Monday, February 3, 2014

para hacer en el 2014: respirar hondo


Compartí hace un mes que siento el desafío personal de hacer que este año sea uno de acción, no sólo palabras baratas; que es tan importante realmente comprometerme con lo que es necesario, hacerlo bien, y no comprometerme con cosas que no debería.

Por tanto, hoy quería compartir mi lista personal y práctica de metas para el 2014, ya que estamos en febrero (jejeje):

• Ser una fuente de apoyo y aliento para mi marido diariamente: escuchando cómo fue su día, cultivando una apariencia agradable para él, siendo amable y cariñosa, estando atenta y disponible cuando él esté en casa (¡no sólo dándole su propia lista de tareas para la tarde-noche!),

• Organizar las clases de este año escolar para nuestros hijos y llevar a cabo esta educación en casa bilingüe,

• Asegurarme de que todos estén alimentados de forma saludable y equilibrada en los horarios adecuados (que obviamente implica también mantener una lista de compras al día, porque si no hay comida en la casa, ¡estamos en problemas!),

• Mantener la casa relativamente limpia y ordenada, dentro de lo posible (la definición exacta de esto, con tres niños pequeños, es flexible obviamente, jeje),

• Perder 15 kilos y ponerme en forma mediante dieta y ejercicio (sí, a pesar de que nadie me cree, es lo que necesito adelgazar para estar donde debería, ¡así que dejémoslo ahí!),

• Responder a los correos electrónicos relacionados con la familia y el ministerio sin dejar pasar mucho tiempo,

• Estar atenta a los problemas de disciplina, las oportunidades de aprendizaje, la seguridad, etc., las 24 horas al día para tres pequeños que se lo pasan súper bien jugando juntos (la mayoría del tiempo), pero que no siempre están de acuerdo en el “cómo” ni “cuándo” ni “dónde”,... sin que yo llegue a gritarles, ni disciplinar con demasiada severidad, ni ignorar el problema por flojera, ni distraerme con cosas secundarias,... sino que pueda guiarlos y corregirlos en el amor y la verdad de Dios,

• Enfocarme en vivir una vida llena de alegría, que también le traiga alegría a mi marido y nuestros hijos al interactuar con ellos de maneras divertidas y creativas.

Bueno, ¡suena bastante simple!  Jaja, buen chiste.  Incluso escribirlo me cansó, sin hablar siquiera de llevarlas a cabo en el mundo real.  Pero sí que son mis metas reales para el 2014.  Y es que la lista de este año está limitada a las cosas que son realmente importantes para el bienestar de mi matrimonio, familia, salud, etc., pero igual aveces me parece un poco abrumadora.  O más que abrumadora, considerando el hecho que no he cumplido bien con mis metas en años pasados, confieso que hay momentos de duda de que esta vez realmente será diferente.

Pero hasta este punto después de este primer mes, las cosas han ido bastante bien (menos unas pocas ocasiones de tener que decir ‘borrón y cuenta nueva’). No las estoy cumpliendo perfectamente y sé que no lo haré al 100% durante todo el 2014 (me conformaría con perder 14 kilos, jejeje). Pero al final del año, tengo muchas ganas de poder mirar hacia atrás y decir: “Mi ‘sí’ fue ‘sí’ este año. Lo que me comprometí a hacer se logró; no fue simplemente otra promesa vacía.  ¡Realmente pasó!”

Pero para serte completamente honesta, hay otra cosa en la lista este año, en el primer lugar, y ha sido la clave del progreso con las otras tareas hasta este punto.  Aunque, decir que está “en la lista” es casi tan absurdo como decir que “respirar” está en la lista. Porque es importantísimo.  Y aunque toda la vida siempre he sabido lo importante que es y todos los años ha estado en mi “lista”, por lo general he terminado por descuidarla, dejarla a un lado, o cambiarla de algo primario a algo secundario. Lo cual ha tenido efectos muy negativos en todos los demás ámbitos de la vida. Esta “meta” es:

• Tener un tiempo de devocional personal y alabanza a Dios todas las mañanas.

Ya, lo confesé.

En los últimos años, y especialmente desde que soy madre, he sido muy inconstante en pasar tiempo cada día orando, leyendo la Biblia, o realmente adorando a Dios...  He pasado por temporadas donde lo hago de forma diaria por un tiempo, y después pasa a ser más mecánico que relacional (como simplemente cumplir con algo de la lista) debido al cansancio, estar súper-ocupada, frustrada, o incluso rencorosa.  Luego ha pasado de ser algo diario a ser sólo de vez en cuando, cuando no pueda más con la vida, como un respiro desesperado para sobrevivir.

Siempre supe que tengo que estar conectada con Él de una manera viva, fresca y constante, pero la realidad es que muchas veces he actuado si yo pudiera vivir en mi propia fuerza algunos días, algunas semanas, incluso algunos meses o años.  Esto es absurdo por dos razones: 1) porque no puedo hacer nada que realmente valga la pena por mi propia fuerza (mi orgullo machacado ha visto esto muchas veces, especialmente en el último año), pero más allá porque 2) no se trata de encajar a Dios en mi agenda súper-ocupada. Se trata de que yo encaje en Su agenda.  ¿Y cómo puedo saber realmente cuál es Su agenda (ej: Sus planes, Su forma de guiarme, Sus bendiciones), a menos que pase tiempo con Él cultivando esta relación?

Siempre supe esto, teóricamente. Yo acepté la muerte de Jesús por mis pecados con apenas 4 años y he creído fielmente en Él desde entonces.  He estado en el ministerio toda mi vida, como hija de misioneros y como misionera ya de adulta.  Y siempre les he aconsejado a otros sobre la importancia de tener un rato devocional en la vida diaria. Sin embargo yo misma he estado descuidando este aspecto fundamental de la vida. Y esta falta ha producido un entorno en el que mi meta ha sido intentar sobrevivir en el ámbito emocional y espiritual en lugar de realmente vivir y crecer.

Independientemente de lo muchísimo que me anima, apoya y ama mi marido, y a pesar de lo gratificante que es ser madre de tres niños dulces, inteligentes, lindos y divertidos, esos puntos altos emocionales al sentirme realizada y saber que otros me necesitan y me aman, etc., no son suficientes para satisfacer las necesidades más profundas del alma.

Todo lo que tengo en mi “lista de tareas” de arriba es importante.  Son cosas que sé que debo hacer como mujer, esposa y madre.  Son cosas que Dios quiere que yo haga.  Pero no deberían ser realmente mi primer enfoque: Mi meta #1 debe ser “respirar”.  Y cuando estoy respirando como debería (viviendo conectada a Dios cada día de forma activa), esas otras cosas serán productos de la energía recobrada en esas respiraciones profundas.  Sí, las otras metas seguirán requiriendo planificación y acciones decididas, ya que ¡ser una esposa y madre a tiempo completo no es para las débiles (jejeje)!  Pero cuando me acuerdo constantemente de la verdad de que el Dios que creó el universo me ama, acepta, perdona y guía, Su Espíritu también me alienta, me convence y me habilita para hacer lo que hay que hacer.  No con una mentalidad de “debo hacer”, sino que “puedo hacer, tengo el privilegio de hacer”, como resultado del amor.  Porque estar conectada siempre al amor verdadero es así de hermoso y motivante.

Tal vez pienses que es genial que por lo general siempre termino con algo sobre Dios.  O tal vez te molesta o te confunde.  Pero la verdad es que tengo que terminar con eso, porque de lo contrario te estaría engañando.  Si escribiera algo como: “He estado luchando con ser la mamá-esposa que debería ser, pero ahora psicológicamente me he convencido de la importancia de hacer estas cosas específicas, ¡así que cambié yo misma!”, o algo como: “Me ha costado motivarme a mí misma para ponerme en forma, ¡pero ahora todo eso ha cambiado desde que descubrí mi increíble fuerza interior y auto-control”, te estaría mintiendo.  Tal vez tú puedes cambiarte solo a ti mismo.  Pero yo definitivamente no puedo.  Claro, puedo hace cambios por un día o una semana o un mes, pero después siempre regresan las viejas tendencias, respuestas automáticas, y los malos hábitos. Vuelven a establecerse la derrota, la desesperación y el miedo al fracaso.  A no ser que me quede conectada a Jesucristo y deje que Él me siga cambiando.

Eso no quiere decir que yo ya nunca jamás vuelva a un mal hábito, porque a veces todavía me tropiezo y caigo o me olvido temporalmente de mis compromisos.  Pero lo que sí es cierto es que es un proceso en el cual esas viejas tendencias son cada vez menos frecuentes: cuanto más cerca me mantengo a Jesús en una relación real y activa (no sólo una rutina mecánica que cumplir cada día ni tampoco algo que sólo pasa en los días cuando lo “sienta”), más lejos estoy de volver a esos malos hábitos y menos tentadores son también.

Por eso siempre tengo que terminar hablando de Jesús.  Porque sin Él, en serio que estoy totalmente perdida sin poder cumplir con mis promesas, con miedo constante al fracaso como esposa y madre, con orgullo en éxitos falsos que siempre terminan en caídas dolorosas, y las mismas locuras de siempre.  Sólo por la gracia de Dios y con Su fuerza puedo ser la mujer, esposa y madre Él me ha llamado a ser.

Así que, ¡a seguir respirando hondo!

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