Friday, April 18, 2014

la pregunta del millón: ¿eres de cera o de arcilla?



Seguramente ya lo tienes más que claro, pero este fin de semana es cuando se celebra en muchas partes del mundo la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.  Aunque la verdad es que los que tratamos de vivir nuestras vidas conectadas siempre al amor de Dios en Jesús, ¡celebramos estos eventos todos los días!  Pero hay algo especial en un fin de semana cuando se sabe que hay gente en todos lados del planeta que están recordando y celebrando también....

Desde que era pequeña me he sentido como que en un sentido yo estuviera viendo el mundo en color mientras que muchos de mis amig@s sólo lo veían en blanco y negro.  ¿Por qué digo eso?  Porque la mayoría de las veces cuando yo he tratado de compartir con ellos sobre el amor de Dios en mi vida, me he encontrado con miradas perdidas, confusión, bromas, o incluso en algunos casos críticas y hostilidad.  Ha habido otros momentos en los cuales tuvimos a una muy buena conversación donde la otra persona mostró tener verdadero interés y curiosidad.  Pero muchas veces ha sido difícil intentar explicar algo que es tan esencial para mí como el aire que respiro, tan hermoso y real y lleno de color y de esperanza, pero que muchas veces parece que mis amig@s sólo pueden ver mis palabras como una imagen en blanco y negro a lo lejos, tal vez interesándoles un poco pero por lo general sin ver que se pueda aplicar a sus vidas.

Así que esto lo escribo para aquellos amig@s (saben quiénes son) y viene de lo más profundo de mi corazón:

Dios es real. Su verdad es real. Su amor es real. Los pecados que he cometido son reales y feísimos. Y los pecados que has cometido tú son reales y feísimos también. Tal vez a ti no te parezcan tan feos como las cosas que otros han hecho.  Tú sabes que no eres perfecto, pero también piensas que nunca has hecho nada tan malo como esas personas que realmente deciden y quieren ser malas personas.  Pero, la realidad es que incluso una pequeña gota de pintura negra echa a perder un vaso de agua.  Y a menos que el vaso de agua que es tu vida sea perfectamente puro, no podrás estar con Dios.  No importa si tu agua descolorida es más clara o más oscura, menos o más manchada, que el de cualquier otra persona a tu alrededor.  Lo que cuenta es que no es pura.  Y la realidad es que nadie tiene el vaso puro. “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”  Eso te incluye a ti.  Es tan simple como eso.

Sin embargo, tu necesidad más profunda (aunque sea subconsciente) y para lo que fuiste creado, es estar con Dios, poder amarlo y poder recibir Su amor.  Y por eso sin Él siempre habrá un vacío que no podrás llenar sin importar cuánto éxito tengas en tus estudios, en tu trabajo, en tus amistades, en tu familia, con tu pareja, con tus hijos, protegiendo a la Tierra, siendo un buen vecino, ciudadano, amigo...  Estás perdido, y en los momentos de silencio profundo seguramente te des cuenta de ello, incluso cuando intentas ignorarlo.  Las cosas que has hecho que no deberías haber hecho vuelven a tu memoria y te gustaría que hubiera una manera de borrar los errores del pasado.  Has tratado de probar diferentes ideologías que te dicen, por ejemplo, que se pueden equilibrar los errores del pasado y del presente con buenas obras futuras, o que los errores del pasado no eran realmente tan malos sino que sólo fueron lecciones de las cuales aprender, o que en realidad el bien y el mal no existen, o cualquier otro sistema de creencias. Pero en el fondo no estás seguro de que alguno de esos realmente funcione.  Porque sigue habiendo algo que falta: por mucho que haces nunca es suficiente y hay un vacío inexplicable.

Muchos de ustedes me han conocido desde hace mucho tiempo y-o han conocido a mi esposo y a mí como pareja por algunos años.  Se han dado cuenta de que somos diferentes en la forma en que vivimos nuestras vidas, como nos tratamos como pareja, como criamos a nuestros hijos, como tomamos decisiones, como pasamos nuestro tiempo libre....  Hablamos de ciertas cosas que son diferentes de lo que están acostumbrados a escuchar y hacemos algunas cosas de manera diferente a muchos otros que conocen. Y muchos nos han comentado que nos admiran como pareja, que piensan que es genial que hagamos tal y tal cosa.  Algunos de ustedes incluso nos han dicho que quieren hacer las cosas como nosotros en ciertas áreas de sus vidas.

Me alegro de que se den cuenta de esas cosas y realmente aprecio los cumplidos.  Pero, la razón por la que somos como somos y por la que hacemos lo que hacemos no es porque mi marido y yo somos personas increíbles y buenas. No, es sólo porque Dios es increíblemente bueno, y Él cambia a las personas.  El amor y la verdad de Dios nos transforman diariamente.  Él nos llena de esperanza y cambia nuestra forma de ver el mundo, cambia nuestra forma de hacer las cosas, cambia nuestra forma de tratar a las personas....  Y Él nos sigue cambiando, porque todavía tenemos un largo camino por recorrer.  No es algo que podamos hacer por nuestra propia cuenta: sólo es posible a través del perdón que nos ofrece la muerte de Jesús y la nueva vida y esperanza que traen Su resurrección.

Estos eventos que celebramos este fin de semana no son simplemente fábulas, ni cuentos para sentirnos bien, ni lecciones morales, ni una tradición bonita y conmovedora, ni tampoco son solamente páginas de un libro de historia: son relatos vivos y auténticos de momentos reales y transformadores para la humanidad.  Nos traen cara a cara con la oscuridad del pecado, el dolor de la separación de Dios, la justicia de Dios (“la paga del pecado es la muerte” así que alguien tiene que morir por mi pecado), pero finalmente el amor absoluto de Dios a través del precio pagado por Jesús.  Y eso no es algo que se aplique sólo a mi marido y a mí y a nuestra familia; se aplica a todas las personas en todo el mundo: pasado, presente y futuro.  Porque Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por .”

Sé que muchos de ustedes usan como excusa haber conocido a gente hipócrita, gente que ha usado el nombre de Dios para hacer cosas terribles, gente que dice seguir a Jesucristo y que después viven vidas egoístas y sin compasión.  Así que quizás en base a eso no quieres creer en el Dios de la Biblia; prefieres rechazarle o simplemente aceptar las partes de la Biblia que te gustan en vez de aceptarlo en su totalidad incluyendo donde dice que tú también necesitas un Salvador y que Jesucristo es el único que puede realmente salvar.  Lo rechazas porque esa gente religiosa que conoces es tan hipócrita. Sí, a mí también me da mucha pena y aveces me enoja mucho que haya gente tan hipócrita y manipuladora como los que todos hemos visto y escuchado alguna vez.  Pero eso sólo demuestra que los seres humanos necesitamos ayuda, no demuestra nada contra el amor y la verdad de Dios, los cuales nunca cambian.

El mismo Dios que hace que Su amor y verdad resplandezcan sobre mí, brilla sobre ti también. Dios no cambia; la única diferencia en este punto es la respuesta de cada uno de nosotros.  Un hombre sabio llamado Charles Spurgeon, dijo una vez: “El mismo sol que derrite la cera endurece la arcilla. Y el mismo Evangelio (las buenas noticias de lo que hizo Jesucristo) que derrite algunas personas para arrepentimiento, endurece a otras en sus pecados.”

La verdad acerca de la justicia y el amor de Dios no nos deja indiferentes.  O se endurecen o se ablandan nuestros corazones hacia Él, dependiendo de nuestra “composición”. ¿Seguirás tratando de encubrir la verdad de que necesitas a Dios, con el corazón endurecido por orgullo, autosuficiencia, justicia propia o intentos de ser indiferente frente al tema? ¿O vas a permitir que el sol ablande tu corazón, aceptando con sinceridad y humildad Su amor y perdón, y así encontrando la libertad que sólo Dios puede dar cuando hay arrepentimiento verdadero? 

Sea cual sea tu respuesta, no cambiará mi amistad ni mi cariño hacia ti; ¡NUNCA te cerraré la puerta!  Pero entre tú y Dios, es sumamente importante que consideres sinceramente todo esto, y yo diría que es la decisión más importante que tomarás en toda tu vida.

Mi amig@, hoy en este Viernes Santo, recordamos el mayor sacrificio de amor de la historia: “Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores (y por tanto sus enemigos), Cristo murió por nosotros.  Así que mi pregunta para ti es, bajo el resplandor de este amor tan maravilloso e incondicional:

¿Eres de cera o de arcilla?

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