Hace un
par de meses compartí en una entrada sobre mis problemas
de audición, y poco después el tema surgió de nuevo en una conversación con
unos amigos: Estábamos hablando de una amiga en común que tiene problemas de
oído, incluyendo el tinnitus (zumbido en los oídos), y en ese contexto alguien
me preguntó si alguna vez he sufrido de zumbido en mi oído, ya que tengo
pérdida de audición. Le contesté que sí me pasa de forma bastante cotidiana, pero que ya estaba acostumbrada a ese ruido.
Todos parecían estar sorprendidos, pero luego empezamos a hablar de otras cosas
y cambiamos de tema.
Realmente
no volví a pensar en esa conversación hasta hace
una semana cuando estaba tratando de tomar una siesta y el zumbido en mi oído
no me dejaba dormir. (Esto me sucede con bastante frecuencia, especialmente si
tengo mucho en la cabeza, si estoy estresada o molesta por algo, y esos
factores hacen que el zumbido sea peor. Por eso con el paso de los años he
llegado a asociar el tinnitus con esos otros factores y de alguna manera se me
había olvidado que no todos sufren con ruido en el oído cuando están estresados
o enojados, etc., y que en realidad es un problema.) En este día en particular,
después de mi intento no exitoso de siesta, mi esposo me preguntó por qué no
había podido dormir. Me di cuenta de que por lo general respondo a esa pregunta
con algo como: "Porque mi mente no paraba", que para mí incluye
también ese ruido molestoso casi parece ser producido por mi mente, pero no
necesariamente lo entendería así otra persona. Así que decidí ser más
específica en esta ocasión y le contesté: "No me dejaba dormir el zumbido
en mi oído". Esto sorprendió mucho a mi marido, ¡porque
después de ocho años y medio de matrimonio no sabía que el tinnitus es algo que
me afecta de forma habitual!
¿Y cómo
iba a saberlo él? Honestamente, ¡nunca se me había ocurrido expresarlo! Es algo con lo cual he vivido
la mayor parte de mi vida, pero no me había dado cuenta de lo raro que es ni
pensaba en el ruido conscientemente (y, de hecho, pensar en ello hace que lo
escuche más fuerte). No es algo que sea devastador ni doloroso, pero a veces es
molestoso y estresante, y obviamente puede llevar a la pérdida de sueño e
irritabilidad.
Pensando
en esto durante la última semana, he conocido a muchas personas que tratan a discapacidades
o problemas físicos-mentales-emocionales con una de dos posiciones extremas:
- Por
un lado están aquellos que definen sus vidas (o las de otras personas) por sus
discapacidades, enfermedades, etc. Básicamente, ellos son su debilidad, tal vez no diciéndolo de esa manera, pero así es
como actúan y se relacionan con los demás. Estas personas parecen ser víctimas
perpetuas de sus limitaciones, tendencias, personalidades o trastornos, y
animan a otros a hacer lo mismo.
Todo lo filtran a través de sus problemas.
- Por
otro lado, hay quienes dicen que tienes que orar o hablar positivamente para
que desaparezcan tus problemas, o bien ignorarlos totalmente: “Cualquier enfermedad,
discapacidad o limitación es malo”, “El deseo de Dios es que nunca te enfermes
o tengas luchas”, “Si sólo mantuvieras una actitud positiva o ignoraras lo
negativo, desaparecería el problema”, “Si estás enfermo/discapacitado, entonces
o bien no tienes suficiente fe en Dios o no tienes suficiente fuerza de
voluntad mental para mejorarte”.... y así sucesivamente.
Ahora,
yo creo firmemente en el poder absoluto de Dios. Él es capaz de sanar. He orado
por la sanidad y lo he visto pasar muchas veces. Pero la verdad es que a veces Dios
no sana, por razones que sólo Él conoce. Pablo nos expresa esto mismo cuando
cuenta que él le pidió a Dios tres veces que le quitara un problema físico
personal que tenía, y la respuesta de Dios fue: "Mi gracia es suficiente
para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad." A veces nuestras
debilidades, nuestras discapacidades, son lo que mejor transmiten Su poder. Con
los años y la intensidad que he pasado orando (y otros conmigo) sobre mis
problemas de oído, sinceramente creo que por ahora esta situación entra en esta
categoría y me aferro a la promesa de que el poder de Dios se perfecciona en mi
debilidad.
Al
mismo tiempo, reconocer y aceptar que a veces problemas físicos-emocionales son
parte de Su voluntad para mi vida no significa que debería adoptar una
mentalidad de víctima. No me defino por mis problemas en el oído u otras
dificultades, sino más bien por el hecho de que soy hija de Dios, soy redimida,
Él tiene un plan para mí y hace que todo obre para mi bien.
Cuando
Jesús oró en Getsemaní y le rogó a Su Padre si había alguna otra manera, si podía
evitar esa copa de sufrimiento que estaba a punto de beber, la respuesta fue no,
no había otra manera. Debía pasar así: a través de la debilidad, el sufrimiento
y la muerte, serían revelados el poder absoluto y la vida eterna. ¡Parece tan al revés, tan contradictorio, parece incluso ser una
actitud odiosa por parte de Dios Padre al tratar a Su Hijo de esa manera!
Pero el
amor de Dios y Su perfecta voluntad van más allá de cualquier cosa que podamos entender
o imaginar. Dios permitió el sufrimiento para traer sanidad y vida, utilizó la
humillación para finalmente traer exaltación, y sigue trabajando de estas formas
hoy día. Seguramente en el Viernes
Santo no parecía estar pasando nada bueno, ¡pero la Victoria
ya venía en camino!
Por
eso, cada día tengo una opción (y tú también la tienes): Puedo optar por
ignorar mis problemas o convertirme en una víctima de mis problemas, o puedo hacerlos
frente y vivir en victoria a pesar de mis problemas (¡y muchas
veces incluso gracias a ellos!).
Yo, por
mi parte, escojo no vivir negando la existencia de mis luchas ni definiéndome
por mis limitaciones tampoco, sino que decido vivir en el poder de Dios, a
pesar de y través de cualquier dificultad. Si Dios quiere sanar mi oído de este
zumbido que afecta mi sueño y produce estrés, acepto plenamente Su sanidad y
continuaré orando por esto, mientras también investigo posibles opciones de
tratamiento. Pero si Él no me sana en esta área y no encuentro tratamiento que me
funcione, seguiré viviendo en victoria y dando testimonio de Su amor. Dios es
bueno, y cualquier lucha que Él permite en mi vida tiene un propósito, es para
mi crecimiento, es para Su gloria y para la bendición de los que me rodean. No
quiero perder esas oportunidades para bien al negar que haya una lucha o al
tomar una actitud de 'pobre de mí'.
La
gracia de Dios es suficiente para ti también, y Su poder se perfecciona en tu
debilidad. ¡Tus luchas físicas, emocionales, psicológicas o espirituales no están
más allá del alcance de Su amor! ¡En Él hay esperanza y propósito eterno! Para los que hemos aceptado la
salvación de Dios en Jesús, seamos portadores de Su esperanza y gracia para los
que nos rodean también, los cuales seguramente tengan luchas personales que
desconocemos. En el 2015, compartamos la verdad y el amor de Dios con las
personas que ha puesto en nuestras vidas, no porque tengamos todas las
respuestas, sino porque Él sí las tiene!
¡Feliz Año Nuevo!
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