Wednesday, January 1, 2014

¿confías en mí?



—Hijo, ¡preparémonos para salir! —le digo a mi niño de cuatro años.

¿A dónde vamos? —responde, con cara de preocupación.

—¿Sabes qué, mi niño? Sólo confía en mí y empieza a vestirte, ¿vale?

Comienza a moverse lentamente, considerando si prepararse o no para esta salida a quién-sabe-dónde.   

Mamá, ¿vamos al parque?

—Hijo…

No vamos de compras, ¿cierto?  

—Mi niño…

No iremos caminando, ¿verdad? ¿Podemos ir en el auto? ¿También vendrán Papá y mis hermanas?

A estas alturas su preocupación con los detalles ya lo ha detenido completamente y se le ha olvidado por completo que tenía que prepararse.      

—Hijo, ¿qué te pedí que hicieras? —le recuerdo. 

Que me preparara, que me vistiera —contesta mi pequeño.

—¿Confías en mí?

Sí.

—Ya, entonces confía en que te llevaré a algún lugar bueno y seguramente donde te divertirás, y no te preocupes por los detalles ahora mismo.  Sólo obedece y haz lo que te pido, ¿de acuerdo?

Sí, Mamá —responde, aunque veo en su cara que aún no está seguro de esto de prepararse para ir a un destino desconocido. 

No es la primera vez que hemos tenido este tipo de conversación, sobre ir a alguna parte o sobre recoger sus juguetes o sobre cuál es el plan para el día…  Aveces sí que le doy detalles de lo que haremos y otras veces no le molesta el no saber.  Pero con el nivel de energía que tiene hoy, sé que si le cuento ahora a qué parque iremos, la emoción no le permitirá enfocarse bien en vestirse y prepararse para salir. 

¡Ay!  ¿Por qué no puede confiar en mí, sabiendo que el destino de la salida y los detalles serán buenos, que yo sé qué le gusta y qué no, qué necesita y qué no, que sólo quiero bien para él?  

Al reflexionar sobre la frustración de convencer a un niño de cuatro años de que su madre tiene buenas intenciones y que se puede fiar de mí, escucho otra voz:

Hija, sígueme.

—¿A dónde, Dios?  

No tienes que conocer el destino ahora mismo, solo toma el siguiente paso de obediencia en esta situación específica. 

—Pero no puedo ver lo que hay más adelante por este camino…  Aún no he considerado cuidadosamente todos los pros y los contras, y como todos sabemos ¡eso es lo que hay que hacer para tomar una decisión responsable!  Tengo que analizar bien las cosas para asegurarme de que por este camino lograremos los resultados que necesitamos.

Kris, ¿qué te he pedido que hagas con tus hijos?

—Bueno, veamos: que los ame, que les enseñe en las formas que yo pueda según los talentos que me has dado, que los corrija y discipline en amor y constancia, que me divierta con ellos cada día…  

Vale, entonces…

—Claro, pero tantas veces no estoy al 100% segura de los métodos específicos que usamos, si estamos haciendo las cosas bien, si los niños están aprendiendo y desarrollándose de la forma que deberían…

Si el método elegido es o no el perfecto para tus hijos no es la raíz de tu problema ahora mismo.    

—Pues ¿cuál es el problema?
  
—Falta de confianza en Mí.  

—¿¿Qué??  ¡No!  ¡Confío completamente en Ti, con mi vida y la de mi familia, y eso te lo digo muy amenudo!

Sí, lo dices mucho, pero si de verdad lo crees, pues demuéstralo con tu vida, dejando tus preocupaciones en Mis manos cada momento del día en lugar de intentar encontrar la fórmula perfecta de crianza para tus hijos y el sistema de enseñanza infalible.   Deja de estresarte con resolver todos los detalles del futuro y usa esa energía para amarles hoy de la mejor forma que puedas, tanto si ellos reaccionan de la forma que deberían como si no, y aunque no logres cumplir todo lo que tengas en tu “lista” para el día.  Déjame los resultados a Mí. 

—Quiero poder confiar en Ti a ese nivel, de verdad que lo quiero… ¡Pero no sé cómo vivir cada día sin tener un plan, sin considerar las opciones y las consecuencias, sin tener metas y estrategias de cómo alcanzarlas!  

Hija mía, ninguna de esas cosas es mala de por si.  Yo te he creado como una pensadora.  Pero…

—¿Pero qué, Señor?

Si esos pensamientos y planes hacen que te estreses y desesperes, entonces no estás realmente confiando en Mí ni dejando en Mis manos los resultados.  Al igual que tu hijo de cuatro años, no te enfoques tanto en los detalles de lo que se viene que te distraigas del siguiente paso de obediencia que te pedí que tomaras.  Confía en que tengo planes buenos para ti y tu familia.

Así que, aquí está mi resolución personal para este año nuevo:
“Confía de todo corazón en el Señor
y no en tu propia inteligencia.
Ten presente al Señor en todo lo que hagas,
y él te llevará por el camino recto.” (Proverbios 3:5-6, DHH)

[Esto lo escribí en enero de 2013, antes de haber empezado este blog, así que quise compartirlo aquí para este Año Nuevo.]

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