mala (usando matemáticas básicas resuelven esa ecuación estos niños). Y en este segundo caso, vemos a niños que se convierten en jóvenes que usan la violencia por el simple hecho de querer ser violentos, porque se les ha dicho que hacer eso está mal y como de todos modos ya eran malos, ¿qué más da?

Bueno, entonces ¿cuál es la solución?  ¿Permito que mi niño vaya a pelear como quiera, donde quera, cuando quiera, con quien quiera, ya que él tiene la necesidad de luchar? Bueno, obviamente no, porque eso no sería animarle a ser un protector ni un héroe.  Al igual que en cualquier otra área de la vida, tiene que ser guiado a usar sus deseos para el bien.

Por lo tanto, lo que trato de hacer es que cuando mi hijo está en medio de un juego de lucha (jugando solo, con otra persona, actuando una historia, etc.), le pregunto contra quién está luchando y por qué.  Le pregunto a quién está protegiendo, a quién está tratando de rescatar.  A veces, ya conozco las respuestas, porque escuché la explicación cuando empezó el juego.  Y otras veces percibo que está peleando sólo por pelear, así que le recuerdo nuestras reglas de juego (que son más que nada: no se puede jugar así si la otra persona no quiere, siempre hay que tener cuidado con la bebé, y la lucha se acaba cuando mamá o papá dice que se terminó).  Así que, al preguntarle sobre su enemigo y sobre sus metas en esta batalla, estoy tratando de reforzar la idea de que es bueno luchar cuando es en defensa de alguien inocente o alguien que no puede luchar por sí mismo.  Está bien y es necesario luchar por lo que es correcto.  Incluso aveces, está mal no luchar, cuando la causa sea muy importante.

A medida que crece mi niño y comienza a tomar más de sus propias decisiones, espero que este espíritu y deseo de luchar siga estando presente.  No tanto en el sentido físico (bueno, supongo que si él de mayor quiere ser un profesional de ‘kick-boxing’, será decisión suya ¡aunque yo no sea muy fan de eso!), pero me refiero más a luchas mentales, espirituales y emocionales.  Espero que pelee contra las ganas de rendirse sólo porque algo sea difícil, espero que sea capaz de seguir luchando a través de cualquier enfermedad o dolor que cruce su camino, espero que si algún día se casa y comienza una familia que tenga el deseo de luchar por su matrimonio y por sus hijos, y espero que él sea un protector y un héroe que logre conquistar en cada área de responsabilidades que Dios le dé en su vida.

Requiere una clase especial de valor y fuerza hoy en día el ser un buen hombre, un buen hermano, un buen estudiante, un buen trabajador, un buen jefe, un buen marido, un buen padre.  Mi hijo tiene un gran ejemplo de un hombre fuerte y valiente en mi marido.  Así que voy a seguir animándole a ser como su Papá, y como pareja seguiremos señalándole a nuestro hijo ejemplos de otros hombres valientes, dignos de imitar.  Y estoy segura de que algún día si se casa, ¡su esposa nos dará las gracias por haber criado a un hombre luchador y protector! (jejeje)

(Nota: La idea detrás de esta entrada no excluye a las niñas de luchar por la justicia ni de ser fuertes y valientes, ¡porque por supuesto que deben hacer esas cosas ellas también!  Y tampoco insinúo que las niñas no quieren ser protectoras también... Obviamente estas pequeñas-mamás tienen un instinto de protección muy especial que se ve claramente cuando perciben que uno de “los suyos” está en peligro de daño o de burlas, etc.  ¡Pero creo que todos estamos de acuerdo en que hay una diferencia entre esas ganas protectoras maternas y el deseo de ser heroico, conquistar al enemigo, luchar contra los malos, el cual es tan innato y que principalmente se ve en los pequeños hombrecitos!)

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