Aprendí una lección cultural y espiritual en
estos últimos días:
Hace un par de semanas, mientras regaba en
frente de la casa, un grupo de niños iba pasando y se notaba que habían estado
jugando a fútbol, y uno de ellos se me acercó y me pidió agua. Me pilló totalmente por sorpresa y no
estaba segura de lo que quería decir. “¿Cómo?” le dije. Y me volvió a preguntar: “Por favor, ¿puedo
tomar un poco de agua de su manguera?”
Le respondí que por supuesto que podía, así que bebió un poco, me dio
las gracias y se fue con su grupo de amigos.
Me sorprendió ese día encontrarme con esta
costumbre que no había visto antes aquí: Si tienes sed y ves a alguien regando,
puedes pedirle agua, y eso es algo normal. ¡Qué genial! Como yo había vivido en apartamentos casi toda mi vida, esto fue
algo nuevo para mí.
¿Me
puede dar un poco de agua? Es una petición tan básica, pero con
aplicaciones profundas...
Después de esa experiencia, decidí que nunca
más quería que alguien me pillara por sorpresa con esa pregunta, y al mismo
tiempo quería hacer el esfuerzo de sonreírles a los niños y jóvenes que pasan caminando
en el calor del verano después de practicar los deportes, para que sintieran la
libertad de acercarse. Me comprometí a ser más consciente de los que pasan por
en frente de nuestra casa cuando estoy regando y a prestarles atención a aquellos
que podrían tener sed, incluso antes de que pidieran agua. O por lo menos esa
era mi intención.
Unos días más tarde, estaba regando de nuevo y
atenta (más o menos) por si pasaban jóvenes deportistas. Pero al mismo tiempo estaba distraída
pensando en todas las cosas que tendremos que hacer en los próximos meses, pensando
en los proyectos y sueños para este año que viene... Bueno, honestamente habían empezado como pensamientos y
planificaciones, pero rápidamente pasaron a ser estrés y preocupaciones (esa
transición mental es una tendencia frecuente mía).
Bueno, mientras regaba y me preocupaba, de
reojo vi a dos mujeres jóvenes, de unos 18-20 años, caminando hacia mí por la
acera (vereda). Incluso a la distancia podía escuchar su conversación alta y
molestosa: “¿Sabes lo que quiero decir? Es que él no me entiende. BLA BLA BLA.”
“Sí, te entiendo perfectamente. BLA BLA BLA.” Venían hacia mí, casi gritándose al hablar, ocupando toda la
acera y aparentemente inconscientes de cualquier persona o cosa a su alrededor.
Qué típico, pensé. Ellas son el centro de su propio universo, con
la última moda y sus conversaciones tan importantes.
Cuando casi llegaban a donde yo estaba, hice
el esfuerzo de salir completamente de su camino, casi pisando el césped (pasto)
que estaba regando, y evité mirarles a la cara. No porque me sentía intimidada, sino simplemente porque yo
estaba haciendo lo mío y ellas iban en lo suyo, así que quería asegurarme de
que no nos molestáramos.
Hasta ese punto, yo había sido muy constante
con lo de sonreírles a las personas que pasaban caminando, pero dudaba que
estas dos jóvenes habrían visto mi sonrisa, así que no me molesté en
ofrecérsela. Sin embargo, cuando
estaban a un par de metros, ¡me di cuenta de que
una de las jóvenes seguía caminaba directo hacia mí! ¡¿Qué?! Les di básicamente todo
el espacio disponible para pasar, ¿¿pero aún así va a invadir mi espacio súper-reducido
con su actitud prepotente e inconsciente del mundo a su alrededor??
De repente, mis pensamientos de juicio fueron
interrumpidos por una voz: “¿Me podría dar un poco de agua?” Levanté la vista rápidamente,
sorprendida una vez más por la misma pregunta. “¿¿Qué??” Al escuchar
la palabra salir de mi boca, me di cuenta de que mi tono puede haber comunicado
frustración por la interrupción, cuando en realidad sólo estaba sorprendida y
dudaba de que ella realmente me estuviera hablando a mí.
“¿Me podría dar agua, por favor?” Me preguntó
de nuevo la joven, sin molestarse con el tono de mi respuesta. “¡Por supuesto, sin problema!”, le contesté con más entusiasmo esta vez.
En lugar de beberla, metió su mano en el agua y procedió a mojarse el pelo y los
bordes de la cara con el agua. “¡Muchas gracias! ¡Es un día de mucho
calor!” me dijo, antes de continuar con su amiga y su conversación en voz muy
alta. “De nada!” le respondí
automáticamente, mientras pensaba: Nota a
mí misma: Incluso las personas que parecen tener todo resuelto en la vida siguen
necesitando agua a veces.
¿Me
podría dar un poco de agua? ¡Que vergüenza me da! La gente no debería tener que acercarse a mí, con
mi espalda hacia ellos, y entrar en mi mundo, interrumpiendo mis pensamientos
de preocupación, para pedirme agua. Yo debería ser amigable y consciente de aquellos que podrían
tener sed o la necesidad de refrescarse. Debería estar luchando contra la
tendencia de estresarme con pensamientos no productivos, no sólo porque nada
bueno proviene de la preocupación o el estrés, sino también porque las
oportunidades para ser de bendición se pierden cuando malgasto el tiempo en ese
mundo negativo de la mente.
Y por supuesto que no estoy hablando sólo de
dar de beber agua física u ofrecer una manera de refrescarse un poco en un día
caluroso de verano. Más que nada me estoy refiriendo a ofrecer agua viva a los
que me rodean, con mis palabras, sí, pero también con mis actitudes y acciones:
Dios dijo: “Mi pueblo… me han abandonado a
mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas
que no retienen agua.”(Jeremías 2:13) Mi estrés, preocupación y egocentrismo no puede retener agua
, ni para mí ni para nadie más. Son
una pérdida de tiempo y energía, algo sin sentido, al igual que una cisterna
rota.
Jesús le respondió a la mujer samaritana en
el pozo: “Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está
pidiendo agua, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.” (Juan
4:10) ¡Si sólo abriéramos nuestros ojos, Dios está gratuitamente
y generosamente ofreciéndonos de Su agua viva y eterna, todos los días!
No sólo eso, sino que Él desea que Su fuente
eterna se convierta en parte de lo que somos nosotros también: “De aquel que cree
en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.” (Juan 7:38)
No puedo producir este río de agua viva en mí
misma. No tengo suficiente dentro de mí por mi propia cuenta para poder
derramar sobre los que me rodean. Fácilmente me quedo seca. Yo no soy una
fuente de por mí misma.
“Como el ciervo brama por las corrientes de
agua, así clama por ti, Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.” (Salmo 42: 1-2) Sólo Dios puede realmente satisfacer,
sólo Él puede saciar mi sed y sólo Él puede ayudarme a ser un manantial de agua
que bendice a mi familia, amigos, vecinos y los demás a mi alrededor. Quiero
ser de bendición, quiero ayudar a saciar la sed de los demás, y para hacerlo
necesito más de Él. Necesito estar siempre conectada a la Fuente Verdadera.
Dios,
¿me podrías dar un poco de agua?
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