Friday, April 18, 2014

la pregunta del millón: ¿eres de cera o de arcilla?



Seguramente ya lo tienes más que claro, pero este fin de semana es cuando se celebra en muchas partes del mundo la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.  Aunque la verdad es que los que tratamos de vivir nuestras vidas conectadas siempre al amor de Dios en Jesús, ¡celebramos estos eventos todos los días!  Pero hay algo especial en un fin de semana cuando se sabe que hay gente en todos lados del planeta que están recordando y celebrando también....

Desde que era pequeña me he sentido como que en un sentido yo estuviera viendo el mundo en color mientras que muchos de mis amig@s sólo lo veían en blanco y negro.  ¿Por qué digo eso?  Porque la mayoría de las veces cuando yo he tratado de compartir con ellos sobre el amor de Dios en mi vida, me he encontrado con miradas perdidas, confusión, bromas, o incluso en algunos casos críticas y hostilidad.  Ha habido otros momentos en los cuales tuvimos a una muy buena conversación donde la otra persona mostró tener verdadero interés y curiosidad.  Pero muchas veces ha sido difícil intentar explicar algo que es tan esencial para mí como el aire que respiro, tan hermoso y real y lleno de color y de esperanza, pero que muchas veces parece que mis amig@s sólo pueden ver mis palabras como una imagen en blanco y negro a lo lejos, tal vez interesándoles un poco pero por lo general sin ver que se pueda aplicar a sus vidas.

Así que esto lo escribo para aquellos amig@s (saben quiénes son) y viene de lo más profundo de mi corazón:

Dios es real. Su verdad es real. Su amor es real. Los pecados que he cometido son reales y feísimos. Y los pecados que has cometido tú son reales y feísimos también. Tal vez a ti no te parezcan tan feos como las cosas que otros han hecho.  Tú sabes que no eres perfecto, pero también piensas que nunca has hecho nada tan malo como esas personas que realmente deciden y quieren ser malas personas.  Pero, la realidad es que incluso una pequeña gota de pintura negra echa a perder un vaso de agua.  Y a menos que el vaso de agua que es tu vida sea perfectamente puro, no podrás estar con Dios.  No importa si tu agua descolorida es más clara o más oscura, menos o más manchada, que el de cualquier otra persona a tu alrededor.  Lo que cuenta es que no es pura.  Y la realidad es que nadie tiene el vaso puro. “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”  Eso te incluye a ti.  Es tan simple como eso.

Sin embargo, tu necesidad más profunda (aunque sea subconsciente) y para lo que fuiste creado, es estar con Dios, poder amarlo y poder recibir Su amor.  Y por eso sin Él siempre habrá un vacío que no podrás llenar sin importar cuánto éxito tengas en tus estudios, en tu trabajo, en tus amistades, en tu familia, con tu pareja, con tus hijos, protegiendo a la Tierra, siendo un buen vecino, ciudadano, amigo...  Estás perdido, y en los momentos de silencio profundo seguramente te des cuenta de ello, incluso cuando intentas ignorarlo.  Las cosas que has hecho que no deberías haber hecho vuelven a tu memoria y te gustaría que hubiera una manera de borrar los errores del pasado.  Has tratado de probar diferentes ideologías que te dicen, por ejemplo, que se pueden equilibrar los errores del pasado y del presente con buenas obras futuras, o que los errores del pasado no eran realmente tan malos sino que sólo fueron lecciones de las cuales aprender, o que en realidad el bien y el mal no existen, o cualquier otro sistema de creencias. Pero en el fondo no estás seguro de que alguno de esos realmente funcione.  Porque sigue habiendo algo que falta: por mucho que haces nunca es suficiente y hay un vacío inexplicable.

Muchos de ustedes me han conocido desde hace mucho tiempo y-o han conocido a mi esposo y a mí como pareja por algunos años.  Se han dado cuenta de que somos diferentes en la forma en que vivimos nuestras vidas, como nos tratamos como pareja, como criamos a nuestros hijos, como tomamos decisiones, como pasamos nuestro tiempo libre....  Hablamos de ciertas cosas que son diferentes de lo que están acostumbrados a escuchar y hacemos algunas cosas de manera diferente a muchos otros que conocen. Y muchos nos han comentado que nos admiran como pareja, que piensan que es genial que hagamos tal y tal cosa.  Algunos de ustedes incluso nos han dicho que quieren hacer las cosas como nosotros en ciertas áreas de sus vidas.

Me alegro de que se den cuenta de esas cosas y realmente aprecio los cumplidos.  Pero, la razón por la que somos como somos y por la que hacemos lo que hacemos no es porque mi marido y yo somos personas increíbles y buenas. No, es sólo porque Dios es increíblemente bueno, y Él cambia a las personas.  El amor y la verdad de Dios nos transforman diariamente.  Él nos llena de esperanza y cambia nuestra forma de ver el mundo, cambia nuestra forma de hacer las cosas, cambia nuestra forma de tratar a las personas....  Y Él nos sigue cambiando, porque todavía tenemos un largo camino por recorrer.  No es algo que podamos hacer por nuestra propia cuenta: sólo es posible a través del perdón que nos ofrece la muerte de Jesús y la nueva vida y esperanza que traen Su resurrección.

Estos eventos que celebramos este fin de semana no son simplemente fábulas, ni cuentos para sentirnos bien, ni lecciones morales, ni una tradición bonita y conmovedora, ni tampoco son solamente páginas de un libro de historia: son relatos vivos y auténticos de momentos reales y transformadores para la humanidad.  Nos traen cara a cara con la oscuridad del pecado, el dolor de la separación de Dios, la justicia de Dios (“la paga del pecado es la muerte” así que alguien tiene que morir por mi pecado), pero finalmente el amor absoluto de Dios a través del precio pagado por Jesús.  Y eso no es algo que se aplique sólo a mi marido y a mí y a nuestra familia; se aplica a todas las personas en todo el mundo: pasado, presente y futuro.  Porque Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por .”

Sé que muchos de ustedes usan como excusa haber conocido a gente hipócrita, gente que ha usado el nombre de Dios para hacer cosas terribles, gente que dice seguir a Jesucristo y que después viven vidas egoístas y sin compasión.  Así que quizás en base a eso no quieres creer en el Dios de la Biblia; prefieres rechazarle o simplemente aceptar las partes de la Biblia que te gustan en vez de aceptarlo en su totalidad incluyendo donde dice que tú también necesitas un Salvador y que Jesucristo es el único que puede realmente salvar.  Lo rechazas porque esa gente religiosa que conoces es tan hipócrita. Sí, a mí también me da mucha pena y aveces me enoja mucho que haya gente tan hipócrita y manipuladora como los que todos hemos visto y escuchado alguna vez.  Pero eso sólo demuestra que los seres humanos necesitamos ayuda, no demuestra nada contra el amor y la verdad de Dios, los cuales nunca cambian.

El mismo Dios que hace que Su amor y verdad resplandezcan sobre mí, brilla sobre ti también. Dios no cambia; la única diferencia en este punto es la respuesta de cada uno de nosotros.  Un hombre sabio llamado Charles Spurgeon, dijo una vez: “El mismo sol que derrite la cera endurece la arcilla. Y el mismo Evangelio (las buenas noticias de lo que hizo Jesucristo) que derrite algunas personas para arrepentimiento, endurece a otras en sus pecados.”

La verdad acerca de la justicia y el amor de Dios no nos deja indiferentes.  O se endurecen o se ablandan nuestros corazones hacia Él, dependiendo de nuestra “composición”. ¿Seguirás tratando de encubrir la verdad de que necesitas a Dios, con el corazón endurecido por orgullo, autosuficiencia, justicia propia o intentos de ser indiferente frente al tema? ¿O vas a permitir que el sol ablande tu corazón, aceptando con sinceridad y humildad Su amor y perdón, y así encontrando la libertad que sólo Dios puede dar cuando hay arrepentimiento verdadero? 

Sea cual sea tu respuesta, no cambiará mi amistad ni mi cariño hacia ti; ¡NUNCA te cerraré la puerta!  Pero entre tú y Dios, es sumamente importante que consideres sinceramente todo esto, y yo diría que es la decisión más importante que tomarás en toda tu vida.

Mi amig@, hoy en este Viernes Santo, recordamos el mayor sacrificio de amor de la historia: “Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores (y por tanto sus enemigos), Cristo murió por nosotros.  Así que mi pregunta para ti es, bajo el resplandor de este amor tan maravilloso e incondicional:

¿Eres de cera o de arcilla?

million-dollar question: are you wax or clay?


 
I don’t think this will be news to you, but this weekend is when Jesus’ death, burial and resurrection are celebrated in many parts of the world.  In reality, those of us who try to live our lives connected to God’s love through Jesus celebrate those events every day!  But there is something special about a weekend when you know people all over the planet are remembering and celebrating too…. 

Ever since I was little I have felt that in certain ways I was seeing the world in color while many of my friends were only seeing in black and white.  Why?  Because most times when I’d try to share with them about God’s love in my life, I’d get blank stares, confusion, sometimes teasing, and a few times criticism and opposition.  There have been other occasions when a really good conversation resulted as the other person showed genuine interest and curiosity.  But many times it has been hard to try to explain something that is as essential to me as the air I breathe, something that to me is so beautiful and real and full of color and hope, but that for the most part others seem to only be able to see my words as a faded black and white image way off in the distance somewhere, perhaps interesting but usually not applicable to them. 

So to those friends (you know who you are), this post is for you and comes from the depths of my heart:

God is real.  His truth is real.  His love is real.  The sins that I have committed are real and ugly.  And the sins that you have committed are real and ugly too.  Perhaps to you they don’t seem as ugly as what others have done.  You know you’re not perfect, but you’ve never done anything as bad as those people that choose to be bad.  But, the reality is that even a tiny drop of black paint ruins a glass of water.  And unless the glass of water that is your life is perfectly pure, you cannot be with God.  It doesn’t matter if your discolored water is lighter or darker, less or more stained, than anyone else’s around you.  All that matters is that it’s not pure.  And no one’s is.  “All have sinned and fall short of the glory of God.”  That includes you.  Plain and simple. 

But your deepest need (even if it’s subconscious) and what you were created for, is to be with God, to love Him and receive His love.  So without Him there will always be a void you cannot fill no matter how you succeed in your studies, in your job, in your relationships, in your family, with your spouse, with your children, in protecting the Earth, in being a good neighbor, a good citizen, a good friend…  You are lost, and in the deep, silent times you probably know it even if you try to avoid it.  The things you’ve done that you shouldn’t have come back to haunt you and you wish that there was a way to erase past mistakes.  You’ve tried to buy into different ideologies that tell you, for example, that you can make up for past and present mistakes with future good deeds, or that past sins aren’t really that bad but instead are only lessons to be learned from, or that absolutes like good and evil don’t really exist, or any other number of belief systems.  But deep down you’re not sure if any of those really work.  Because something’s still missing: it’s never enough.

Many of you have known me for a long time and/or have known my husband and me for a few years.  You’ve noticed that we’re different in the way we live our lives, treat each other as a couple, raise our kids, make decisions, spend our time....  We talk about things that are different from what you’re used to hearing and do things differently than many others that you know.  And you’ve commented on how you admire me or us as a couple, how you think it’s great that I or we do such-and-such.  Some of you have even said that you want to do things like us in certain areas of your lives. 

I am glad you notice those things and really appreciate the compliments.  But, the reason why we are the way we are and why we do what we do isn’t because my husband and I are great, amazing people.  No, it’s only because God is great and amazing, and He changes people.  God’s love & truth transform us daily.  He changes how we see the world, how we do things, how we treat people...  And He will continue changing us, because we still have a long ways to go.  It’s not something we can do on our own:  It is only possible through the forgiveness that Jesus’ death offers us and the new life & hope that His resurrection brings. 

These events that we celebrate this weekend aren’t simply fantasy, or a feel-good story, or a moral lesson, or a moving tradition, or even just a page out of a history book:  They are authentic, vivid accounts of real, transforming moments for humanity.  They bring us face-to-face with the ugliness of sin, the pain of separation from God, the justice of God (“the wages of sin is death” so someone had to die for my sins), and ultimately the Love of God through the price paid by Jesus.  And that’s not just for my husband and me or our extended family; it applies to every person on the earth: past, present and future.  Because Jesus said, “I am the way, the truth and the life.  No one comes to the Father except through Me.”

I know that many use the excuse that you’ve known lots of hypocrites, people who do terrible things in the name of God, people who say they follow Jesus but then live selfish lives without compassion for others.  So maybe you don’t really want to believe in the God of the Bible; you’d rather reject God or just accept the parts of the Bible that you like rather than accepting the whole thing as truth including the parts that say that you need a savior and that Jesus is the only one who can truly save.  You reject Him because those religious people are just so hypocritical.  Yes, it does sadden and many times even anger me that there are hypocritical, manipulative people like those that we’ve all seen or heard of.  But really, that is only proof that human beings need help; it is no proof against God’s amazing Love & unchanging Truth.

The same God that shines His love and truth down on me shines them down on you too. God doesn’t change; the only difference at this point is the response of each one of us.  A wise man, Charles Spurgeon, once said, “The same sun which melts wax, hardens clay. And the same gospel (the good news about what Jesus did) which melts some persons to repentance hardens others in their sins.”

The truth about God’s righteousness and love does not leave us indifferent.  It either hardens our hearts or softens our hearts toward Him, depending on what we are made of.  Will you continue to mask the truth of your need of Him, hardened by your pride, self-sufficiency, self-righteousness or attempted indifference on the subject?  Or will you soften your heart, honestly and humbly accepting His love and forgiveness, and finding the freedom that only God can give when there is true repentance? 

Whatever your answer is, my friendship and care for you won’t change; I will NEVER close the door!  But between you and God, it is very, very important that you sincerely consider this, and I would say it is the most important decision you will make in your whole life.

My friend, this Good Friday we remember the ultimate sacrifice of love in history: “God demonstrated His love for us in this: that while we were still sinners (and because of that, his enemies), Christ died for us.”  So, my question for you is, with such amazing, unconditional love shining down on you:

Are you wax or clay?


Sunday, April 13, 2014

¡deja que el niño pelee!



¿Qué? Qué título más absurdo, ¿no? Tal vez el punto sea algo como: “Bueno, los niños siempre son niños... Mi hijo va a querer pelear de todos modos, ¡así que tendré que aguantarlo!”

No, en realidad, ese no era mi punto para nada.  Me refería a que mi marido y yo deseamos que nuestro hijo sea un luchador.  ¿Qué? ¿¿¿Quieres que sea violento???  Ehhh, no.  En absoluto, para nada.  Y la verdad es que no me gusta nada el boxeo ni otros deportes violentos como ese (sin ofender a quienes los disfrutan... ¡simplemente no son lo mío!).  Pero sí quiero que mi hijo sea un héroe, un protector, un defensor de los inocentes.  Quiero que tenga el deseo y la fuerza de carácter para hacer frente a la injusticia y decir: “¡NO! No voy a permitir que hagas esto, ¡porque lo que estás haciendo está mal!”

Realmente creo que, por lo general, la sociedad de hoy está quitándoles a los niños ese deseo de proteger.  Al decirles siempre que no peleen, al pedirles que dejen de jugar a inventarse historias que impliquen fingir con espadas, pistolas, dar patadas, golpear, etc., creo que estamos diciéndoles indirectamente que sus deseos de ser fuertes, de ser valientes, de detener físicamente a los “malos”, de ser el héroe de la historia… que esos deseos están mal.  Les estamos diciendo que es malo querer eso, es malo tener la necesidad de sentirse fuerte y valiente.  Y con eso, estamos haciéndoles algo terrible a nuestros niños: Estamos disminuyendo la importancia de (o incluso eliminando totalmente) este instinto de lucha que es muy esencial para su hombría en crecimiento.

Por eso, lo que yo veo es que, como a muchos niños no se les anima (o aveces ni se le permite desarrollarse) en esta área, muchas veces pasa una de dos cosas: 1) el deseo de luchar se apaga, lo cual es una gran pérdida para los que están alrededor de ese muchacho cuando crezca y ya no tenga ningún deseo de conquistar ningún desafío ni de proteger y proveer para su propia familia.  O por el otro lado, 2) decide que como tiene el deseo de luchar y le han dicho que luchar es malo, por deducción él es una persona mala (usando matemáticas básicas resuelven esa ecuación estos niños). Y en este segundo caso, vemos a niños que se convierten en jóvenes que usan la violencia por el simple hecho de querer ser violentos, porque se les ha dicho que hacer eso está mal y como de todos modos ya eran malos, ¿qué más da?

Bueno, entonces ¿cuál es la solución?  ¿Permito que mi niño vaya a pelear como quiera, donde quera, cuando quiera, con quien quiera, ya que él tiene la necesidad de luchar? Bueno, obviamente no, porque eso no sería animarle a ser un protector ni un héroe.  Al igual que en cualquier otra área de la vida, tiene que ser guiado a usar sus deseos para el bien.

Por lo tanto, lo que trato de hacer es que cuando mi hijo está en medio de un juego de lucha (jugando solo, con otra persona, actuando una historia, etc.), le pregunto contra quién está luchando y por qué.  Le pregunto a quién está protegiendo, a quién está tratando de rescatar.  A veces, ya conozco las respuestas, porque escuché la explicación cuando empezó el juego.  Y otras veces percibo que está peleando sólo por pelear, así que le recuerdo nuestras reglas de juego (que son más que nada: no se puede jugar así si la otra persona no quiere, siempre hay que tener cuidado con la bebé, y la lucha se acaba cuando mamá o papá dice que se terminó).  Así que, al preguntarle sobre su enemigo y sobre sus metas en esta batalla, estoy tratando de reforzar la idea de que es bueno luchar cuando es en defensa de alguien inocente o alguien que no puede luchar por sí mismo.  Está bien y es necesario luchar por lo que es correcto.  Incluso aveces, está mal no luchar, cuando la causa sea muy importante.

A medida que crece mi niño y comienza a tomar más de sus propias decisiones, espero que este espíritu y deseo de luchar siga estando presente.  No tanto en el sentido físico (bueno, supongo que si él de mayor quiere ser un profesional de ‘kick-boxing’, será decisión suya ¡aunque yo no sea muy fan de eso!), pero me refiero más a luchas mentales, espirituales y emocionales.  Espero que pelee contra las ganas de rendirse sólo porque algo sea difícil, espero que sea capaz de seguir luchando a través de cualquier enfermedad o dolor que cruce su camino, espero que si algún día se casa y comienza una familia que tenga el deseo de luchar por su matrimonio y por sus hijos, y espero que él sea un protector y un héroe que logre conquistar en cada área de responsabilidades que Dios le dé en su vida.

Requiere una clase especial de valor y fuerza hoy en día el ser un buen hombre, un buen hermano, un buen estudiante, un buen trabajador, un buen jefe, un buen marido, un buen padre.  Mi hijo tiene un gran ejemplo de un hombre fuerte y valiente en mi marido.  Así que voy a seguir animándole a ser como su Papá, y como pareja seguiremos señalándole a nuestro hijo ejemplos de otros hombres valientes, dignos de imitar.  Y estoy segura de que algún día si se casa, ¡su esposa nos dará las gracias por haber criado a un hombre luchador y protector! (jejeje)

(Nota: La idea detrás de esta entrada no excluye a las niñas de luchar por la justicia ni de ser fuertes y valientes, ¡porque por supuesto que deben hacer esas cosas ellas también!  Y tampoco insinúo que las niñas no quieren ser protectoras también... Obviamente estas pequeñas-mamás tienen un instinto de protección muy especial que se ve claramente cuando perciben que uno de “los suyos” está en peligro de daño o de burlas, etc.  ¡Pero creo que todos estamos de acuerdo en que hay una diferencia entre esas ganas protectoras maternas y el deseo de ser heroico, conquistar al enemigo, luchar contra los malos, el cual es tan innato y que principalmente se ve en los pequeños hombrecitos!)

let the boy fight!




What?  What a crazy title, right?  Maybe the point will be, “well, boys will be boys…  My son is going to want to fight anyway, so might as well just accept it!” 

No, actually, that’s not my point at all.  I mean that my husband and I want our son to be a fighter.  What? You want him to be violent???  Um, no.  Not at all. And really, I hate boxing and other violent sports like that (no offense to those who enjoy them… they’re just not my thing!).  But I do want him to be a hero, a protector, a defender of the innocent.  I want my son to have the desire and strength of character to stand up to injustice and say, “No, I will NOT let you do this because what you are doing is wrong!” 

I really believe that, in general, today’s society is taking that protector desire away from little boys.  By always telling them to not fight, by asking them to stop playing made up games that involve pretending to shoot, kick, punch, sword-fight, etc., I think we’re indirectly telling them that their desire to be strong, to be courageous, to physically stop the “bad guys”, to be the hero of the story, is wrong.  We’re saying it’s bad to want that, it’s bad to need to feel strong and brave.  And through that, we are doing something terrible to our boys: We’re diminishing the importance of (and sometimes even stripping away) this fighting instinct that is very essential to their miniature manhood.

So, what I see, is that since lots of little boys aren’t encouraged (or sometimes are even discouraged) in this area, in many cases one of two things tends to happen: 1) that desire dies out, which is a huge loss for those around them when they’ve reached adulthood and have no desire to conquer any challenges or protect & provide for their own!  Or, 2) they decide that since they want to fight and fighting is bad, they must be bad (basic algebra skills applied by little boys).  And in the latter case, you see kids become youth that end up turning to violence just for the sake of being violent, because it’s bad and they’re bad anyway, so who cares?

Well, then what’s the solution?  Do I just let my boy go out and fight however, wherever, whenever, with whomever he wants because he needs to fight?  Well, no, because that wouldn’t encourage protectiveness or heroicness.  As in every other area of life, he needs to be guided to use his desires for good. 

So, what I try to do is that when my son is play-fighting (by himself, with someone else, acting out a story, etc.), I ask him who he is fighting against and why.  I’ll ask him who he’s protecting, who he is trying to rescue.  Sometimes I already know the answers, because I could hear the explanation of the game earlier.  And other times I can tell that he’s just wanting to fight for the sake of fighting, so I remind him of our house rules (which are primarily: don’t play that way if the other person doesn’t want to, be careful with Baby, and stop when Mommy or Daddy says it’s over).  So, by asking him questions about his enemy and his goals in this battle, I am trying to reinforce the idea that it is OK and good to fight when it is in defense of someone who is innocent or someone who can’t fight for themselves.  It is OK and good to fight for what’s right.  And sometimes, it’s even wrong to not fight, when the cause is that important.

As my boy grows up and starts making more and more of his own decisions, I hope that this spirit and desire to fight carry on.  Not so much in the physical sense (I mean, I guess if he wanted to be a professional kick-boxer, that’ll be up to him at some point, though I’m not a huge fan!), but definitely in the mental, spiritual, and emotional senses.  I hope he fights against his desire to quit just because something’s hard, I hope he is able to fight through any sickness and pain he encounters along the road, I hope if he gets married and starts a family some day that he desires to fight for his marriage and his kids, and I hope that he is a protector, hero and conqueror in every area of his life where God gives him responsibilities. 

It takes a special kind of courage and strength today to be a good man, a good brother, a good student, a good employee, a good boss, a good husband, a good father.  He has a great example of a strong, courageous man in my husband.  So I’m going to keep encouraging my son to be like his Daddy, and as a couple we will continue pointing out to him other courageous men whose examples are worthy of imitating.  And I’m sure some day, if he does get married, his wife will thank us for raising a fighter and a protector! (smile)

(Note: The idea behind this post doesn’t exclude girls from fighting for justice and being strong and courageous too, because of course they should!  And I’m also not insinuating that girls don’t want to be protectors… Obviously little-mothers-in-the-making have a special type of protective instinct that gets triggered when they see one of “theirs” in danger of harm or ridicule, etc.   But I think we can all agree that there’s a difference between that mother-like protectiveness and the desire to be heroic, to conquer the enemy, to fight the bad guys, that is so innately and primarily a part of little mini-men!)

Sunday, April 6, 2014

“¡… y sobreviví!” (así veo)


Voy a descargar un poco de frustración:

Estoy realmente cansada de escuchar las defensas de ciertos métodos (especialmente en relación con las decisiones de crianza de los hijos) que terminan con “¡... y yo sobreviví!” o “¡... y soy una persona exitosa y feliz!”  Aveces esas declaraciones de defensa son acerca de métodos y decisiones con los que estoy de acuerdo, mientras que otras veces no comparto ese punto de vista.  Pero no voy a entrar ahora en cuáles son mis opiniones específicas sobre la crianza de los niños. Tengo opiniones y convicciones fuertes, pero no son el punto ahora mismo.

El punto es que realmente creo que estos argumentos son demasiado superficiales y simplistas, pero los escucho y leo a menudo:

• “A mi me castigaban físicamente cuando era niño… / o por lo contrario / mis padres nunca me castigaron físicamente de pequeño... ¡y estoy muy bien!”
• “A mí me vacunaron de pequeño… / o / mis padres optaron por no vacunarme... y sobreviví.”
“Nunca fui al doctor cuando me enfermaba de niño… / o / me llevaban al doctor por cualquier dolencia... ¡y ahora tengo buena salud!”
“Fui educado en casa… / o / fui a la escuela pública… / o / fui a la escuela privada... ¡y triunfé en la universidad y ahora me va súper bien en el trabajo!”
• Etc., etc., etc.

Tu realidad ahora mismo como persona feliz, exitosa, y con buena salud no es necesariamente una prueba de que los métodos utilizados y las decisiones tomadas para ti o por ti eran buenos. Honestamente, ha habido muchas personas a lo largo de los siglos que han vivido experiencias de esclavitud, tortura, abuso, abandono, e incluso decisiones raras por parte de sus padres o ellos mismos... y que luego han podido superar eso y estar bien.  Muchos incluso dicen haber salido más fuertes por lo que vivieron.  Pero eso no quiere decir que los campos de concentración (obviamente como ejemplo muy extremo) serían una buena forma de elegir fortalecer el carácter de nuestros niños, por mucha gente que haya sobrevivido e incluso llegado a prosperar después de haber vivido esas situaciones horrendas.

Tuve un profesor rarísimo en 2º y 3º de primaria (básico) que paseaba por la clase mientras estábamos escribiendo en nuestros libros de texto, y de repente nos golpeaba con tiza en la cabeza.  Sin razón alguna.  Muchas veces no estaba siquiera corrigiendo malas conductas, simplemente era algo que le gustaba hacer (y de todas formas no es que golpear a un niño con tiza fuera un método de disciplina aceptable, bajo ninguna circunstancia). Y eso fue sólo una de las muchas cosas extrañas y repulsivas que hacía de repente ese profesor.  Él fue mi profesor principal durante dos años y sobreviví.  No tengo cicatrices permanentes causadas por esas experiencias, aunque sí en su momento les conté todo a mis padres, que obviamente les llevó a hablar directamente con él y asegurarse de que las cosas raras e inapropiadas se detuvieran.  Pero ¿adivinen qué? A pesar de que sobreviví y estoy bien ahora, no voy a estar buscando a un profesor de ese tipo para mis hijos ni tampoco implementaré ese tipo métodos en nuestra educación en casa.

Realmente creo que tenemos que diferenciar entre el buen desarrollo que se produce debido a ciertas experiencias, decisiones, métodos, etc., y el buen desarrollo que puede ocurrir a pesar de ellos. Por ejemplo, José les dijo a sus hermanos: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien. Él no dijo: “¡Gracias por vuestro abuso y abandono y odio hacia mí!”  Lo que hizo fue reconocer que Dios es más grande y más bueno que el peor mal que jamás habrá y que al final del día, Dios puede usar todo para nuestro bien.

En las decisiones que tomamos, especialmente en lo que tiene que ver con nuestros hijos, consideremos honestamente si nuestras experiencias (o las de nuestros padres o de cualquier otra persona que hemos escuchado) han sido una ayuda o un obstáculo para el crecimiento, el aprendizaje, el desarrollo, etc.  Y como ya se ha dicho, no dudo de que muchas experiencias que fueron impedimentos al principio podrían haber llevado finalmente al buen crecimiento debido al proceso de superar el obstáculo o la dificultad (física, emocional, social, etc.).  Pero creo que el mundo ya tiene bastantes obstáculos, mensajes contradictorios, injusticias y confusión de por sí, sin nosotros, los padres contribuir a ellos por tomar decisiones y hacer cosas de cierta manera con nuestros hijos simplemente porque alguien que conocemos lo hizo así y está muy bien.

Como padres y madres, realmente tenemos que analizar el por qué detrás de nuestras decisiones.  Recordemos de nuevo nuestra propia infancia y reconsideremos las cosas un poco más.  Preguntémosles a personas que admiramos e investiguemos profundamente el por qué de sus respuestas, en lugar de mirar sólo en la superficie.  Examinemos bien lo que la Biblia nos dice sobre el tema en particular (si es que dice algo específico), siempre teniendo en cuenta el resto de la Palabra y no sólo versículos aislados fuera de contexto.  Leamos los resultados de estudios de investigación corrientes para ver cuál es la opinión científica es sobre el tema, al mismo tiempo teniendo en cuenta que nuevos estudios están constantemente modificando la opinión científica del día, y que incluso los expertos siempre comienzan con sus propias ideologías y teorías (porque seamos realistas: nadie es 100% objetivo, ¡no importa cuán buenos son sus intenciones!).

Pero sobre todo, oremos mucho sobre cada decisión importante que tomamos para nuestros hijos: pidiéndole a Dios que quite cualquier cosa que esté obstruyendo nuestra vista, que corrija cualquier opinión que hayamos formado en base a malas experiencias o confusión o desinformación, y que nos llene de sabiduría, porque cada niño es único y el mundo que nos rodea está cambiando todos los días.  Lo que funcionó hace 20 años conmigo puede o no puede funcionar ahora con mi hijo y mis dos hijas en sus entornos actuales, pero no quiero dejarme llevar por lo que es la tendencia actual sólo porque los demás lo están haciendo.  ¡Mis hijos no son experimentos científicos!  Seamos lo suficientemente sabios como para no aceptar ciegamente la experiencia personal de otra persona como la respuesta, pero también seamos lo suficientemente humildes como para permitir que nuestras propias opiniones y convicciones “más que decididas” puedan cambiar si fuera necesario.

Tal vez después de toda la investigación, el análisis, el pensar, el orar y el considerar, lleguemos a las mismas conclusiones con las que empezamos toda la búsqueda.  Pero espero que así por lo menos se llegue a esas conclusiones porque realmente creemos y estamos convencidos de que son las mejores maneras de ayudar a nuestros niños a crecer y desarrollarse bien, y no sólo porque nosotros viv

“... and i survived!” (so i see…)



I’m going to vent a bit here:

I’m really tired of hearing the defending of certain methods (especially concerning parenting decisions, but could apply to basically anything) that end with “…and I survived!” or “…and I’m a successful, happy person!”  Some of the time, those ‘defense’ statements are about methods and decisions that I share and agree with and sometimes they aren’t.  I’m not going to get into what specific methods I do or don’t agree with in regards to parenting right now.  I do have strong opinions and convictions, but those are not the point. 

The point is that I really think this line of reasoning is way too superficial and simplistic, yet I hear it and read it often:

  • “I was spanked… /or on the other hand/ I was never spanked as a child… and I’m doing fine!”
  • “I got my immunization shots… /or/ I was not vaccinated… and I survived.”
  • “I never went to the dr. as a kid… /or/ I went to the dr. for everything… and now my health is great!”
  • “I was homeschooled… /or/ went to public school… /or/ went to private school… and did great in college and am now thriving in my job!”
  • Etc., etc., etc.

Your current reality as a happy, healthy, successful person isn’t necessarily proof that the methods used and decisions made for or by you were good ones.  Honestly, there have been people throughout the ages to live through slavery, torture, abuse, neglect, and just plain weird parental or personal decisions… that have then gone on to grow beyond that and be OK.  Many have even stated that they came out stronger because of what they lived through.  But that doesn’t mean that I think concentration camps (as an obviously extreme example) would be a good parenting choice as a way to build character in our kids, even if there are those who lived through those awful situations and survived or even thrived later on. 

I had a crazy teacher in the 2nd & 3rd grades that would walk around class while we were busy writing in our school books, and he would hit us with chalk on the head.  For no reason.  Usually not even to correct misbehavior; he’d just got a kick out of it (not that hitting a child with chalk would ever be an acceptable discipline method for anyone to use anyway).  And that was only one of the strange, creepy things this teacher would do.  He was my home-room teacher for two years and I survived. I wasn’t permanently scarred by those experiences, though there were a lot of conversations I had with my parents, which obviously led to them talking directly with him and making sure the creepiness stopped.  But guess what?  Even though I survived and am thriving now, I’m not going to be looking for that kind teacher for my kids or personally implementing that type of thing in my homeschooling methods. 

I think we need to really differentiate between thriving because of certain experiences, decisions, methods, etc., and thriving in spite of them.  For example, Joseph said to his brothers, “what you intended for evil, God used for good”.  He did not say, “Thank you for your abuse and neglect and hatred of me!”  What he did do was acknowledge that God is better than the worst evil around and that ultimately God can use everything for our good. 

In the decisions we make, especially in regards to our kids, let’s really consider whether our experiences (or our parents’ or anyone else’s experiences that we’ve personally heard of) have been a help or a hindrance in growth, learning, development, etc.  And as already stated, I do not doubt that those experiences that had originally hindered might have eventually led to growth because of the process of overcoming the obstacle or hardship (physically, emotionally, socially, etc.).  But I think the world has enough obstacles, mixed messages, injustice, and confusion without us parents contributing to it by deciding to do something a certain way with our children just because someone else lived through that and is fine. 

As parents, we really need to analyze the why behind our decisions.  Let’s think back to our childhood and reconsider things a little more.  Let’s ask others who we admire behind-the-scenes questions and really dig deep for answers, instead of just looking superficially.  Let’s closely examine what the Bible has to say (if anything specific) on that particular subject, always being careful to read in light of the rest of scripture, rather than just isolated verses out of context.  Let’s check out current research findings and studies to see what the scientific opinion is on the subject, while keeping in mind that new research is constantly modifying previous scientific views on many topics, and that even the experts start with their own ideologies and theories (because let’s face it: no one can be 100% objective no matter how great their intentions are!). 

But mostly, let’s really pray a lot about each major decision we make for our kids: asking God to remove any blinders that we may have, to correct any biased opinion that we’ve formed based on bad experiences or misunderstandings or misinformation, and to really give us wisdom, because each child is absolutely unique and the world around us is changing daily.  What worked 20 years ago with me may or may not work now with my son and two daughters in their current environments, but I don’t want to just go with the flow of whatever is the current popular trend.  My children are not science experiments!  Let’s be wise enough to not accept just anyone’s personal experience or expertise as the answer but be humble enough to allow our own opinions and convictions that were previously set in stone to change if needed. 

Maybe after all of that deep digging and analyzing and searching and praying and considering, we’ll come to the same exact conclusions we started with.  But hopefully those conclusions will be drawn because we really, truly believe and are convinced that they are the best ways to help our kids develop and thrive, and not just because we survived that way.

Saturday, March 15, 2014

mitos del por qué educo a mis hijos en casa



Bueno, para aclarar: estoy educándoles en casa, pero no por algunas razones que quizás pienses.  Así que lo diré de esta forma: éstas no son las razones por las que estoy haciendo educación en casa:

Mito #1: No me gustan los profesores en general, o no creo que ellos estén capacitados para enseñar correctamente.
Verdad: Pasé por la escuela pública y tuve muchos buenos profesores e incluso algunos buenísimos (otros fueron malísimos y se notaba que no les gustaba su trabajo, pero fueron la minoría en mi experiencia personal). Y, de hecho, ¡la mayoría de los miembros de mi familia extendida y muchos de mis amigos son profesores! Tengo mucho respeto por ellos y siento que su trabajo y esfuerzo no se valora como se debería, ya que yo no puedo imaginarme tener la responsabilidad de enseñarles a apenas 10 niños durante una media hora, ¡así que admiro mucho que puedan enseñarles a clases enormes por horas!

Mito #2: Yo odiaba la escuela.
Verdad: En realidad, me gustó y disfruté de la escuela la mayoría del tiempo. Siempre me ha encantado leer y aprender, disfrutaba al hablar con muchos de mis profesores, y tuve varias buenas amistades en la escuela (aunque por lo general no se nos permitía hablar en clase, jugábamos a básquetbol y hacíamos otras actividades juntos despu
és de clase, y así socializábamos y desarrollábamos más las amistades).  Pero, por un par de años en los que estuvimos con transiciones familiares, mi madre nos educó a mis hermanos y a mí en casa.  Y a pesar de que me haya gustado la escuela pública, debo admitir que esos años de educación en casa fueron mis años favoritos de la escuela.  La cercanía que tuvimos como familia era genial y me encantó sentirme entendida por mi profesora (jejeje).

Mito #3: Queremos apartar a nuestra familia del resto del mundo y proteger a nuestros niños de la realidad que nos rodea.
Verdad: Nosotros estamos (y seguiremos) exponiendo a nuestros hijos a los problemas y las bendiciones de la sociedad al llevarlos con nosotros a diferentes lugares, señalándoles cosas que vemos, explicando lo que se pueda a un nivel que puedan entender, dejando que hagan preguntas...  Ellos también son parte de la sociedad y nuestro deseo es que quieran ser personas que animen a los demás y ayuden a lograr cambios donde se necesiten.  Además, al no estar en una escuela tradicional, nuestros hijos realmente tendrán más oportunidades de conocer a personas de diferentes edades, estatus sociales, nacionalidades, etc., al andar con nosotros fuera de la casa durante la semana y así podrán socializar con mucha más gente y ampliar su visión del mundo.  Somos conscientes de que depende de nosotros crear oportunidades para que ellos pasen tiempo con otros niños de su edad y desarrollen amistades, y debemos hacer que sea una prioridad. Pero entre primos, otras familias de la iglesia, vecinos, jugar en los parques con otros niños, y buscar clases y actividades extracurriculares en las que estén interesados nuestros hijos, la socialización viene naturalmente.

Mito #4: Yo me considero una súper-mamá y una gran profesora, ¡así que por supuesto que educo en casa!
Verdad: Lucho a diario con esto de tratar de mantener la casa más o menos bajo control, criar a los niños, preparar y asegurar que hagan sus estudios, y todo lo demás que debo hacer...  Estoy constantemente dudando de mí misma, si estoy haciendo las cosas bien, muchas veces frustrada y decepcionada cuando sé que no he hecho lo que debí haber hecho, y muy emocionada (a veces precipitadamente) cuando las cosas parecen estar funcionando bien.  Pero mi realidad es diferente a la de muchas otras mamás: puedo estar en casa todo el día y tengo un marido que me apoya muchísimo que no sólo quiere estar involucrado y ayudando en todo lo que pueda, sino que también su horario de trabajo le permite la flexibilidad de ayudarme aveces en horarios cuando sé que muchos otros maridos no podrían por sus trabajos.  Además, como matrimonio cada vez que lo vemos necesario volvemos a analizar las estrategias de enseñanza para nuestros hijos y nuestra visión de crianza en general, lo que realmente me ayuda a eliminar el estrés y volver a centrarme en lo que es realmente importante (¡y no perder la cabeza!).  Sería muy difícil para mí, por no decir imposible, tomar una responsabilidad tan enorme como la educación en casa sin el apoyo de mi esposo y nuestra relación de trabajo en equipo en lo que tiene que ver con nuestros hijos y la vida en general.


Por el otro lado, estoy haciendo educación en casa porque:

  • A diferencia de mi experiencia personal, mi esposo odiaba la escuela, para él era como una cárcel.  Estoy segura de que eso se debe en parte al sistema educacional aquí en Chile (más horas en la escuela que donde yo estudié, clases y materias muy estáticas...) y en parte se debe a su estilo de aprendizaje: él tiene la necesidad de aprender cosas haciéndolas y viendo el valor práctico que tienen, no sólo que le digan cómo se hace y que tiene que memorizar fórmulas.  Por esto, como pareja creemos que la educación en casa es la mejor opción para los estilos de aprendizaje de nuestros hijos, al menos por ahora: nuestro hijo mayor aprende de forma cinética como su padre y definitivamente retiene mejor la información con actividades prácticas y atención personalizada, y por ahora sus hermanas pequeñas están aprendiendo muy bien de esa forma también.
  • Permite que nuestros hijos pasen más tiempo con su papá. Como mi marido tiene trabajo ministerial la mayoría de las tardes-noches y los fines de semana, si los niños estuvieran en una escuela pública casi nunca lo verían.
  • Nos permite enfocarnos bien en aprendizaje bilingüe y multicultural y al mismo tiempo tener la flexibilidad y libertad de visitar diferentes lugares como familia en cualquier momento del día, de la semana o del año, lo cual sería muy difícil de hacer a este nivel si los niños tuviesen el horario escolar tradicional de aquí.
  • Finalmente, como matrimonio consideramos que es nuestra responsabilidad educar a nuestros hijos, no necesariamente en las asignaturas escolares, pero definitivamente en la formación del carácter.  Ellos necesitan que estemos animándolos constantemente por sus comportamientos positivos y corrigiendo su desobediencia, y nuestro deseo es continuar enseñándoles sobre el amor y la verdad de Dios, no sólo a través de palabras ocasionales o con un libro en la mano, sino también prácticamente a través de experiencias de la vida y las situaciones cotidianas. Teniendo en cuenta las horas al día que estarían en una escuela tradicional, luego actividades después de la escuela y para finalizar más tarea en casa, creemos que no quedaría mucho tiempo de calidad ni energía para cultivar esas áreas más profundas de la vida de nuestros hijos y realmente abordar sus preguntas, luchas y percepciones de forma diaria.

Soy más que sólo una mamá que educa en casa.  No quiero que me pongan automáticamente en una categoría o me simplifiquen por eso.  Y tampoco quiero que otros piensen que me considero superior o que voy a menospreciar a aquellas que no escogen educar en casa o que realmente no pueden hacerlo por razones de trabajo.  Pero en este punto de la vida éste es mi trabajo principal y toma la mayor parte de mi tiempo y energía, por lo que obviamente pienso mucho acerca de la educación en casa y me gusta compartir sobre eso, igual que muchos otros comparten sobre los altibajos de sus trabajos más “normales” también.

Pero más que todo eso, soy muy bendecida de que esta opción sea legal y posible para nosotros como familia aquí en Chile.  Estoy muy agradecida por la oportunidad y el privilegio de pasar todo el día con mis hijos y ser su profesora principal (aunque aveces sea muy agotador física-, mental- y emocionalmente), ¡y al mismo tiempo yo misma estoy aprendiendo y siendo transformada a través de esta experiencia también!