Saturday, July 27, 2013

conexión desconectada



Confesión: No sé si te ha pasado alguna vez, pero hay días en los que me cuesta mucho desconectarme del ordenador.  Entre que me gusta ver las últimas noticias o leer artículos y blogs, buscar consejos sobre temas específicos relacionados con la familia, ver fotos y estados de amigos y familiares en Facebook, etc..., la verdad es que soy adicta a estar conectada e informada.

Aunque mi intención siempre es conectarme por sólo unos minutos para investigar o ver algo específico, lo de ‘unos minutos’ suele terminar siendo mucho más tiempo de lo que pretendía. Un blog me lleva a un artículo que me recuerda a algo más que quería revisar, después pienso ‘a ver si tal amiga puso nuevas fotos de su bebé’, y también ‘a ver como les fue a esos amigos con tal cosa que iban a hacer’, y termino leyendo otro blog o noticia… y de repente ha pasado toda la mañana o tarde y no terminé las tareas domésticas que tenía pendiente o los niños llevan mucho tiempo jugando sin supervisión involucrada o mil otras cosas que podría haber hecho y que no hice porque estaba ‘conectada’. 

Ahora, ninguna de las cosas que hago en el Internet es mala. Pero esa siempre ha sido la excusa: “¡No estoy realmente perdiendo el tiempo! Estoy manteniéndome en contacto con la gente y viendo lo que están haciendo o investigando algo importante o manteniéndome informada de las últimas noticias o buscando nuevas ideas para hacer cosas específicas con los niños…”. El problema es que la mayoría del tiempo, el asunto no es escoger algo malo en lugar de algo bueno, es escoger hacer algo bueno en lugar de algo mejor, escoger algo que podría estar bien pero en el momento equivocado o por demasiado tiempo.

 Me encanta buscar nuevos consejos, nueva información, nuevas cosas que animan o desafían, etc., y usarlos para vivir una vida plena como persona, esposa, madre, amiga, de la mejor forma que pueda.  Pero lo que ha estado sucediendo es que he pasado más tiempo acumulando información que realmente poniendo ese conocimiento en práctica.  Llevo ya varios meses viendo esta tendencia y en diferentes ocasiones le he confesado a mi marido que tengo que pasar menos tiempo en el Internet.  Cada vez, él me ha dado buenos consejos y me ha animado en mis esfuerzos por mejorar en esta área.  Pero aunque algunos días parece que estoy mejorando, otros días va mal la cosa.

¿Es el Internet el problema? ¿Tiene la culpa la tecnología por su capacidad de atraerme y hacer que me desconecte de lo que debería estar haciendo, de otras cosas que tienen mayor importancia en ese momento? No, por supuesto que no. El Internet y la tecnología en general han sido enormes bendiciones, ayudándonos como familia a mantenernos en contacto con amigos y familiares en todo el mundo, tener acceso rapidísimo a muchísima información súper práctica, ¡y entreteniéndonos de formas muy divertidas!

No, el problema soy yo: Ahora mismo me está costando mucho tener control propio en esta área.  Y no puedo seguir fingiendo que esta dinámica de simplemente pensar ‘hoy realmente trataré de pasar menos tiempo en el ordenador’ va a cambiar algo. Tengo que tomar una decisión más fuerte y que se pueda medir de alguna forma para realmente empezar a cambiar esta tendencia personal.  Porque sé que puedo dar más para mis hijos, mi marido, mi salud personal, pero estoy muy distraída ahora mismo y me está costando concentrarme en las cosas que realmente deberían de ser mis prioridades.

Por eso, he decidido que este mes de agosto será mi primer "Mes sin Internet": sin Facebook, sin el buscador de google, sin leer noticias, artículos, blogs… ¡Nada durante 31 días!

¿Creo que esto resolverá todos mis problemas? ¿O que quitará toda tentación posible que pueda hacer que ‘pierda el tiempo’? ¿O que causará que tenga un mes súper productivo, bien conectada a mi familia y a otras personas que me rodean?  No, seguirán habiendo problemas.  Siempre habrá nuevas tentaciones y maneras de perder el tiempo o malgastarlo.  Y ser productiva, estar atenta y estar conectada con los que me rodean seguirá siendo decisión mía cada día y en cada momento.  El Internet no me ha quitado la capacidad de decisión, pero no tener esa distracción personal durante un mes me ayudará mientras trato de re-enfocarme y volver a ordenar mis prioridades en la vida.

La vida es corta y no la quiero gastar eligiendo algo ‘bueno’ en lugar de lo ‘mejor’.

Así que, ¡me largo en unos días!  Nos vemos de nuevo por aquí en septiembre, ¡a no ser que te vea en persona durante este tiempo de desconexión!

disconnected connection



Confession: I don’t know about you, but there are days when I have a really hard time getting off the computer.  Between wanting to read up on the latest news or encouraging articles and blogs, check out tips about specific family-related topics, see friends’ and families’ photos and statuses on Facebook, etc…, I’m pretty much addicted to being connected and informed. 

Even though my intention is usually just to get on for a few minutes to research or see something very specific, those few minutes usually end up being much longer and more often throughout the day than I intended.  One post leads to an article which reminds me of something else I wanted to look up, then ‘oh, I wonder if they have new photos of the baby up now’, followed by ‘I wonder how such-and-such went for so-and-so yesterday’ so I’d better go check it out, which leads to yet another article… and suddenly the morning or evening is over and I haven’t finished the things I should’ve done around the house or the kids have been playing for a long while by themselves without involved supervision or any other number of things that could’ve happened and didn’t because I was on the computer.   

Now, none of those things that I’m doing online are bad.  But that’s always been the excuse: “It’s not like I’m actually wasting time!  I’m keeping in touch with people and seeing what they’re up to or researching something important or staying informed of the latest news or getting ideas for doing specific things with the kids…”.  The problem is that most of the time, the issue isn’t doing something wrong, it’s choosing to do something good instead of something better, choosing to do something that would be fine but just at the wrong moment or for too long a chunk of time.

 I love researching tips, facts, statistics, advice, encouragement, etc., to then be able to live a fulfilling life as a person, a wife, a mother, a friend, to the best of my abilities.  But, what’s been happening is that I’ve been spending way more time accumulating information than actually putting that knowledge into practice.  I’ve known this for the past several months and have told my husband on multiple occasions that I need to spend less time online.  He has always given me good advice and encouraged me in my efforts to improve in this area.  Some days I do an OK job but then other days not so much. 

Is the Internet the problem?  Can I blame technology for its luring appeal and ability to disconnect me from what I should be doing, from things that matter more at the moment?  No, definitely not.  Internet and technology in general have been huge blessings and allowed us as a family to stay connected with friends and family around the world, have access to a wealth of really helpful information, and be entertained in very positive ways! 

No, the problem is me:  I am currently having a hard time being self-controlled in this area.  And I can’t go on pretending like this dynamic of ‘oh, I’ll really try to spend less time online’ is in fact going to change anything.  I need to make a more committed, measurable decision to actually start to change this personal tendency.  Because I know I can give more for my kids, for my husband, for my personal health, but I’m just so easily distracted right now and it’s hard for me to focus at the moment on the things that should be my priorities. 

So, I decided to make this August my first-ever offline month: no Facebook, no googling, no reading news or articles on the Internet, no researching online… Nothing for 31 days!   

Do I think this will solve all of my problems?  Or remove every possible temptation to “waste time”?  Or cause me to have a great, productive month connected to my family and others around me?  No, problems will still be around.  There will always be ways to waste or misuse time.  And being productive, attentive and connected to those around me will continue being a personal decision each day and every moment.  The Internet hasn’t taken away my ability to decide, but not having that personal distraction for a month will help me as I try to refocus and re-prioritize life and current responsibilities. 

Life is short and I don’t want to spend it choosing “good” over “best”. 

So, I’m off in a few days!  See you on here again in September, unless I see you in person during this time of disconnection! 

Friday, July 12, 2013

la vuelta al mundo en 100 días



No, no es un error: sé que son 80 días en el libro y la película, pero no en nuestro caso. Y no es que vayamos a tomarnos 100 días para recorrer todo el mundo tampoco. Lo que pasa es que nuestra familia se trasladará al otro lado del mundo en exactamente 100 días: ¡otro continente, otro hemisferio, otra cultura...!

Llevamos años ya con problemas financieros y hemos aguantado todo el tiempo que pudimos.  Pero la realidad es que sencillamente no alcanzamos fin de mes y nuestra deuda crece continuamente, así que finalmente tuvimos que tomar la decisión de irnos a Chile, el país de origen de mi marido.

No se preocupen: tenemos una casa allí, mi marido ya tiene un nuevo puesto de trabajo con su organización en esta transición y sabemos que habrá personas que nos ayudarán por ambos lados con la mudanza.

Pero sigue siendo duro. He vivido en esta parte del mundo desde que tenía 4 años y mi marido ha estado aquí desde hace 10 años. Ambos hemos viajado mucho y hemos visto muchas partes diferentes del mundo, pero nuestra vida juntos como una pareja, con nuestros hijos, con amistades como familia en nuestra comunidad, es aquí y ha sido así desde hace mucho tiempo.

Y no me malinterpreten: No es que esté triste por tener que dejar la comodidad (ya que seguramente estemos más cómodos en Chile en muchos sentidos) ni la familiaridad (porque conozco algo de Chile de viajes pasados y además me gustan las nuevas aventuras). Lo difícil es pensar en dejar a tantas personas de aquí que nos importan mucho; lo duro siempre fue pensar en dejar a la gente.  Sé que hoy en día con la tecnología a veces incluso se pasa más tiempo en comunicación con gente en otro continente que con los propios vecinos... pero hablar por Skype, Facebook o correo electrónico no es lo mismo que poder conversar cara a cara, abrazarse, comer juntos, etc.  El no tener ese contacto físico va a ser difícil.

Hace nueve años, estaba saliendo de esta ciudad en el ferry, sin saber si algún día volvería, pero mientras veía alejarse el lugar en el que había crecido, sentí claramente que Dios me daba paz y me confirmaba que volvería pronto. Y así fue: tres meses más tarde regresé para vivir en esta misma ciudad que ha continuado siendo mi casa por otros diez años.

Sin embargo, esta vez es diferente porque no he sentido ninguna confirmación por parte de Dios de que pronto estaremos de vuelta.  Pero, lo que no ha cambiado en esta ocasión es la paz de Dios que vuelve a llenar nuestras vidas. A veces me siento tan débil, a veces la incertidumbre del futuro es tan frustrante, a veces siento que ‘necesito’ saber lo que estaremos haciendo dentro de un año para que podamos planificar nuestro futuro como familia...  Pero en esos momentos, la Palabra de Dios me trae paz:

• Dios dice: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
«Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).
«Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Romanos 8:28).
 
Dios siempre nos ha guiado y cuidado en el pasado, sigue guiando y dirigiéndonos en el presente, y no tengo ninguna duda de que seguirá guiando y cuidándonos en el futuro. Y no es que yo crea eso porque sea fácil de creer, sino porque es la verdad.  Y esa verdad hace que mi marido y yo podamos ser libres de la ansiedad, la frustración y el miedo que las incertidumbres de la vida (como esta transición) pueden producir.  Podemos seguir hacia adelante, haciendo lo que tenemos que hacer, sabiendo que Dios tiene el control.

Por eso, al estar preparándonos para la mudanza, mi esperanza y oración es que nuestra vida en esta ciudad haya demostrado una manera diferente de vivir como individuos, como pareja y como familia.  Espero que los muchos amigos con los que hemos podido pasar muy buenos ratos en todos estos años no sólo nos vean como personas ‘buenas’ o ‘religiosas’, sino que de verdad hayan visto el amor y la verdad de Dios en nosotros y a través de nosotros.  No porque seamos perfectos, sino porque Dios es bueno y misericordioso, y su amor nos ha cambiado y sigue cambiándonos día a día. Y mi mayor esperanza es que cada uno de estos amigos llegue a un punto en sus vidas donde reconozcan que no lo pueden lograr por sí mismos, que la vida sin la gracia de Dios no está completa. Sólo al aceptar y aferrarse al amor y la verdad de Dios se podrá encontrar paz verdadera, gozo real y sentido eterno para la vida.

Aunque esta transición será muy difícil en muchos aspectos por lo que estamos dejando, ¡también estoy muy emocionada por lo que vendrá!  ¡Me emociona empezar una nueva aventura como familia, me alegra mucho poder estar cerca de los amigos y la familia en Chile, y estoy lista para visitar más lugares de ese hermoso país y conocer aún más a la cultura!  No será un cambio fácil, pero sé que será un cambio bueno porque Dios es bueno, ¡y por eso puedo decir que estoy muy emocionada!

Así que ahora comienza la cuenta atrás: 102, 101, 100…

around the world in 100 days



No, that’s not a typo: I know it’s 80 days in the book and the movie, but not in our case.  And it’s not that we’re going to take 100 days to travel around the whole world either.  What’s happening is that our family will be moving to the other side of the world in exactly 100 days: different continent, different hemisphere, different culture…!

We’ve struggled financially over the past few years and have held on as long as we could.  Our reality is that we’re just not making it to the end of the month and our debt is continually growing, so we have needed to make the decision of moving to Chile, my husband’s home country. 

Don’t worry: we have a house there, my husband already has a new job description for this transition, and we know there will be people helping us out on both sides with the move.

But it’s still hard.  I’ve lived in this part of the world since I was 4 years old and my husband has been here for 10 years now.  We’ve both travelled considerably and seen many different parts of the globe, but our life together as a couple, with our children, with friendships as a family in our community, is here and has been for a long time.

And don’t get me wrong: It’s not that I’m sad about leaving the comfort (because it will probably be more comfortable in Chile in some ways) or the familiarity (because I’ve really enjoyed Chile on previous visits there and I do like new adventures).  What’s hard is thinking about leaving specific people here that we care about; it’s always been about the people.  I know in this day and age with technology, sometimes you even spend more time communicating with people on another continent than with your own neighbors… but Skype, Facebook, and email just aren’t the same as face-to-face conversations, hugs, shared meals, etc.  Not having that physical contact will be hard.

Nine years ago, I was on a ferry leaving this city, not knowing if/when I’d be coming back…, but while glancing back at the place I’d grown up in, I felt God clearly give me peace and reassure me that I’d be back soon.  And sure enough, three months later I moved back to town and this has continued being my home for these past ten years.

This time around is different though because God hasn’t reassured me that we’ll be coming back anytime soon.  But, what hasn’t changed this time around is that God has filled me with peace again.  Sometimes I feel so weak and powerless, sometimes the uncertainty of the future is so frustrating, sometimes I feel like I “need” to know what we’ll be doing a year from now so that we can plan ahead as a family…  But in those moments, the Word of God reassures me:

  • God says: “My grace is sufficient for you, for my power is made perfect in weakness” (2 Corinthians 12:9).
  • “Do not be anxious about anything, but in every situation, by prayer and petition, with thanksgiving, present your requests to God.  And the peace of God, which transcends all understanding, will guard your hearts and your minds in Christ Jesus” (Philippians 4:6-7).
  • “We know that in all things God works for the good of those who love him, who have been called according to his purpose” (Romans 8:28).
God has always led and cared for us in the past, He is leading and caring for our family in the present, and I have no doubt that He will continue to lead and care for us in the future.  I don’t believe this because it’s easy to believe, but because it’s the truth.  And that truth sets my husband and myself free from so much of the anxiety, frustration and fear that uncertainties in life (like this transition) can bring.  We can keep pressing forward, doing what we need to do, knowing that God is in control.

So, as we are preparing to move, I hope and pray that our lives in this city have shown a different way of living as individuals, as a couple and as a family.  I hope that the many friends that we’ve gotten to know and spent time with over the years wouldn’t just see us as people who are “good” or “religious” or “moral”, but that they would really have seen God’s love and truth in us and through us.  Not because we are perfect but because God is so good & gracious, and His love has changed us and continues to change us daily.  And my biggest hope and prayer is that each of these many friends come to a point in their lives where they recognize that they can’t make it on their own, that without God’s grace life just isn’t complete.  That only by accepting and clinging to God’s love & truth can true peace, joy & meaning in life be found.

Though the transition will be hard in many ways because of what we are leaving, I am also so excited about what is coming next!  I’m excited about this new adventure as a family, thrilled about being with family and friends in Chile, and ready to enjoy getting to know that beautiful land and culture even more!  It may not be an easy transition, but it will be a good transition because God is good, and because of that I am very excited!

So now the countdown begins: 102, 101, 100…

Saturday, June 29, 2013

pequeños sensores no se pierden ningún detalle



“Mamá, tu cara parece la del Faraón cuando dice: ‘¡hagan volver a mis esclavos!’” me dijo mi hijo de casi 5 años hace unas semanas a la hora de acostarse.  Qué golpe más duro. 

En mi defensa, había sido un día bastante difícil: A mi bebé le estaban saliendo los primeros dientes y estaba quisquillosa, los dos mayores habían estado castigados en sus habitaciones no se cuántas veces por portarse mal, tratarse mal el uno al otro, no hacerme caso, etc., y además yo tenía miles de cosas que debía haber hecho ese día que no pude hacer debido al mal comportamiento de mis hijos.  Total, que había sido un día frustrante, agotador y decepcionante.  Así que, cuando ya era hora de acostarse y mi hijo me estaba desobedeciendo por enésima vez, en mi defensa… no tengo defensa.  Quizás sea entendible que al final de ese día tuviera yo una cara de enfado ‘como el faraón’ al ver otra falta de obediencia, pero entendible no es igual a excusable. 

Yo soy la Mamá.  Y aunque aveces no me siento capaz, puedo controlar mis expresiones faciales, tono de voz y palabras.  Muchas veces es dificilísimo hacerlo, pero eso no significa que sea imposible. 

Por eso, en vez de poner excusas en ese momento, le admití a mi hijo, “Hijito, no está bien que Mamá te haya mirado así con una cara de enfadada.  Lo siento muchísimo.  Aunque estabas desobedeciéndome, yo tengo que poner un buen ejemplo, hablándote de buena forma y dándote consecuencias sin enfadarme hasta ese punto.  ¿Sabes por qué Mamá y Papá te damos consecuencias cuando desobedeces?”

“Porque me amáis mucho.”

“Sí, Hijo, te amamos muchísimo y queremos que puedas divertirte y aprender, y por eso prestar atención y obedecer son cosas muy importantes y te ayudan a crecer bien.  Pero Mamá necesita obedecerle a Dios también, y Dios dice que las mamás y los papás necesitan ser pacientes y no severos, y necesitamos daros consecuencias de formas buenas.  Aveces tenemos que hablaros de manera seria y firme para que entendáis que algo es muy importante, pero siempre debemos hacerlo mostrándoos amor.  Y aún cuando desobedeces, seguimos queriéndote muchísimo y eso nunca cambiará.  Así que, lo siento muchísimo por haber perdido la paciencia y haberme enfadado tanto contigo que te puse mala cara.  No debí haber hecho eso e intentaré ser mejor ejemplo.  ¿Me perdonas?”

“Sí, Mamá,” me dijo, abrazándome.

Hay tantas cosas con las que debo tener cuidado como madre:

  • Mis expresiones faciales, tono y volumen de voz al corregir o disciplinar a mis hijos,
  • Prestarles atención cuando intentan hablarme, lo cual involucra dejar de mirar el ordenado o el móvil, mirarles a los ojos y realmente escuchar,
  • No contarles a otras personas sobre mis frustraciones con mis niños cuando estén presentes porque eso es hablar negativamente sobre ellos en lugar de tratar asuntos específicos con ellos,
  • No discutir con mi marido delante de nuestros hijos sino que resolver nuestras diferencias cuando estemos a solas, ya que discusiones de los papás delante de los niños crea una confusión de autoridad, inseguridad y un entorno negativo para ellos,
  • No intentar distraerles o engañarles a mis niños para que ‘obedezcan’ sino decirles siempre la verdad, explicarles claramente lo que tienen que hacer y cuáles serán las consecuencias reales (buenas y malas),
  • No enfocar la mayoría de mi energía en cosas secundarias (que pueden incluir cosas en el ordenador, pasar tiempo con amigas, incluso limpiar la casa o hacer ejercicio…) pero dejar que mis hijos vean que ellos y su papá son mi primera prioridad y enfoque de energía y tiempo,
  • Enfocarme en calidad y cantidad: a pesar de que se escucha con frecuencia que tener ‘tiempo de calidad es más importante que la cantidad de tiempo’, la verdad es que es muy difícil fabricar momentos de calidad con los niños a menos que haya una buena cantidad de tiempo también.  ¿Cómo sabré lo que es calidad para mi hijo a menos que pase suficiente tiempo con él como para saber qué le gusta y no le gusta, entender sus formas de comunicarse, conocer sus necesidades específicas, establecer una relación de confianza donde él sabe que yo estoy disponible para lo que necesite…?  Por el otro lado, es fácil pensar que como paso la mayoría del tiempo con mis hijos los 24h/día, esa cantidad equivale a calidad, y eso tampoco es cierto.  Es fácil estar presente pero no estar disponible, oír pero no realmente escuchar, corregir o disciplinar cuando sea necesario pero no tomarse el tiempo de realmente jugar y disfrutar con ellos.  Tienen que ser ambas cosas, calidad y cantidad, y los niños se dan cuenta cuando falta uno o el otro.
  • Cuando me equivoco, es importante siempre presentar un ejemplo de arrepentimiento al reconocer lo que hice y lo mal que estuvo, pedir perdón y afirmar que me esforzaré por hacerlo mejor la próxima vez.  Al mostrar este reconocimiento de culpa y deseo de cambiar, mis hijos lo ven, lo vuelven a comentar incluso días o semanas después, y también quieren imitarlo.  Es muy importante que sepan que como su madre no cree ser perfecta, que no pondré excusas cuando me equivoco y que soy responsable por mis acciones y reacciones, igual que ellos. 
  Mi marido y yo tenemos el gran privilegio de criar a tres hijos hermosos.  Y ser una madre que se queda en casa es uno de los trabajos con mayor poder de influencia, ya que mis niños son como esponjas y no se pierden nada.  Lo ven todo, escuchan todo, detectan todo.  Saben cuando estoy siendo hipócrita, cuando ni yo cumplo lo que digo.  Es un trabajo agotador porque es constante, todo el día todos los días.  Pero al mismo tiempo es muy gratificante y muy transformador.  Yo aprendo tanto de mis hijos como lo que ellos aprenden de mí (¡o quizás más!).  Y espero que nunca más me digan que mi cara se parece a la del faraón (jeje).         

little sensors don’t miss a thing


“Mommy, your face looks like Pharaoh when he was saying ‘get my slaves back!’” said my almost-five-year-old right before bedtime a few weeks ago.  Talk about a punch in the stomach.

In my defense, that was an especially tough day: Baby was teething & fussy and my two oldest kids were in time-outs most of the day for not getting along, being mean to each other, not listening to me, etc, and on top of that there were a million things I was supposed to have done that day that I couldn’t get to because of how all three kids were behaving.  It was beyond frustrating, exhausting, disappointing.  So by the time bedtime rolled around and my son was disobeying yet again, in my defense… I have no defense.  Perhaps it is understandable that by the end of the day I had a pharaoh-like, angry face at yet another act of disobedience, but understandable doesn’t equal excusable. 

I’m the Mom.  And though sometimes it doesn’t feel like it, I can control my facial expressions, tones, words.  It’s extremely hard sometimes, but that doesn’t mean impossible. 

So, instead of making excuses or blame-shifting at that moment, I admitted to my boy, “Buddy, it’s not OK that Mommy looked at you with an angry face like that.  I’m very sorry about that.  Even though you were disobeying, I need to be an example and talk to you the right way and give you consequences without getting so mad like that.  Do you know why Mommy and Daddy give you consequences when you disobey?”

“Because you love me very much.”

“Yes, Buddy, we love you very much, and we want you to be able to have fun and learn, so being able to pay attention, listen and obey is very important and helps you grow well.  But Mommy needs to obey God too, and God says that mommies and daddies need to be patient and not harsh and we need to give consequences in good ways.  Sometimes we need to talk very firmly and seriously so you understand that something is very important but we always need to show you that we love you.  And even when you disobey, we still love you very much and nothing will change that.  So I’m very sorry that I lost my patience and was so angry with you that I made a mean face.  I should not have done that and will try to be a better example.  Do you forgive me?”

“Yes, Mommy,” he said as he gave me a hug.

There are so many things I need to be careful with as a mom:

  • My facial expressions, tones and volume when correcting or disciplining my kids,
  • Paying attention to them when they try to talk to me, which involves looking away from the computer or phone, making eye-contact and really listening,
  • Not telling others about my frustrations with my kids while they are present because that’s talking negatively about them rather than dealing with specific issues with them,
  • Not arguing with my husband in front of our children but resolving our differences privately, since public arguments as a couple create confusion of authority, insecurity and a negative environment for the kids,
  • Not trying to trick or distract my kids into obeying, but always telling them the truth, being clear about what needs to happen and what the real consequences (good and bad) will be,
  • Not focusing the majority of my energy on secondary things (which can include computer stuff, spending time with friends, even cleaning or exercising…) but letting the kids see that they (along with their daddy) are my first priorities for time and energy spent,
  • Focusing on quality and quantity time: despite common statements about “quality time is more important than quantity”, the truth is that it’s very hard to make ‘quality time’ with kids without quantity.  I mean, how will I know what could constitute quality for my son, unless I spend enough quantity time with him to know his likes/dislikes, ways of communicating, specific needs, establish a sense of trust because he knows I’m around and available when he needs me…?  On the reverse side, it’s easy to think that since I spend most days with my kids 24/7, that the quantity equals quality, and that’s not true.  It’s easy to be present but not be available, to hear but not really listen, to correct or discipline when necessary but not take the time to play and enjoy.  It has to be both quality and quantity, and kids can tell when one or the other is missing,
  • When I’ve made a mistake, it’s important to always set an example of repentance by acknowledging what I’ve done, admitting that it was wrong, asking for forgiveness, and stating that I will work on doing better next time.  Modeling this recognition of fault and desire to change is something that my kids notice, bring up later and want to imitate.  It’s important that they know that Mommy doesn’t think she’s perfect, won’t make excuses for herself and is accountable for her actions & reactions, just like they are.  
My husband and I have been given this amazing privilege of raising three beautiful kids.  And being a stay-at-home mom is one of the most influential jobs, because my kids are sponges and they don’t miss a thing.  They see all, hear all, sense all.  They know when I’m being hypocritical, not practicing what I’m preaching.  It is such an exhausting job because it is constant, all day every day.  But it is also so rewarding and so transforming.  I’m learning as much (or perhaps more!) from my children than they’re learning from me.  And I hope to never hear that my face looks like Pharaoh’s again (smile).       

Monday, June 17, 2013

con respeto, en tu cumple (¡y nuestro aniversario!)



Hoy hay celebración doble: ¡es el cumpleaños de mi marido y nuestro aniversario de bodas también!  Llevamos casados siete años llenos, memorables, desafiantes, hermosos.  Para algunos, siete años no son nada, mientras que a otros les parece muchísimo tiempo juntos. 

No hay forma de expresar completamente cuánto hace mi marido por mí, resaltar todas las maneras que me demuestra su amor, me hace sentirme cuidada y especial.  Éstas son sólo algunas de las cosas que hace: 

·         Un par de veces a la semana se levanta con los niños para que yo pueda dormir hasta tarde;
·         Cocina el almuerzo, normalmente dos días a la semana;
·         Me ayuda a limpiar la casa sin que yo se lo pida, incluyendo limpiar los baños, fregar los platos, poner ropa a lavar o doblarla…;
·         No me contradice delante de nuestros hijos sino que les dice que tienen que hacerle caso y obedecer a su mamá (si cree que he hecho algo mal con ellos, procura señalármelo en privado);
·         Me escucha cuando necesito hablar e intenta entender las cosas que son importantes para mí o que me molestan;
·         Me anima en las cosas que hago cuando me siento desanimada;
·         Me da buenos consejos cuando ve que estoy agobiada, estresada o insegura por alguna situación;
·         Se queda con los peques para que yo pueda salir de la casa para ir a caminar o hacer otra cosa cuando necesito despejarme un poco;
·         Me muestra afecto físico y verbal en el transcurso del día con besos, abrazos, palabras amables y bromas;
·         Incluso ha empezado a tomar el primer paso a la hora de resolver diferencias de opinión o discusiones, salvando la distancia entre nosotros al darme un abrazo y decirme que me ama (este acercamiento va en contra de su deseo natural de alejarse y darnos espacio a los dos cuando hemos discutido, pero como sabe que la cercanía es muy importante para mí en esos momentos de tensión, se está esforzando mucho por ayudarme así). 

Sí, ¡definitivamente es un hombre estupendo!  Puede que algunas estéis pensando: “¡Me gustaría que mi marido/novio hiciera esas cosas también! No logro hacer que me apoye o muestre amor de esas formas.”  Bueno, yo tampoco puedo ‘hacer’ que mi marido haga esas cosas.  No funciona así.  He aprendido con los años que cuanto más intento empujarle a que haga lo que yo quiera, solo logro que se empeore la situación.  Pero al mismo tiempo, he aprendido otra cosa: Cuando decido respetar a mi marido, aunque no ‘sienta’ que se lo merezca en ese momento, él me trata con más amor.  Estas son algunas de las formas que intento mostrarle respeto:  

  • No llamo ni me junto con nadie cuando mi marido y yo tenemos un desacuerdo o una discusión.  No meto a otra persona en medio de nuestros asuntos matrimoniales ni descargo me enfado criticándole detrás de su espalda.  Resolvemos nuestras cosas como pareja y si decidimos que necesitamos ayuda de alguien, tiene que ser decisión de los dos y en el momento apropiado.
  • Me esfuerzo por no interrumpirle ni contradecirle cuando estamos con otra gente.  Si creo que se equivocó en lo que dijo o hizo, intento comunicárselo en privado y de forma constructiva, si es que es necesario decirlo. 
  • He aprendido la importancia de simplemente ‘estar’ con mi marido sin tener que hablar: viendo una película, un concierto o un programa en la tele, saliendo a caminar, estando sentados en un banco del parque… Veo que el mero hecho de estar juntos incluso sin conversar es algo que fortalece nuestra amistad y le da energía positiva a mi marido.  
  • Intento que mi apariencia física sea atractiva para él: la ropa que llevo, el maquillaje, hacer ejercicio, etc (ha sido difícil ser constante en esta área especialmente ahora con tres peques, pero lo sigo trabajando y él aprecia mucho mi esfuerzo por seguir mejorando en este aspecto.)
  • Nunca digo ni insinúo que no está bienvenido en nuestra cama, que debería dormir en el sofá, que no se merece ni se ha ganado el ‘privilegio’ de estar conmigo de forma íntima.  No le castigo separándome de él ni tampoco uso la intimidad como recompensa por haberse ‘portado bien’.   
  • Procuro usar más energía agradeciéndole por todo lo que hace por mí y animándole que señalando las cosas que aún no ha hecho y que le pedí que hiciera.  Y cuando sí le tengo que decir que hace falta que haga algo específico, intento que mi tono no suene como que pretendo ser su madre.
  • Escucho el consejo que él me da cuando estoy frustrada o desanimada, y le agradezco por siempre querer ayudarme.  Y casi siempre me doy cuenta de que lo que me aconsejó hacer realmente fue la mejor opción en esa situación específica.     
  • Intento apoyarle y animarle en los sueños que tiene para el futuro, tanto de trabajo como de familia como de hobbies.
  • Le digo con frecuencia que confío en que él nos cuidará bien a mí y a nuestros hijos y que sé que siempre buscará hacer lo mejor para nuestra familia.  Le digo que estoy disponible cuando necesite hablar conmigo sobre alguna idea o decisión que haya que tomar, pero que al fin y al cabo, confío en él. 
  • Procuro ser rápida en reconocer cuando le he faltado el respeto con mi tono de voz, actitud o palabras, y pedirle perdón incluso si me sentía ‘en mi derecho’ por cómo me estaba tratando.  Aunque no me haya gustado lo que dijo o hizo, no ayuda para nada a la situación si mi forma de contestar es faltándole el respeto.  

Puede que algunas piensen: “Pero si yo hiciera esas cosas, ¡él me pisotearía!  ¡El respeto sólo se debe dar cuando se ha ganado!”  Pero yo he aprendido que, tal y como yo necesito amor sin condiciones, solo por quien soy sin tener en cuenta como desempeñe las cosas día a día, él tiene esta necesidad de ser respetado.  He aprendido que para mi marido es súper importante que yo le respete por quién es, en lugar de por lo que hace o no hace.  Necesita ser respetado por sus buenas intenciones hacia mí aún cuando el desempeño de esas intenciones no llegue a mostrarme amor como yo quiero que me lo muestre.  Ver este respeto como una ‘necesidad’ que tiene mi marido ha cambiado la forma en la que lo trato y ha tenido un efecto muy positivo en nuestro matrimonio.  Al mostrarle respeto, casi de forma automática él quiere mostrarme amor.  (Les desafío a las mujeres a que les pregunten a sus maridos o novios qué pasaría se les mostraran respeto de las formas que mencioné arriba.)      

Al mismo tiempo, una de las cosas que más aprecio de mi marido es cuando decide mostrarme amor incluso cuando le cuesta muchísimo.  Ha habido muchas veces que yo le he faltado el respeto, pero él sin embargo ha decidido luchar contra su tendencia natural de alejarse de mí en esos momentos y se acerca en amor en medio del conflicto.  Cuando me muestra amor de esa forma, sin que yo lo merezca en ese momento, me dan más ganas de mostrarle respeto de las formas que sé que son importantes para él.

My marido y yo somos diferentes, los hombres y las mujeres somos diferentes, tenemos necesidades diferentes, y eso es algo bueno.  Es complicado e involucra aprender, fracasar, intentar de nuevo, pasar por alto las ofensas o molestias pequeñas por el bien del matrimonio… pero es muy bueno y vale la pena.  Vale la pena dejar a un lado mis ‘derechos’ o preferencias para intentar hacer las cosas de la forma que prefiere mi marido.  Y lo que es más interesante es que esto es contagioso.  Cuando uno de nosotros decide poner en primer lugar las necesidades o los deseos de la otra persona, casi siempre termina siendo recíproco.  Al final los dos estamos satisfechos, nos sentimos cuidados y apreciados (creo que he leído eso en algún libro o algo así… jejeje).    

Sin embargo, mi marido y yo seguimos siendo humanos: nos equivocamos mucho y nos fallamos.  Hay veces que nos hacemos mucho daño, no nos sentimos entendidos, no percibimos ni el amor ni el respeto del otro.  Especialmente en esos momentos, el amor y el perdón de Dios nos dan justo lo que necesitamos.  Dios me da la capacidad de seguir respetando a mi marido cuando no me siento amada por él, y Dios le da a mi marido la fuerza para seguir amándome cuando se siente que le he faltado gravemente el respeto.  Cristo murió por nuestros fracasos y por eso nuestro matrimonio no tiene que morir ni quedarse estancado ni perder su calor y emoción.  Y como Dios es nuestra fuente de fuerza, podemos crecer como pareja, aprender como amar y respetarnos, y realmente disfrutar cada nuevo año juntos más que el anterior.    

Por tanto, ¡te deseo un muy feliz cumpleaños y feliz 7º aniversario, mi amor!  Estar casada contigo es el privilegio más grande que tengo.  He aprendido tanto de ti y me encanta simplemente estar a tu lado.  ¡Gracias por ser mío, gracias por amarme, gracias por cuidarme de tantas formas diferentes!  Gracias por estar dispuesto a crecer juntos a través de los momentos buenos, malos, difíciles y divertidos.  ¡Eres un hombre maravilloso y te admiro muchísimo! 

 Con todo mi amor y respeto,
~tu fan #1