Thursday, March 28, 2013

tiempo de descanso para la mente


Casi todas las mañanas, mi marido y yo les decimos a nuestros hijos mayores que tengan un rato de descanso en sus habitaciones por unos 30-45 minutos.  Esto no tiene nada que ver con castigos por desobediencia: simplemente le da a nuestra hija un rato a solas y le ayuda a nuestro hijo a tranquilizarse un poco, lo cual ayuda a que el resto de la mañana sea más divertida y agradable.   Generalmente uso ese tiempo para avanzar con tareas domésticas, pero si estoy muy cansada para estar de pie, escribo algunos emails o me pongo a organizar cosas en mi ordenador.  Suele ser un rato productivo para mí: algo se cumple y tacha en la lista de quehaceres.  

Sin embargo, me he dado cuenta (con la ayuda de mi marido) de que no sé cómo descansar.  Bueno, le digo a mis niños que necesito un descanso cuando estamos jugando algo físico y me agoto.  Y otros días decido que en lugar de barrer el suelo cuando estén durmiendo siesta, yo también debería dormir un ratillo.  Pero en ambos casos lo único que estoy admitiendo es mi cansancio físico.  Lo que no sé hacer es apagar mi mente, tomar un descanso de pensar o analizar o estresarme o planificar o intentar ver cómo podré eliminar todas las cosas de mi lista interminable para el día.      

Solía pensar que soy una persona relajada, porque no tengo energía inagotable, corriendo de un lado para otro todo el tiempo, como algunos parecen estar haciendo. Seguramente parezco ser una persona bastante calmada para ser madre de tres hijos pequeños.  

Pero en el último año me he dado cuenta de que soy trabajólica: cuando no es trabajo físico, es mental.  Y es que no paro.  Tampoco descanso mucho mientras duermo porque sueño toda la noche y me despierto muchas veces cansada de lo mucho que parecí trabajar mientras soñaba. ¡Incluso de vacaciones mi marido me tuvo que decir una y otra vez que me relajara y no me estresara al planificar y organizar actividades “divertidas” para la familia! 

Os voy ser muy honesta: este año le he dicho muchas veces: «¡Debo dejar de tener que pensar tanto! ¡Es muy cansador!», pero la verdad es que no he hecho ningún cambio significante para descansar la mente o desconectarme de forma habitual.  Con la excepción de las situaciones en las que mi marido me ha dicho: «Ya, no analices más la cosa ahora mismo, ¿vale? ¡Necesitas descansar la mente!», yo por mí cuenta no he visto la necesidad de desconectar. ¿Por qué no?  Pues, porque subconscientemente lo he considerado como un punto fuerte mío.  “Hay tanto que puedo hacer, analizar, planificar, tantas cosas con las que puedo ayudar… ¡No quiero frenar la mente y perder el impulso que llevo!”  

Pero en realidad, eso es arrogante y tonto, pensar que de alguna forma es mi trabajo encargarme de todo sin designar tiempo para descansar y desconectar.  Como si el mundo fuera a derrumbarse si dejo de analizar por un tiempo y disfruto tranquilamente de la vida.  Y al decir descanso mental me refiero a, por ejemplo, poder jugar algo simple con mis hijos sin tener que analizar al mismo tiempo si sus habilidades en este juego están donde deberían estar para cuando entren en preescolar o si no les estoy preparando bien.  O, poder disfrutar de ver un concierto o algo en la tele por la noche con mi marido sin tener que planificar el día siguiente en mi mente justo en ese mismo rato. “Todo tiene su tiempo…”

Hay un versículo que dice: «Estad quietos y conoced que yo soy Dios…» (Salmo 46:10), y normalmente pienso en este versículo en tiempos de lectura y oración, porque me anima a estar quieta en su presencia.  Pero, viendo el contexto, el salmo entero está hablando de que Dios es nuestro refugio y fortaleza, que no tenemos que temer porque Él hace que guerras cesen (incluso en mi mente) y Él será exaltado en toda la tierra.  Así, tomando en cuenta el contexto, otra forma de decir el versículo 10 sería: «¡Relajaos!  ¡Acordaos de que tengo todo bajo control!»

Por tanto, voy a empezar a tener un rato de descanso mental cada día (como el descanso que obligamos a nuestros hijos a tomarse) donde no hay nada que lograr, nada que hacer de la lista, nada que analizar, solo relajarse y disfrutar de la vida.  

Y la razón por la que quise compartir estos pensamientos ahora es porque este domingo es el Domingo de la Resurrección.  ¡Es un recordatorio claro de que Dios ya lo ha cumplido todo y pagó por mi libertad (incluyendo la libertad de preocupación y estrés)!  Jesucristo sudó sangre para que yo no tenga que hacerlo; Jesucristo sufrió la separación de la paz y el gozo de su Padre para que yo nunca tenga que estar separada de Él; Jesucristo murió por mis pecados para que yo pueda vivir en victoria; Jesucristo se levantó de los muertos venciendo a la mentira que dice que mi futuro está lleno de interrogantes e inseguridad. 

¡Puedo descansar porque mi Salvador vive!

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